La desaparición de la cruz del Aneto agita el debate en la montaña: “El cristianismo procura dejar su marca en las cumbres”
Sucedió entre el 8 y 14 de abril y todo apunta a una acción bien planificada: alguien subió hasta la cima del Aneto, una excursión muy exigente, de varias horas y no menos de 1.500 metros de desnivel, cargando una herramienta tipo radial. A 3.404 metros, tras atravesar el famoso y expuesto Paso de Mahoma y a las temperaturas bajo cero que aún azotan la cumbre, cortaron por la base la cruz que corona el pico más alto del Pirineo. Hasta aquí parecen hechos: un vídeo de un montañero publicado en Hoy Aragón muestra el corte.
Para el terreno de la especulación queda qué ha sido de la cruz, una estructura de tres metros de alto y más de cien kilos de peso, de la que no hay rastro. El pensamiento más extendido es que fue arrojada montaña abajo y se encuentra sepultada en la nieve, teoría que confirmará o desmentirá el deshielo estival. La cruz fue instalada en 1951 por el Centro Excursionista de Catalunya en una operación en la que participaron decenas de personas, muchas francesas. El Greim de la Guardia Civil volvió a colocar el símbolo este verano pasado, tras dos años de ausencia por restauración.
La del Aneto no es la única cruz desaparecida de un pico recientemente: a raíz de este incidente, montañeros del club Peña Guara han informado al Heraldo de que el Pico Gratal, en Huesca, también ha perdido la suya. En este caso se echa en falta desde antes del invierno.
El suceso ha conmocionado a la zona, según el alcalde de Benasque, localidad donde se encuentra el Aneto, y ha agitado el sempiterno debate entre tradición y ocupación del espacio público, especialmente las montañas, con símbolos religiosos. El regidor, Manuel Mora, ya ha asegurado que se repondrá el símbolo, sea el original si se localiza, sea uno nuevo porque “va más allá de ser un tema religioso, no se puede ir por ahí rompiendo cosas. Si fuera un tema religioso, por qué han dejado a la Virgen del Pilar y a San Marcial. No tiene sentido”, ha reflexionado en alusión a las dos figuras, también presentes en la cumbre. “El sentimiento de los benasqueses es de sorpresa e indignación”, asegura.
El Heraldo de Aragón ha realizado una encuesta según la cual tres de cuatro personas son partidarias de mantener los símbolos por su interés histórico y social.
Un terreno abonado para las cruces
Las montañas son territorio abonado para la instalación de elementos religiosos, sobre todo cruces y vírgenes católicas y belenes. Están en picos por todo el territorio: el más alto de la península, el Mulhacén, en Granada, tiene una Virgen de las Nieves en un pequeño altar; el mítico Urriellu (el Naranjo de Bulnes), en Picos de Europa, aloja a la Virgen del Picu, que también fue vandalizada y repuesta hace unos años.
La lista es interminable. Europa Laica tiene contabilizados 516 elementos por toda España. También es habitual instalar pequeños belenes en Navidad y otros elementos, siempre vinculados a la religión católica, aunque es posible encontrar otro tipo de ejemplos: en la Mesa de los Tres Reyes, el pico más alto de Navarra, está el castillo de Javier, aunque también hay una imagen del santo.
En los últimos años, ha habido campañas para colocar más cruces en los picos y también para exigir su retirada. “Cada vez hay más cruces”, asegura José Antonio Naz, presidente de la organización Europa Laica, que pide la retirada de estos símbolos. “Esto es un estado aconfesional y, además, un país que habitan personas de todo tipo. Unas serán creyentes de la cruz, otras no, otras no son creyentes de nada. Si en los espacios públicos ponemos cada uno nuestro símbolo y llenamos los montes de la media luna islámica, la estrella de David... No tiene sentido que existan a estas alturas del siglo XXI”.
La comunidad montañera madrileña se agitó en 2014 cuando grupos católicos colocaron una cruz y una virgen en la cima de La Maliciosa, uno de los picos más emblemáticos de Madrid, como parte de un proyecto para instalar 1.300 elementos por toda la región. El Gobierno regional lo prohibió, retiró los elementos de la cumbre y no se volvió a saber.
Enfrente, organizaciones como Europa Laica exigen su retirada por suponer una ocupación del espacio público por parte de una religión concreta en un estado laico como España. La organización Movimiento Hacia un Estado Laico (MHUEL), de Aragón está en la misma línea. Este grupo ha batallado judicialmente con Vox a cuenta de otra cruz en Bezas de la Sierra de Albarracín. El Gobierno regional decidió eliminarla porque el monumento atrae rayos por su material y altura, pero el partido ultra recurrió.
