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Quienes más incitan al odio, enaltecen el terrorismo y humillan a las víctimas

El interminable disparate policial-judicial contra tuiteros, raperos, chistosos o concejales amenaza la libertad de expresión

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EFE

Desde hace algún tiempo tengo la sospecha de que se están cometiendo delitos de incitación al odio, enaltecimiento del terrorismo y humillación a las víctimas, pero no sé dónde denunciarlos. Creo que son flagrantes y encajan al pie de la letra con la definición que el Código Penal hace de esos delitos, pero no sé a qué juzgado acudir. A ver si hay algún abogado en la sala que me pueda ayudar.

Si fuesen chistes, títeres, canciones o tuits sería facilísimo: no tendría ni que denunciar, pues fiscales y policías no necesitan que nadie se lo pida para descargar todo el peso de la ley sobre tuiteros, chistosos, raperos, titiriteros o concejales. Yo ya he perdido la cuenta de los detenidos, denunciados, juzgados y condenados, siempre por los mismos delitos: odio, enaltecimiento, humillación. El último, esta misma semana, un chaval mallorquín al que un puñado de versos antimonárquicos le costarán tres años y medio de cárcel.

Pero no, no hablo de raperos ni tuiteros: quienes con más insistencia incitan al odio, enaltecen el terrorismo y humillan a las víctimas son algunos fiscales, jueces y responsables policiales, con la ayuda del Gobierno y de un código penal que permite esos disparates. La sentencia del Supremo que condenó a César Strawberry decía que sus mensajes "alimentan el discurso del odio, legitiman el terrorismo y obligan a la víctima al recuerdo de la lacerante vivencia…". ¡Pero si es exactamente lo mismo que hace la maquinaria policial-judicial con sus acciones desproporcionadas! Déjenme que lo explique.

Incitar al odio, según el 510 del Código Penal, es "fomentar, promover o incitar directa o indirectamente al odio, hostilidad, discriminación o violencia...". ¿Y qué hacen todas esas actuaciones judiciales desproporcionadas sino extender odio? Cada vez que alguien es detenido por un chiste sobre Carrero Blanco, una acción pacífica antitaurina o un tema de rap, el odio corre cual reguero de pólvora. Yo me lleno de odio, no saben cómo. Basta un vistazo a las redes sociales y comentarios de noticias para comprobar cómo crece el número de odiadores tras cada actuación policial o judicial.

En cuanto al enaltecimiento del terrorismo, más de lo mismo: si de ETA hablamos (y cuando se trata de tuiteros, raperos o chistosos, siempre es ETA), no hay mayor enaltecimiento hoy que toda esa colección de actuaciones policiales y judiciales que mantiene artificialmente viva a la banda cinco años después de retirarse. Si alguien despertase hoy de un coma tras cinco años, pensaría que ETA es más poderosa y tiene más seguidores que nunca: hoy se detiene a mucha más gente por enaltecimiento del terrorismo que cuando ETA actuaba. De locos.

Nos falta la tercera pieza del kit represivo, la humillación de las víctimas. No puedo hablar por ellas, pero si yo fuese víctima no sé si me gustaría toda esa sobreactuación judicial y policial que consigue que un chiste ofensivo multiplique su audiencia: deja de ser cosa de unos pocos seguidores, para ser repetido en todos los telediarios, periódicos y redes. Por supuesto que hay que proteger a las víctimas, pero para eso hay otras vías (en el orden civil) si se sienten ofendidas, que además son más eficaces.

Pese a su reiteración delictiva, y el daño que hacen a la libertad de expresión, no veremos ningún policía, fiscal, juez o gobernante salir esposado de su casa, entrar en prisión provisional, sentarse en el banquillo o ser condenado, como sí hemos visto a tuiteros, chistosos, raperos, titiriteros, concejales, y cualquier día a ti mismo, o a mí por publicar este artículo. Todo es posible.

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