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A Rajoy le entra el canguelo con la guerra

Rajoy sabe en carne propia que en España el “no a la guerra” no es patrimonio exclusivo de su odiada izquierda, de sus odiados actores españoles, de los que ve como infames buenistas

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La memoria de Rajoy debe estar en plena ebullición en este momento de la historia. La memoria y el canguelo.

Posiblemente ya en 2004, tras su derrota electoral a manos del minusvalorado Zapatero, Rajoy llegó a la conclusión de que perdió las elecciones y no llegó a la Moncloa por culpa de la brillante idea de Aznar de meter a España en la Guerra de Irak.

Aznar nos llevó a la guerra de Irak para poder fumarse un puro con Bush, para tratarlo de tú a tú, para poner los pies encima de la mesa del rancho, hacerse una foto en las Azores, también con Blair, buscarse un hueco en los libros de historia y contarlo luego todo a los nietos.

Tardó entonces Rajoy cuatro años en hacer la digestión de la derrota. Toda una legislatura en la que estuvo como una boa constrictor, lleno de  lamentos y resentimientos; él, que siempre se puso de perfil en todo, gimiendo  porque  Aznar fuera tan resuelto, porque, en vez de comprarse unas alzas, decidiera ponerse a la altura de los jefes de EE.UU y Gran Bretaña a base de meterse en una guerra a la que no nos había llamado nadie.

Una guerra en principio contra Afganistan, donde se suponía que estaban los responsables del atentado que derribó las Torres gemelas.

Una guerra que derivó contra Irak y en la que se utilizó, entre otras armas, la propaganda de las atrocidades: Irak tiene armas de destrucción masiva; nos dijeron mil veces para justificar la destrucción de un estado que no era paradigma de democracia, pero al menos funcionaba.  

Mírenme a los ojos, que les digo la verdad, sostenía Aznar , ¿se acuerdan?, cuando se construyó a Sadam Hussein como modelo del mal, poseedor de armas químicas luciferinas, armas de destrucción masiva que nunca aparecieron.

Durante la guerra y después del atentado del 14M, Aznar prescindió de la oposición, no los citó a la Moncloa, jamás se hizo una foto con ellos.

Rajoy y el PP quedaron muy tocados por aquella derrota de 2004. Tan resentidos, que envilecieron toda la legislatura; por ejemplo con una irresponsable política antiterrorista, con el recurso a todas las herramientas de la crispación y el Apocalípsis. Volvieron a perder en el 2008.

Rajoy sabe en carne propia que en España el “no a la guerra” no es patrimonio exclusivo de su odiada izquierda, de sus odiados actores españoles, de los que ve como infames buenistas; sabe que cala también entre votantes del PP y, sobre todo, que sirvió para movilizar a miles de jóvenes que se estrenaron en las calles con aquel grito y que decidieron estrenarse también como votantes para protestar contra la guerra y para denunciar la nefasta gestión que hizo el PP de Aznar desde el atentado del 11 de Marzo hasta las elecciones del 14 del mismo mes.

Un solo legionario español en Mali percute en el marco conceptual arraigado en millones de españoles del "no a la Guerra" y vuelvo a perder las elecciones, se ha debido decir

Por eso hace ahora Rajoy esos análisis con engrudo y dice que los terroristas que han sembrado de muerte, conmoción y miedo las calles de París, y de conmoción, miedo y aviso de muerte al resto de Europa, no tienen ideología detrás, ni religión, ni sentido ninguno. No hay cosa que tenga más sentido y más intención que un atentado terrorista.

Ha ofertado Rajoy, con palabras calientes, el apoyo a Francia, ha dicho que el ataque es contra Europa. Su lenguaraz ministro Margallo ha dicho que nos íbamos a Mali a sustituir a los fatigados soldados franceses para que estos pudieran emplearse a fondo en su territorio.

Hemos llegado al absurdo de que el Gobierno de España se ha desmentido a sí mismo una no noticia contada por uno de sus miembros y ha dicho: no iremos a Mali.

Ahí es donde ha entrado en fusión la memoria de Rajoy. Un solo legionario español en Mali percute en el marco conceptual arraigado en millones de españoles del "no a la Guerra" y vuelvo a perder las elecciones, se ha debido decir. Un solo gesto que vaya más allá de las palabras, me hunde electoralmente otra vez, ha debido pensar.

De manera que si hemos tenido una foto de Hollande con Cameron en el lugar de la matanza, si tendremos una foto de Hollande con Obama y otra con Putin, no tendremos, en ningún caso, una foto de Rajoy con Hollande. Ni una foto,  ni un soldado español en ninguna guerra, al menos de aquí a Navidad.

Rajoy solo se hace fotos con la oposición, con la realmente existente y con la aspirante. Todas las fotos que no se hizo Aznar.

Rajoy no quiere volver a perder las elecciones por una guerra, por una guerra en un país que no sabe ni donde está. Le ha entrado el canguelo.

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