Cristina Armunia retrata el amor LGTB en la España vaciada: “Te marca para siempre”
Insiste en que no lo hace aposta, pero las novelas de Cristina Armunia abordan grandes temas sociales de la actualidad como la precariedad laboral o las diferentes realidades del mundo rural. Nació en Teruel en 1988, pero su imaginario comenzó a fraguarse mucho antes. Desde las historietas familiares hasta la más larga tradición del realismo mágico, Armunia referencia todo lo que le inspira como si de un ensayo académico se tratara.
Este abril, ha publicado su nueva novela, La puta Margarita y otras flores de mi pueblo, de la mano de la editorial Dos Bigotes. Su primera obra, Un lugar seguro (Libros.com), apareció en 2023. Esta vez, relata una tierna historia de amor adolescente entre dos chicas de un pueblo de Teruel que viven el paso a la edad adulta entre maizales, sueños voraces y lazos familiares que, a veces, ahogan.
A una isla desierta, Armunia —que trabajó como periodista en elDiario.es— se llevaría Cien años de soledad y algún libro de Juan Marsé, aunque la naturaleza de la isla le inspiraría, de la misma forma que hizo la tierra turolense, para escribir y dar forma a unos personajes a los que es imposible no coger cariño.
La puta margarita y otras flores de mi pueblo conforma un mosaico de relaciones románticas, parentofiliales, rurales, e incluso de uno mismo con sus propios sueños. ¿Cree que está cambiando algo que mejore la aceptación de jóvenes LGTB en los pueblos?
Hombre, yo quiero pensar que sí. Creo que cuando yo era pequeña teníamos una gran falta de referentes. En los sitios pequeños eso todavía es más plausible, más claro. Y cuando había referencias en series o películas estaban llenos de tópicos o de cosas que a lo mejor no representaban del todo las realidades. Y a mí me hubiera gustado tener más series que ver, más libros que leer. O igual los había, pero yo no los conocía. Y, en parte, este libro busca eso también, contar una historia bonita de amor entre dos chicas y que la pueda leer mucha gente. Y que también una chica joven la coja y la lea, pues que se emocione. Yo creo que las cosas sí que han cambiado y, al menos yo lo percibo así, en ciudades como Teruel. La verdad que cada vez hay más ejemplos de iniciativas, de actividades muy diferentes a cuando yo tenía 15 años.
Normalmente, cuando escribo no pienso: “Quiero escribir de este tema porque este tema es el que quiero tratar”. Sino que yo escribo y me sale una historia. La anterior fue de precariedad laboral, esta es de LGTBI rural y la siguiente va a ser sobre burnout en el trabajo. Todo tiene un tema, pero no me siento con el objetivo de ser una voz distinguida en algo.
Vivir un amor como el de Clara y Esther o un desamor en soledad, sin poder contarlo o sin querer hacerlo por el miedo al qué dirán, te marca para siempre
¿Cómo cree que puede marcar a una persona vivir un primer amor tan accidentado y clandestino como el que viven Clara y Esther?
Te puede marcar para siempre. Creo que vivir un amor así o un desamor en soledad también cuando eres joven, y a lo mejor no lo puedes contar o no lo quieres contar por el miedo al qué dirán, te tiene que marcar para siempre. Te marca incluso cuando tienes unas circunstancias, vamos a decir más favorables, cómo no te va a marcar si encima ha pasado algo negativo o algo más traumático. Y además los primeros amores es que no se olvidan. Pasan 15 años y de repente una noche vuelves a soñar y dices: “Madre mía, otra vez estoy sufriendo con esto”. Así que, bueno, sí que siento que esa clandestinidad hace que, tanto para lo positivo como para lo negativo, te marque mucho más.
¿Qué es lo que más ha disfrutado de escribir este libro?
Disfruté mucho escribiendo las escenas en los maizales. Y en la huerta, en las fiestas. Cuando quieres que la persona que te gusta te mire y quieres que te haga caso e irte con ella. No es que me gustara escribir esas escenas, es que cuando las releo me emociono un montón porque me gustan mucho y me gustaría que el público en general lo percibiese. Y de hecho me consta porque me ha escrito ya algún amigo o amiga que me dice: 'Cris, me he acordado de tal persona que fue mi primer novio, que fue mi primera novia'.
La puta Margarita y otras flores de mi pueblo es su segunda novela. ¿Qué diferencias ha notado a la hora de escribir la primera y la segunda?
