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Se busca chica sonriente con un 38 de pie

A las compañeras que trabajaron este año en Jerez les diría que nadie pretende quitarles el trabajo, sino quitar de la categoría "trabajo" aquellas prácticas que son demandadas únicamente por el machismo. Porque es quien nos quita los ingresos que se defienden aquí: en cuanto quedamos embarazadas, en cuanto cumplimos un par de años más, en cuanto dejamos de caber en una falda minúscula. Y todas, absolutamente todas las mujeres, pasamos si no por una o por otra etapa.

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Descripción: Necesitamos chicas para hacer de chica paraguas en las carreras de Moto GP. Será para hacer la gira en España y posible en Portugal. Se necesita a chicas delgadas, altas, 1.74 mínimo (sin tacones) y sobre todo muy guapa!

Requisitos: muy guapa, delgada, alta (1.74 mínimo).

Así es uno de los anuncios con ofertas de trabajo que he encontrado en Internet para trabajar como azafata. El salario, casi siempre, asegura que es "a consultar". En otros sitios anuncian que se trataría de " 100€ por tres días" en un " horario de 08:00 a 18:00".

En otro anuncio piden lo siguiente: "Chicas con muy buena imagen, extrovertidas, simpáticas, talla de calzado 38 y con experiencia en puestos similares". Algunos, además de talla de pie (?) y altura mínima sin tacones, también se animan con un " precisamos azafatas tallas 34 a 38 altura mínima 1,73 sin zapatos" para acabar con un "abtenerse quienes no cumplan los requisitos".

¿Cuál son las funciones que tienen que desempeñar las mujeres que buscan? ¿Qué tipo de trabajo precisa que el género de las personas demandadas sea el femenino? ¿Qué tareas son esas que sólo puede desarrollar una mujer cuyo cuerpo ha de medir 173 centímetros y caber en una talla 34? Para quien no lo sepa, las "chicas paraguas" son llamadas así porque han de sujetar un paraguas para que las motos, por ejemplo, no se calienten con el sol. Este y otros cometidos parecidos son los precisados.

A las marcas no les preocupa qué aspecto tienen quienes conducen sus motos, porque lo importante de estos hombres es que tengan aptitudes y actitudes que hagan que sus vehículos crucen la línea de meta antes que nadie. Sin embargo, son muy estrictos con la apariencia que debe tener quien vaya a adornar esas mismas motos. 

Los hombres corren, se adelantan unos a otros, gritan, sudan, ganan, celebran, descorchan el champán. Como en innumerables ámbitos de la vida, ellos hacen y deshacen. Las mujeres ni hacemos ni deshacemos, sólo se nos permite ser, en este caso, ser sonrientes, ser guapas, ser altas, ser delgadas, ser de pie pequeño (?).

De hecho, todo el mundo ha visto muchísimas veces cómo esto se combina en la realidad, el hecho de que ellos estén para tomar la acción y ellas para adornarla: 

El pleno del Ayuntamiento de Jerez aprobó que se reclamara a Dorna –la organizadora del Mundial de Motociclismo– la supresión de todas las prácticas que utilizaran el cuerpo de las mujeres como "adorno y reclamo" para "captar la atención del público" durante los eventos. La propuesta que respaldaba Ganemos Jerez y colectivos feministas gaditanos fue apoyada por PSOE e IU. Por su parte, tanto PP como Ciudadanos decidieron abstenerse. No creo que nadie esperara mucho más de estos dos partidos, todo sea dicho. 

Como siempre pasa con todo lo relacionado con el feminismo, lo que eran simples propuestas de sentido común, se han convertido en polémica. Eliminar de este tipo de eventos la figura de las "chicas paraguas" ha sido tachado de sexista por las propias azafatas que desempeñan el trabajo. "Quitarnos el trabajo sí es sexista", ha dicho una de ellas, que aseguraba hablar por todas sus compañeras.

En realidad, esta visión es demagógica. Si estas prácticas no buscan la cosificación de nuestros cuerpos para consumo masculino, la organización bien podría haber decidido que estas tareas que desempeñan las azafatas sean llevadas a cabo por hombres y mujeres de cualquier tamaño, color y pelaje. Lo que ocurre es que saben mejor que nadie que un tipo bajito y regordete aguantando un paraguas ni es un reclamo ni es un producto vendible. 

El director de comunicación de la organización, por su parte, aseguraba que "si alguien desea que también haya chicos, bienvenidos sean". Típica mentira con la que tirar balones fuera, sí, pero no deja de ser revelador que usen la expresión "si alguien desea...", tomando las reclamaciones feministas como casos puntuales de gente que, pues bueno, ahí están y tienen sus peculiaridades, ¿no? Un claro caso de "¿cómo voy a ser machista si ayudo en casa?". Del mismo modo, ¿cómo va a ser esta práctica machista si la propia organización que busca sólo a un tipo específico de cuerpos femeninos dice que las chicas paraguas son mujeres como bien podrían ser hombres? Prueba irrefutable de que no es machismo, es paranoia nuestra. Sin embargo, siguen sin contratar a hombres.

Es obvio, claro, saben que las mujeres no consumimos como producto el cuerpo de los hombres. Ellos no son los sexualizados, ellos jamás son los objetos. Ellos nunca serán ni hombres florero ni chicos paragüero. Y está bien que así sea, porque a pesar de que algunos pretendan vendérnoslo como tal, el feminismo no busca que los hombres tengan que pasar por la sexualización, humillación y denigración que pasa nuestro género, sino que pretende que seamos nosotras quienes alcancemos el estatus de personas y no volver a ser jamás cosas que se ponen y se quitan, objetos de atrezzo intercambiables, envoltorios para que quienes viven en una eterna época de berrea, berreen.

A las compañeras que trabajaron este año en Jerez les diría que nadie pretende quitarles el trabajo, sino quitar de la categoría "trabajo" aquellas prácticas que son demandadas únicamente por el machismo. Porque es quien nos quita los ingresos que se defienden aquí: en cuanto quedamos embarazadas, en cuanto cumplimos un par de años más, en cuanto dejamos de caber en una falda minúscula. Y todas, absolutamente todas las mujeres, pasamos si no por una o por otra etapa. El feminismo sigue sin ser nuestro enemigo, tengámoslo presente.

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