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Tenemos miedo del ébola, pero hay que arriesgarse

Cuando acepté la tarea de volar a Sierra Leona a luchar contra el Ébola me estaba arriesgando. Ahora, estando aquí presente, siento que el riesgo se cierne sobre mí y existe una pregunta omnipresente: ¿Puedo ser la siguiente en contagiarme por el virus?

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Personal sanitario en el Centro de Tratamiento contra el Ébola en Kerry Town en el procedimiento de comprobación de la Protección Personal de la Equipación (PPE) en Sierra Leona

Personal sanitario en el Centro de Tratamiento contra el Ébola en Kerry Town en el procedimiento de comprobación de la Protección Personal de la Equipación (PPE) en Sierra Leona

Artículo escrito por Ascensión Martinez. Responsable de Operaciones en el Centro de Tratamiento del Ébola de Save the Children en Sierra Leona

 

Veo la crueldad que provoca el Ébola día a día. He visto niños terriblemente enfermos, obligados a un completo aislamiento, sin un solo abrazo o cualquier gesto de cariño humano porque nadie puede tocarlos. He oído los quejidos de dolor de familias cuando sus seres queridos son llevados en bolsas para cadáveres, sin poder tocarlos, sin poder decirles un último adiós.

El temor a que esto pueda pasarme es ineludible. Pero para los que estamos en Sierra Leona, no es un miedo que te debilite - es una fuerza que te impulsa. Ahora más que nunca perseveramos en nuestros esfuerzos de que el equipo mantenga la salud y pueda continuar salvando vidas. 

Porque tenemos que tomar una decisión: paralizarnos con el miedo o movernos con determinación. Y estamos decididos.

Cuando Save the Children intensificó su respuesta contra el Ébola en África occidental nos estábamos adentrando en lo desconocido. No nos habíamos enfrentado a nada como el Ébola antes. Sabíamos que el riesgo era alto, pero la necesidad era - y es - mucho mayor.

Como trabajadora humanitaria, sé que trabajar en entornos peligrosos significa arriesgarse. Pero imaginaros entonces los riesgos a los que se tienen que enfrentar los niños en las zonas infectadas por el Ébola si organizaciones como Save the Children no estuvieran ofreciendo protección y salvando vidas.

La lucha contra el Ébola en Sierra Leona no es una excepción. Incluso con la complejidad y el riesgo que envuelve la crisis, estamos marcando la diferencia. En mes pasado celebramos el haber salvado al paciente 101 del centro de tratamiento del Ébola.

A nivel personal fue una celebración muy especial, ya que el centro de tratamiento es mi único objetivo de trabajo. Necesita toda mi atención, impregna todos mis pensamientos y sentidos. El olor a cloro permanece en mí, ya que es lo que usamos para limpiarlo todo, desde gafas hasta botas. El zumbido de la incineradora resuena en mis oídos, quemando todo lo que no puede esterilizarse y reutilizarse. Esto puede parecer un pequeño procedimiento, pero si algo me ha enseñando el Ébola, es que la higiene salva vidas.

Esta lucha va más allá del centro de tratamiento. Estoy orgullosa de ser parte del proyecto más grande que se lleva a cabo en Sierra Leona, Liberia y Guinea, donde nuestros equipos entrenan al personal sanitario y a las comunidades locales de prevención del Ébola, distribuyen material sanitario y hacen que la emergencia se difunda mediante programas de radio.

Hasta ahora hemos llegado a más de un millón de personas a través de estas y otras acciones, desde ayudar a los niños continuando con su educación cuando las escuelas estaban cerradas, asegurar los cuidados a los que han sobrevivido pero han perdido a sus familias. 

La pérdida es parte de la tragedia humana del Ébola. Pero el verdadero impacto no puede medirse únicamente a través de los 21.296 casos reportados y 8.249 muertes.

Cerca de 11.000 niños han perdido a uno o a sus dos padres a causa del virus y se enfrentan al abandono también del resto de la familia cuyo miedo abruma cualquier instinto de protección.

Los cultivos no están siendo sembrados por miedo a que el problema estuviera en el suelo. Escasez de alimentos, desnutrición, quedarse sin ingresos y la explotación infantil no son más que algunos de los posibles desenlaces a esta crisis.

El Ébola ha matado a 495 trabajadores sanitarios en países donde ya eran escasos. Aunque las clínicas están a pleno rendimiento, el miedo al Ébola hace que muchas familias no se vayan. Los niños no están recibiendo tratamiento para enfermedades comunes pero mortales como la diarrea y la malaria, tampoco están siendo vacunados de enfermedades como el sarampión.

Un niño llorando ya no puede ser cogido o abrazado por sus padres - el tacto humano es muy peligroso. Psicológica y emocionalmente, esta epidemia ha devastado a los niños del Este Africano.

Por eso tenemos que hacer más aquí. Incluso si conseguimos detener la epidemia del Ébola, sus efectos se seguirán notando dentro de muchos años.

Estoy en primera línea de fuego en la lucha contra el Ébola, pero todos los ciudadanos pueden estar apoyando los esfuerzos que las agencias humanitarias están llevando a cabo trabajando día a día para controlar la propagación de esta epidemia mortal.  Necesitamos hacer más y necesitamos hacerlo ahora.

 

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