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Los que se van: España pierde 190.020 extranjeros residentes en un año

Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), el número de extranjeros residentes en España que en 2012 dejaron de estar empadronados se multiplicó por 13 en un año

Muchos retornan a su país de origen; otros se quedan porque han obtenido la nacionalidad y dejan de contabilizar como extranjeros

"Emigran de vuelta porque no les quedan recursos para subsistir aquí. Algunos hicieron retornar a sus hijos y ya no tienen motivos para quedarse", explica un técnico de la asociación AESCO

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Blanca Nuvia lleva 14 años en España y ahora no tiene más remedio que volver a Colombia, su país de origen.

Blanca Nuvia lleva 14 años en España y ahora no tiene más remedio que volver a Colombia, su país de origen.

Blanca Nuvia se ha rendido. Tiene 39 años y vuelve a Colombia, el país donde nació y del que salió para buscar un futuro mejor. Ahora, tras 12 años entre el paro y empleos con pésimas condiciones laborales, ha decidio volver. "No tengo ni para pagar el alquiler y tampoco para mandar nada a mis hijos". Su caso no es único. Johanna Velasco también dice adiós a España. En más de una década, nunca consiguió regularizar su situación. Ecuatoriana, tiene tres hijas con nacionalidad española y lleva un año sin trabajo.

Ellas aún no se han ido, pero lo harán en poco tiempo acogiéndose a los diferentes programas de retorno que existen en España. Seguirán la estela de los 190.020 extranjeros residentes que ya no figuran en el Padrón, según datos publicados este viernes por el Instituto Nacional de Estadística; una cifra correspondiente a 2012 que multiplica por trece a las 15.229 que tomaron la misma decisión un año antes. La mayoría, como Blanca y Johanna, no tienen fuerzas para seguir luchando aquí y se marchan; otros se quedan porque han obtenido la nacionalidad y, por tanto, dejan de contabilizar como extranjeros.

Tres programas para la vuelta

Los ciudadanos ecuatorianos son los que más regresan a su país. Según una encuesta de la Secretaría Nacional del Migrante de Ecuador (Senami), más del 70% de los ecuatorianos residentes en España quieren volver al país del que salieron huyendo de su crisis económica particular. Una década después, es la crisis que agita al sur de Europa la que les obliga a cruzar el océano en sentido contrario.

La asociación hispano-ecuatoriana Rumiñahui ofrece a los ciudadanos inmigrantes el servicio de retorno voluntario, financiado por la Unión Europea y el Gobierno de España. Vladimir Arturo Paspuel Revelo, presidente de la organización, explica los tres proyectos que llevan a cabo y que han solicitado muchos ecuatorianos que han vuelto a su país de origen ( 60.000 personas desde que comenzó la crisis, según datos de la Policía de Ecuador). "Trabajamos con el retorno social para extranjeros en situación irregular, que consiste en el pago del billete de avión, 400 euros para instalación, 50 euros para la movilidad hasta el aeropuerto en España y una cuantía para aquellos que vivan lejos del aeropuerto en su país", detalla Paspuel.

También facilitan los trámites para el retorno productivo de extranjeros regulares e irregulares, en el que los solicitantes aportan un proyecto de negocio diseñado para su país. "Además de las cantidades anteriores, se aportan entre 1.400 y 1.500 euros en materias primas necesarias para desarrollar sus negocios". También hacen un seguimiento en el país de llegada sobre la viabilidad del proyecto, que puede ser modificado más tarde. Por último, está el retorno por la solicitud del APRE (abono acumulado y anticipado de la prestación contributiva por desempleo) en el que se abona el billete de vuelta, los 50 euros de desplazamiento al aeropuerto en España y la prestación que les corresponda por lo que han cotizado a la Seguridad Social en dos partes: un 40% en España y un 60% en el país de llegada. Los extranjeros que opten por este sistema deben devolver su tarjeta de residencia y de permiso de trabajo en España y comprometerse a no volver en tres años.

A esta última modalidad se ha acogido Blanca. Sobrevive con 500 euros de prestación por desempleo desde octubre y tiene varios meses de alquiler pendientes de pago. Sus dos hijos están en Colombia, con el resto de su familia. El pequeño nació en España pero el año pasado lo envió con su hermano porque estaba desempleada y pensó que sola podría encontrar trabajo más fácilmente. "Encontré empleo en una empresa de limpieza. Cotizaba tres horas, pero trabajaba muchas más. Como mi situación económica era muy mala, pedí que me ampliasen las horas de contrato y me echaron", cuenta.

Los empleos en servicios de limpieza y especialmente en los hogares familiares se han convertido en un sector refugio para las mujeres en tiempos de crisis, al nivel de lo que fue la construcción antes de la explosión de la burbuja inmobiliaria. Desde 2011, esta porción de mercado de trabajo está regulada según el RD 1620/2011, lo que ha permitido un aumento de contratos indefinidos de las mujeres extranjeras, que tienen sobrerrepresentación en estos puestos.

