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Más de 100 años, pero aún con fuerzas para volver a Siria

Fatoumeh siempre fue la mujer más fuerte y hábil de su pueblo, “mientras otras cosechaban una zona, en el mismo tiempo yo cosechaba cuatro”, explica con una sonrisa. Fatoumeh se vio obligada a huir de su país, Siria, hace casi dos años. A principios de 2013 llegó a Líbano junto a su hijo de 66 años, y la familia de este, en un autobús. Ahora, con 103 años, está enferma y lejos de su casa, pero aún guarda su documentación y la de su familia en una bolsa, porque a pesar de haberlo perdido todo, lo que aún no ha perdido es la esperanza de regresar a su hogar algún día.

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Fatoumeh, 103 años

Fatoumeh, 103 años

Al igual que Fatoumeh, muchos supervivientes centenarios, que han sobrevivido a dos Guerras Mundiales, se encuentran tras tres años de conflicto en Siria refugiados en Líbano, sin saber qué pasará con el futuro de sus hijos y nietos y el de su país.

Dagha, 101 años

Dagha, 101 años

 

Dagha escucha el sonido de las bombas que caen en Siria desde la tienda en la que vive en Líbano. Sobre ella también cayó una bomba que la dejó parcialmente paralizada, ya solo puede apretar las manos de los familiares y amigos que se acercan a darle un beso. Cada semana, recibe nuevas noticias de personas que han muerto en su ciudad, a veces se trata incluso de sus propios parientes. Su familia cuenta cómo a menudo llora y grita en sueños. “Su mayor miedo es pensar que será enterrada en Líbano”,  explica Fátima,  la nieta de Dagha.

Ghetwan y su mujer llevan casados mucho tiempo. La boda se celebró hace 72 años, en plena II Guerra Mundial. El conflicto de Siria no ha podido separarlos. Cuando las bombas destruyeron sus casas, huyeron a Líbano juntos. Actualmente, la pareja vive con su familia en una tienda de campaña debajo del garaje de un mecánico.

Ghetwan, 100 años

Ghetwan, 100 años

 

Todo ha cambiado mucho desde que Hamda estuviera en Líbano hace 45 años. Su marido, con el que vivió en la ciudad del Valle de Bekaa de Bar Elias, ya ha fallecido. Ella, además ha perdido la vista y, ahora, en plena guerra siria, se ha convertido en una refugiada. “Tal vez es bueno haber perdido la vista, quizás fue Dios quien decidió quitármela para que así no viera cómo destruían mi ciudad”, comenta Hamda. “Aunque la guerra termine y reconstruyamos nuestras casas, habrá muchas cosas que ya nunca podremos reconstruir. Los sirios ya nunca seremos los mismos”, apunta esta mujer de 106 años.

Saada, 102 años

Saada, 102 años

 

Saada, de 102 años, no quería abandonar su casa, ni siquiera a pesar de las bombas. Saada quería continuar con su rutina. Finalmente, su nieto la convenció para huir, pero antes le hizo prometer que si moría devolvería su cuerpo a Siria y la enterraría junto al resto de su familia. Dejar su hogar fue muy complicado: “sin la ayuda de ACNUR la mayoría de nosotros casi no tendríamos qué comer” explica Saada. “Pero necesitamos algo más que un plato de comida, necesitamos interactuar con otra gente, somos seres humanos y no simples números”.

Las personas mayores refugiadas  son tan vulnerables o más que las jóvenes. Ninguno entiende por qué se está destruyendo su país, Siria, y todos quieren volver a sus casas, muchos incluso lo han intentado sin éxito. Mientras sueñan con recuperar sus hogares, Líbano se ha convertido en su refugio.

Fotos: ACNUR/A.McConnell

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