Hay muchas diferencias. Para escribir la primera novela no tenía un plan, y eso fue un error. Es bonito probar a escribir sin sentarte a escribir e investigar tú mismo cómo puede crecer una idea. Es una experiencia que, incluso, te enseña. Y eso es lo que precisamente me pasó cuando empecé esta segunda novela, además de que tenía bastante más claro el argumento. Sí que me hice un mapa de colores: qué personajes y cuándo salían, para intentar valorar si había un equilibrio. Pero eso lo he conseguido hacer porque escribí la primera, sino habría sido un poco más complicado saber cómo sentarse a escribir 200 páginas.
¿Tuvo algún problema con las diferentes voces narrativas?
Lo que pasó fue que... digamos que dentro del libro hago algo así como metaliteratura. A una de las protagonistas le gusta escribir. Le gustaría ser directora de videoclips, concretamente. Entonces, le gusta montarse sus historietas en libretas. Cuando alguien le cuenta algo, va corriendo a una de sus libretas y se lo apunta. Y esta idea de las libretas me surgió porque hay dos historias centrales que son la historia de amor entre Clara y Ester, que son dos chicas de un pueblo que se enamoran, y la historia que aparentemente es secundaria entre Margarita y Ventura. Cada uno que decida cuál es la historia central. Entonces, esa otra historia yo la quería llenar de naturaleza, de ruralidad, de realidad, y quería cambiar un poco la manera de escribirla. Entonces, al principio la idea de la libreta era un poco confusa y no se entendía muy bien por qué daba esos saltos el narrador. Entonces se me ocurrió meter la idea del cuaderno que, de hecho, ocupa un capítulo, que se llama La libreta roja y ahí intento explicar un poco al lector por qué hago eso.
Y hablando un poco del léxico, ha mencionado lo de la naturaleza y quería preguntarle qué tipo de léxico ha buscado introducir en la novela, si ha usado palabras de su pueblo, palabras de su familia...
Me gusta pensar que he conseguido que la naturaleza sea otro personaje más dentro de la novela. No la naturaleza como algo bucólico y algo superbello, sino la naturaleza en todas sus vertientes. Por ejemplo, en algunos pueblos de Teruel hay granjas de cerdos y, cuando hace mucho calor en verano, pues huele muy mal y eso es así. Pero, dentro de esas descripciones y de contar cómo son esas eras, esas huertas, esos terrenos, esas granjas, creo que intento captar la belleza también dentro de las cosas que no son tan bonitas.
Siempre he sido una niña muy de escuchar las historietas que me contaban mis padres, las historias que me contaban mis abuelas
Y es verdad que conozco muchas cosas relacionadas con los pueblos o con los antepasados por las historias que me cuenta mi familia. Siempre he sido una niña muy de escuchar las historietas que me contaban. Porque, al final, una parte de mi familia fueron agricultores en mi pueblo, otra parte eran medieros, o como mi bisabuelo, que era esquilador. Entonces sí que tengo esa especie de atmósfera, de mundo rural, lo tengo en mi familia. Siempre he intentado atesorar todas las historias y de hecho lo sigo haciendo. De vez en cuando les digo 'explicadme esta historia que me contasteis hace poco que no me quedó clara', y les grabo.
Y también usa la naturaleza para explicar las emociones de las protagonistas conforme va evolucionando su relación, tanto las buenas como las malas
Sí, y esta es la manera que he encontrado en este libro de incluir el realismo mágico. A mí me gusta llamarlo realismo ácido, porque no siempre la aproximación hacia esa realidad es bonita. Utilizo esa forma de escribir para acercarme a los conflictos, para acercarme a las cosas buenas que pasan, pero también a las malas. Y también es como mi barrera defensiva. Me acerco a ello, utilizo esas descripciones y, cuando ya me parece suficiente, pues me vuelvo a alejar. Creo que también es algo que ejercité mucho en Un lugar seguro y que creo que he conseguido llevar a buen puerto aquí, a lo mejor con más sentido o con un hilo argumental más claro. Y es algo que en mis próximos proyectos sigo planificando y pensando cómo incluir ese realismo mágico del que yo he bebido tanto, del realismo mágico latinoamericano. Cómo llevármelo yo, una chica de Teruel, para acercarse a eso.
Ha hablado de sus referentes literarios, de García Márquez, Sepúlveda, Camila Sosa y Rosa Montero, entre otros. ¿Por qué escogió para comenzar el libro la cita “Todos necesitamos la belleza para que la vida nos sea soportable” de La ridícula idea de no volver a verte?
Lo que dice esta frase creo que resume un poco el libro, porque es verdad que aunque tiene un punto de drama, que tiene puntos que te compunge, incluso cuando lo estás leyendo es bello. Como Rosa Montero en ese libro, que cuenta varios procesos de duelo y aun así se marca un libro que es una locura de bonito.
1