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Pablo Iglesias Vs. Albert Rivera: ocho claves de un debate diferente

Pablo Iglesias y Albert Rivera, durante el debate en La Sexta moderado por Jordi Évole.

Aitor Riveiro

5.214.000 personas vieron la noche del domingo el primer cara a cara entre Pablo Iglesias y Albert Rivera. Los candidatos de Podemos y Ciudadanos a la Presidencia del Gobierno protagonizaron su esperado debate en prime time en La Sexta muchos meses después de que ambos se postularan para ello.

Dos sillas vacías. Jordi Évole, fiel al estilo de Salvados, eligió un bar de barrio de la periferia de Barcelona para el debate. En la mesa, dos sillas vacías reservadas a los candidatos de PP y PSOE para el 20 de diciembre, Mariano Rajo y Pedro Sánchez. Los líderes de los partidos tradicionales no quisieron participar. Y tampoco fueron mencionados. Ni una sola vez. Ni por el moderador ni por los contendientes.

El escenario benefició a Albert Rivera. Algo determinante en televisión. Los equipos no pactaron dónde se sentaba cada uno y la suerte hizo que Pablo Iglesias lo hiciera de espaldas a la puerta de entrada del establecimiento. Resultado: la cara de Rivera aparecía más luminosa y la de Iglesias más oscura. Además, por la espalda del secretario general de Podemos pasaban personas de cuando en cuando.

Ni rastro de violencia de género. Tampoco se asomó al programa el tema de la violencia contra las mujeres. En lo que va de año, 36 personas han sido asesinadas por su condición de mujer y otros cuatro casos están en investigación. Sin embargo, Évole, Iglesias y Rivera no dedicaron ni un minuto al asunto. No fue el único tema que no se tocó: sanidad y educación, medio ambiente, dependencia, infraestructuras, Unión Europea, cultura, aborto y muchos otros asuntos quedaron fuera de los alrededor de 60 minutos de programa.

Francisco González y Esperanza Aguirre Vs. Nicolás Maduro. Tan importante como las loas es quiénes las profiere. Évole pinchó un extracto de una entrevista al presidente del BBVA, Francisco González, en la que alababa a Rivera y criticaba duramente a Podemos. Iglesias aprovechó uno de los pocos flancos que le dejó el líder de Ciudadanos y aludió a que su partido no recibía los halagos de los grandes empresarios, de líderes políticos o de los periodistas. “Cuando Esperanza Aguirre dice 'me gusta Albert Rivera', eso te hace daño”, le dijo a su rival. El líder de Ciudadanos respondió rápidamente: “Y cuando lo dice Maduro de vosotros también”. La última vez que el presidente venezolano habló de Podemos les tildó de traidores (alrededor del minuto 6).

El contrato único. La lucha contra el paro fue el asunto con el que arrancó el debate y el que más tiempo ocupó. Y donde Rivera logró situar mejor sus propuestas. Quizá porque las tiene ya definidas y en Podemos todavía andan a vueltas con un programa electoral que no termina de llegar. El líder de Ciudadanos esgrimió el contrato único como solución al problema del paro y de la dualidad en el mercado laboral. Pablo Iglesias respondió rechazando esta idea pero sin proponer algo a cambio. El secretario general de Podemos planteó que subir el salario mínimo y las rentas de inserción dotará a los trabajadores de una posición negociadora mejor. Sobre el SMI dijo: “En torno a 750 o 800 euros sería una cosa más razonable”. En materia económica en general, Rivera fue más concreto y el propio Iglesias reconoció que la imagen que tiene Ciudadanos en esa materia es de mayor solvencia, aunque, dijo, los españoles prefieren a Podemos a la hora de acabar con la desigualdad.

Vuelta a las nacionalizaciones. Pablo Iglesias recuperó una de las medidas que Podemos enarboló en sus primeros meses de vida, antes de las europeas de 2014: la nacionalización de empresas de sectores estratégicos. Iglesias aseguró que un futuro gobierno presidido por él no permitiría que las compañías energéticas cobraran a los usuarios precios inaccesibles por la luz o que no permitiría que pactaran el precio de venta del combustible. “O establecen un precio que mis ciudadanos puedan pagar o léanse la Constitución; esta empresa a lo mejor va a ser de los ciudadanos”. Albert Rivera, que defendió la necesidad de un regulador fuerte que evite los abusos de estas empresas, respondió acusando a Iglesias de comunista y de franquista a la vez. “Si todos los servicios públicos acaban siendo del Estado, eso no me gusta porque acaba siendo comunismo, Cuba” para luego zanjar que sería como volver “al franquismo económico”.

El futuro de Arnaldo Otegi. “¿Indultarían a Arnaldo Otegi? (líder de Batasuna encarcelado por el caso Bateragune que saldrá de prisión en abril de 2016)”, preguntó Évole. Iglesias dijo que “como Felipe González”, cree que Otegi no debería estar en la cárcel. Rivera, por su parte, aseguró que eliminarán “los indultos a políticos”.

Pagos en negro. La respuesta sobre Otegi se dio al final del programa. Jordi Évole planteó una batería de preguntas concretas. Entre ellas, una en la que ambos coincidieron: “¿Han pagado alguna vez en negro?”. Pablo Iglesias dudó menos que Albert Rivera y, aunque dijo no recordar ningún caso concreto, sí reconoció casi inmediatamente haberlo hecho. Rivera, que en un primer momento titubeó, reconoció tras las respuesta de Iglesias que él también lo había hecho. Ninguno de los dos especificó cuándo ni en qué, aunque sus respuestas sugerían que hablablan de pagos por servicios menores.

Albert Rivera habló más e interrumpió más. También fue más concreto. Pablo Iglesias utilizó los argumentos y los esquemas políticos que le han servido durante el último año y medio. Como resultado final, la mayoría de las opiniones apuntan a una victoria de Rivera sobre Iglesias. Incluso en una encuesta informal promovida por Podemos en Twitter, el presidente de Ciudadanos logra una amplia victoria.

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