Los extranjeros, más vulnerables a perder su empleo

Con todo, los datos del Primer Trimestre de 2013 de la Encuesta de Población Activa revelan una mayor vulnerabilidad de los ciudadanos extranjeros a la pérdida del empleo: la tasa de paro de la población extranjera es de 39,21%, 15 puntos superior a la de las personas de nacionalidad española (25,11%). Esta diferencia, según el Informe sobre la situación de integración de los inmigrantes y refugiados en España, elaborado por el Foro para la Integración Social de los Inmigrantes, se viene agudizando desde 2009. 

Precisamente fue 2009 el año en el que la vida de José Luis Murillo se torció. Colombiano de origen, llevaba 10 años viviendo en España, donde se había ganado a pulso con mucho trabajo una estabilidad económica. Tenía coche, un piso y una cuenta corriente que ingresaba todos los meses un salario que permitía vivir con comodidad a su familia. "Estuve bastantes años en una empresa de construcción que me desechó con un ERE. Después intenté agarrarme a otros empleos. El último fue uno como camarero y de eso ya han pasado más de dos años", explica.

José Luis cumple a la perfección con el perfil que Vladimir Arturo Paspuel, presidente de la asociación hispano-ecuatoriana Rumiñahui, dibuja de los ciudadanos retornados: "Hombre de entre 40 y 45 años, desempleado de larga duración, que trabajó en el sector de la construcción y no continuó su formación en España". Pero los flujos de salida cambian y han podido distinguir hasta tres movimientos muy comunes. En 2010 y 2011, desde su organización sobre todo salían ecuatorianos que se acogían al programa APRE; después, abundaron los casos de retorno de extranjeros en situación irregular (muchos de ellos que habían perdido sus papeles por encontrarse en desempleo de forma prolongada); y, por último, un aumento de la vuelta de inmigrantes regulares. No obstante, recuerda que muchos ecuatorianos que obtuvieron la nacionalidad española "han reemigrado" a Alemania, Gran Bretaña e Italia. "Los ecuatorianos son el colectivo inmigrante con más nacionalizados en España", apunta.

"El nuevo proyecto en Colombia es nuestra última esperanza"

Con el solo ingreso que le proporciona la Renta de Inserción Mínima, insuficiente para mantener a sus dos hijos, el retorno a Colombia es su única opción de vida para la familia de José Luis. "Nos marchamos con tristeza porque es un desarraigo inmenso, pero tenemos todas nuestras fuerzas puestas sobre un nuevo proyecto. Es la última esperanza, la última bala que nos queda por quemar en el cartucho". José Luis habla con la pesadumbre de quien ya ha fracasado una vez, pero describe con detalle el servicio de aromaterapia que él y su esposa van a emprender en su país de origen."Es una esperanza y estamos trabajando muy duro. Ahora solo falta que se apruebe para que, a finales de marzo, podamos volvernos", dice.

En la toma de tan dura decisión, José Luis no se ha sentido desamparado. "Desde la asociación AESCO nos están informando y asesorando sobre el retorno productivo, la modalidad a la que nosotros nos acogemos", explica. Uno de esos bastones de apoyo es Aitor Florín, técnico de emprendimiento de la asociación. "Estamos ocupados con 30 ideas de negocio y 40 personas de Colombia y Paraguay. A pesar de que la mayoría son parados de la construcción y de servicios domésticos, muchos tienen algo de formación pero no pudieron convalidar sus estudios aquí", explica.

Menos fondos para los programas de retorno

El año pasado AESCO trabajó en 16 proyectos, pero este año el número se duplica. La misma tendencia se observa en los datos proporcionados por la asociación ACCEM. "Aunque las cifras del primer semestre son muy superiores a las de 2012, la demanda sigue siendo muy alta. Nuestra capacidad para dar respuesta a estas personas depende de las partidas que nos asigne Empleo", sostienen desde la organización. El presupuesto destinado a estos programas ha descendido de 3.694.831 euros en 2012 a los 2.400.000 asignados para el año pasado. A pesar del recorte, según datos de ACCEM, más de 600 personas han retornado a sus países de origen solo en el primer semestre de 2013. De ellas, 332 se acogieron al programa APFRE y 268 volvieron gracias al de atención social. En 2012 el total no llegaba a 500. 

"Emigran de vuelta porque no les quedan recursos para subsistir en España. Algunos hicieron retornar a sus hijos y ya no tienen motivos para quedarse aquí; prefieren volver con ellos", cuenta Aitor Florín. Y ese es el único consuelo que le queda a Blanca, una de esas madres obligada a querer a distancia que, deshaciendo lo andado, por fin podrá reencontrarse con los suyos.

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