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Gürtel, un ejemplo de manual

A partir de ahora, cuando queramos explicar cómo funcionan las presiones al Poder Judicial sólo tendremos que llevar este caso en la carpeta

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El CGPJ resuelve mañana el concurso de traslado que afecta a los jueces Ruz y Alaya

El juez Pablo Ruz. / Efe

El caso Gürtel es un misil en la línea de flotación del PP, lo adorne de embustes o no un presidente del Gobierno ante los representantes de la soberanía popular. Salta a la vista. No obstante, existe una demostración empírica de que esto es así y reside en cómo el partido implicado ha utilizado todos los resortes que el poder político ha atesorado a lo largo de décadas para intentar someter al judicial. En ese sentido es un caso de manual y sirve maravillosamente para explicar cómo los rediseños del sistema, los cambios legislativos, las modificaciones del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) y todas las maniobras diseñadas para intentar lograr el control político tenían un objetivo. Sirve también, y esto debe alegrarnos, para demostrarnos que una Justicia que el Poder con mayúscula ha intentado domesticar sigue agónicamente adelante contra viento y marea.

Pero si quieren contemplar todos los subterfugios que habitualmente utiliza el poder para intentar lograr la impunidad en Gürtel aquí los tienen. Algunos son presiones a los jueces, como la interposición de querellas contra ellos (el PP se querelló con Garzón por prevaricación al inicio del procedimiento) o los intentos de elegir a los que más les gustan. Aquí entrarían desde las prórrogas interesadas de Ruz, un juez no inamovible, hasta las batallas por arrebatar los papeles de Bárcenas al juzgado central de instrucción número 3 para remitírselos a él. Luego dejó de gustarles. Tuvieron que sacar la plaza a concurso  e intentaron que un juez afin y antiguo ganara la plaza. Agua. Hemos visto también cambios de jurisdicción por aforamiento –de la Audiencia Nacional al Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM), y del TSJM al Tribunal Supremo (TS)– y por desaforamiento decidido por dimisión tanto en Madrid como en Valencia.

El caso nos ha dejado bien avisados del riesgo de troceamiento por competencia en función del tipo de aforados –Valencia, Madrid, TS– y de las dilaciones que todo esto va aportando a la causa para gozo de los encausados que obtendrán, casi seguro, una atenuación de las penas por dilaciones indebidas. No nos han ahorrado las maniobras bajas como el informe de la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) sobre cómo Correa planeaba en la cárcel influir en sus jueces.

Tampoco las cosas raras. La Audiencia Nacional volvió a reabrir la causa después de que el juez Pedreira decretara su archivo. Sólo que no era ya competente para hacerlo pero lo hizo y nadie le ha pedido cuentas. A ese juez que hubiera tenido que estar retirado mucho tiempo antes –su dificultad física para ejercer era evidente y previa y doy fe de ella– y al que se le puso un ayudante anómalo pagado por el gobierno del PP en Madrid y que tenía acceso a los datos de un sumario secreto. La obtención de información por medios extraños. Otro de los clásicos. De paso, y debido a su costumbre de pisar líneas rojas, se quitaron de en medio a Garzón para siempre. Seguimos para bingo. 

El Partido Popular tuvo que ser expulsado de la causa en su papel de acusador popular. Otra forma espuria de participar e influir en la instrucción y de obtener datos que resulta palmaria cuando, además, acabas siendo responsable a título lucrativo. Ruz en su auto explicaba muy bien como utilizó el partido su situación procesal para intentar barrer para casa. 

Hemos contemplado a las claras cómo el hecho de que los peritos y los investigadores de los que deben servirse los jueces dependan también del gobierno se convierte en un arma, si el procedimiento va contra ese mismo partido. O también a la inversa, si se trata de perjudicar al contrario. En Gürtel nos han dado el espectáculo con las defenestraciones de las cúpulas policiales encargadas de la investigación y también con la negativa de la Agencia Tributaria a realizar el peritaje que el juez puede ordenar para su auxilio. 

Todo un manual de cómo el poder político puede intentar torpedear al judicial cuando le busca las cosquillas.

No crean, aún nos quedan más cosas por ver. La causa acaba de ser enviada por Ruz a la Sala. Recorrido natural. Después de la gymkana que les he relatado, al final todo va camino de la sala de vistas. Allí también los resortes del sistema nos están esperando. 

El caso será enjuiciado por la Sección Segunda. Eso se sabía hace mucho. Casualmente la amiguísima de Cospedal –Concha, mi querida Concha– es allí la presidenta. Llegó, es verdad, con un poquito de trampa ya que usó un resquicio legal que le permitía elegir destino por haber cesado como presidenta de Audiencia. Sólo que mantuvo extrañamente ese puesto a la vez que el de vocal del CGPJ a instancias del PP. Llegó allí después de una tarea instructora digna de análisis en el famoso incendio de Guadalajara. Sí, ese en el que se empeñó en implicar a los entonces cargos socialistas de la Junta de Castilla La Mancha aunque luego ya nos dijo el TS que de eso nada de nada. Ahora Concha, mi Concha, presidirá la Gürtel y apostaría a que estará acompañada de López, mi López que habría dicho Trillo, ese magistrado de carrera amparada por el PP que llegó al Tribunal Constitucional por las gónadas de los populares y que se autoinmoló él mismo al quemar la noche en la Castellana madrileña. 

Nos darán aún momentos memorables para terminar este recorrido. Los unos y los otros. Aun así, no nos despistemos. Nada ha servido de mucho. Estamos donde estamos. Y la cosa terminará por salir adelante. A partir de ahora, cuando queramos explicar cómo funcionan las presiones al Poder Judicial sólo tendremos que llevar este caso en la carpeta. Algo bueno tenía que tener este espectáculo bochornoso.  

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