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Avanzar con la organización y profundizar en la democracia

Si anteponemos la construcción de un proyecto común, mestizo y que supere las particularidades para copar los puestos de dirección, habremos dado un salto cualitativo en la construcción de una herramienta que no iba a ser un partido más

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Hace un mes, el 26 de junio además de la penúltima campaña electoral, acabó también una etapa para Podemos. Toda la organización se había preparado hasta entonces organizativa, política y hasta moralmente para afrontar el reto de pasar de no existir a disputar en buenas condiciones unas (dos) elecciones generales. Sin embargo, la nueva situación implica que la necesidad de construcción de una “máquina de guerra electoral” que se encargara de afrontar una “guerra relámpago”, fuera cual fuera la valoración que sobre ella hagamos, pertenece, en todo caso al pasado y desde este momento y hacia el futuro Podemos será algo nuevo, distinto, donde sin dejar de lado lo bueno aprendido habrá que mirarse desde dentro, y desde fuera, para cambiar lo necesario y afrontar en las mejores condiciones posibles un nuevo, y aún incierto, periodo político.

Se ha hablado mucho estos días sobre cual es el camino a seguir, sobre si avanzamos hacia un podemos menos sexy, más predecible o sobre el papel de los círculos, los más jóvenes, lo institucional o los movimientos sociales en el nuevo ciclo. Desmontando la máquina de guerra electoral, surgen las dudas y el debate sobre si reconvertirla en una maquina de guerra institucional o si hay mimbres suficientes para dejar de montar maquinas de guerra y apostar por otra cosa diferente más vinculada a la calle, no solo como espacio de protesta, que también, sino como espacio generador de cotidianidad. En todo caso, la prioridad está en resolver esta crisis de identidad de manera que sigamos siendo una herramienta útil para cambiar este país, y eso implica tener un debate colectivo, abierto y franco sobre la situación concreta del estado español y el panorama europeo y mundial, y también de nuestras fortalezas, riesgos y oportunidades. Pero sobre todo implica evitar que ese debate nazca de posiciones apriorísticas, prejuicios o planteamientos internos de los distintos grupos que componen Podemos. Es necesario que lo relevante ahora sea qué se dice y no quién lo dice, qué es más útil al proyecto y no qué es más útil a mi visión del proyecto y a quién la comparte.

Obviamente este ha de ser un proceso que se dé en todo el estado de manera participada, no solo siguiendo encuentros universitarios por streaming, sino abriéndolo en cada círculo y en cada consejo, con los que están en Podemos desde el principio y los que llegaron después, o incluso los que todavía no están en eso que se ha venido llamando Vistalegre II pero que para que funcione bien poco o nada debe parecerse a Vistalegre I.

Pero incluso con eso no basta, hay que tomar la iniciativa desde los espacios donde participamos y junto al debate global de futuro es necesario abrir otros, más localizados, que afronten retos particulares de las distintas realidades nacionales o regionales de Podemos. Y uno de los lugares donde vemos imprescindible ese debate es en la Comunidad de Madrid.

Aquí el Consejo Ciudadano de Podemos en la Comunidad de Madrid fue un objeto político nunca antes identificado en el partido. En un espacio donde desde Vistalegre se imponía el sistema mayoritario (con las llamadas listas plancha),  las dos candidaturas más grandes que concurrieron a aquel proceso quedaron prácticamente empatadas. Tras una aplicación cuestionable del criterio de paridad, dieciocho consejeros elegidos en la lista 'Claro que Podemos', encabezada por Luis Alegre y dieciséis de la lista 'Podemos Ganar Madrid' encabezada por Miguel Urbán. Un consejo plural que, en la práctica, nunca se supo aprovechar como se debiera, donde seguro que hay culpas bien repartidas y que ha pasado por diferentes etapas hasta que en marzo implosionó con las dimisiones de varios consejeros de la lista CQP. En aquel momento, consideramos que debíamos hacer un ejercicio de serenidad, mantener el consejo ciudadano activo y afrontar de la mejor manera posible las negociaciones de investidura y la campaña electoral que se venía. Ahora creemos que el momento ha cambiado. Toca pasar de etapa, avanzar y hacerlo de manera que todo el mundo pueda ayudar a definir lo que decidamos que ha de venir.