“Es un problema del presente”
Miguel del Arco, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Granada, sostiene que instalar cruces en el espacio público, sean las montañas o terreno urbano, “es una colonización del espacio para dotarlo de un significado concreto. Lo mismo que si pusiésemos una media luna. Hacerlo hoy tiene un fin”, sostiene.
El también autor del libro Cruces de memoria y de olvido. Los monumentos a los caídos de la guerra civil española (1936-2021), publicado por Crítica, sostiene que “las destrucciones de símbolos, que han sucedido siempre, ocurren por problemas que hay en el presente”. “Es una forma de contestar, de entender que la naturaleza no es de Cristo o de una religión concreta. Se quiere transformar el paisaje, igual que el que puso el símbolo”, valora.
Cuando se le pregunta por el argumento de la tradición en defensa de las cruces, este experto explica que “todos los lugares tienen su historia y cada lugar su explicación. No es lo mismo una cruz desde el siglo XVIII a las puertas de un pueblo, porque hemos tenido una historia cristiana, que otra colocada hace pocos años. Somos una sociedad democrática y si alguien decide reconfigurar el espacio se tiene que hablar”. En este sentido, sostiene, decidir reinstalarla, como se ha hecho, “es una decisión política”.
Bernat Clarella, presidente de la Federación Española de Deportes de Montaña y Escalada (FEDME), explica que aunque “la Federación es deportiva y opina sobre cuestiones deportivas, en relación a los símbolos respetamos las decisiones de quien los pone y de las tradiciones que se han establecido a lo largo del tiempo. Cualquier acto vandálico al respecto está fuera de lugar. Si uno no está de acuerdo con un símbolo lo que tiene que hacer es recurrir a los medios legales. El caso del Aneto me parece una falta de respeto a las tradiciones y al símbolo”, sostiene. “Ya no es solo un símbolo religioso, es un símbolo de esa cima como hay en muchas otras. En el Himalaya hay muchas banderas de oración y todo el mundo las respeta, a nadie le parecen mal”, observa.
Sus compañeros de la Federación Aragonesa de Montañismo (FAM) son más contundentes y están abiertamente a favor de que se reponga. “Es un símbolo de la cima, algo histórico, [y quitarla] es una falta de respeto a la historia del montañismo y, en especial, de esta cima”.
“La tradición, ¿cuándo empieza?”, rebate Naz, de Europa Laica. “¿Cuando alguien hace algo por primera vez? ¿Entonces eso hay que repetirlo y replicarlo? Antiguamente, la tradición era tener esclavos o tirar cabras desde un campanario, ¿mantenemos también esas tradiciones? Tenemos que atenernos a la legislación, y la Constitución consagra a España como un país aconfesional”, reflexiona.
El alcalde Mora, que se define como “montañero y montañés”, opina que “cada uno ve las cosas como quiere verlas. [La cruz] es un motivo que señala tantas cimas de tantos montes del mundo que el que sea religioso lo puede ver así, y el que no lo tiene tan fácil como no cruzar a la cumbre, la precumbre [antes de cruzar el paso de Mahoma] está prácticamente a la misma altura. Nadie protestó cuando se pusieron las cosas y creemos que es así como tiene que seguir”, sostiene.
El escritor Pablo Batalla, autor del libro La Bandera en la Cumbre (Capitán Swing), sobre el uso político del montañismo por todo tipo de regímenes e ideologías, admitía durante la promoción de ese texto que “el cristianismo ha procurado dejar su pequeña o gran marca en todas las cumbres del país, ha sido muy voraz”, pero a la vez concedía que, pese a considerarse progresista, no le molestaban los belenes en las cumbres, muy típicos en su Asturias natal. “Me gustan. Y la Virgen de la cumbre del Naranjo de Bulnes me puede molestar un poco más, pero el cuerpo tampoco me pide quitarla, veo ahí un testimonio de la historia. Cuando voy a la montaña no me gusta solo la naturaleza, me gusta también apreciar la historia y la historia política que pasó por allí”.
Del Arco desliza que es un debate sin solución. “No nos ponemos nunca de acuerdo con qué hacer con estos símbolos, que están un poco contaminados, imagina ponernos de acuerdo sobre qué queremos conmemorar”.
Lo que parece evidente, a raíz de las declaraciones de unos y otros, es que el Aneto volverá a tener cruz. La original, si aparece y está en un estado que lo permita, o una réplica. Y el debate público seguirá.
97