Así fuimos a la reunión del pasado cinco de julio donde coincidimos con el Consejo Ciudadano Autonómico en la necesidad de abrir un proceso de Asamblea Ciudadana Autonómica. Y desde entonces se han sucedido las noticias sobre listas, las entrevistas tratando de asentar posiciones fraccionales y los rumores sobre, valga la redundancia, sucesiones. Una vez que no se especifica más del proceso que su convocatoria, puede que sean inevitables estas elucubraciones sobre listas, nombres y cargos, pero además de no ser lo más urgente, pensamos que nos jugamos mucho en evitarlo para que estos árboles nos impidan ver la necesidad de pensar el bosque.

En este proceso nos jugamos todo en priorizar el debate político-organizativo a la batalla de nombres, y tenemos que esforzarnos en generar espacios funcionales para el intercambio de ideas, para que personas que a priori no comparten las mismas sensibilidades dentro de Podemos si puedan coincidir en propuestas concretas, y así romper los enquistamientos mediante el debate y forzar una conversación que obligue a activar la inteligencia colectiva por encima de la guerra (siempre la guerra) de bandos predefinidos.

Tenemos asuntos importantes que tratar que no caben en una discusión nominal: cual es el papel de los círculos en la comunidad de Madrid, cual debe ser la estructura territorial en la región y los modos de interacción entre lo barrial, lo municipal y lo autonómico, qué es el municipalismo para Podemos y cómo podemos aportar al trabajo que se realiza desde las diferentes CUPs y ayuntamientos del cambio. Cómo podemos avanzar en transparencia y participación para evitar que nos acerquemos a eso que nos hizo alejarnos de los partidos políticos tradicionales, cual es nuestro proyecto político o los modelos de gestión económica, cómo se traduce el cambio de ciclo en los territorios o cuál es la interacción que hemos de tener con otros partidos, organizaciones y movimientos sociales

Si conseguimos esto, si anteponemos la construcción de un proyecto común, mestizo y que supere las particularidades para copar los puestos de dirección, habremos dado un salto cualitativo en la construcción de esta herramienta que no iba a ser un partido más. Porque Podemos nació como una herramienta, nunca como un fin en sí mismo y eso es algo que no debemos olvidar en ningún momento del debate.

Tenemos el desafío desde la posición de segunda fuerza política de la Comunidad de Madrid, plantear nuestro modelo alternativo de sociedad y convivencia, de trabajar, producir y vivir. No podemos consentir que la figura de Cristina Cifuentes, continuadora de lo peor de las políticas de recortes y privatizaciones del Partido Popular, de la Comunidad Autónoma que ha sido epicentro de la corrupción generalizada como forma de gobierno, parezca una alternativa de gobierno viable para los madrileños y madrileñas e, incluso, una opción amable como sucesora de Mariano Rajoy. Es necesario que nuestro modelo de oposición esté al nivel de lo que nos exigen los madrileños y madrileñas que con un pie en las instituciones y miles en las calles, desenmascare las políticas del Partido Popular y nos sitúe como la verdadera alternativa para la Comunidad de Madrid.

Dice Robert Michels que con “el avance de la organización, la democracia tiende a desaparecer”, que hay una inercia inherente en los partidos políticos hacia la organización oligárquica. Podemos, y nosotros dentro de él, tenemos ahora el papel de salir a confirmar o a refutar esa tesis, pelear contra esa inercia o dejarnos llevar por ella. Nosotras apostamos por tomar la iniciativa y demostrar en este debate que viene que, entre todas y usando las diferencias para enriquecernos, se puede avanzar en la organización y profundizar en la democracia. 

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