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"Las mujeres tunecinas no vamos a dar nunca un paso atrás"

La secretaria general adjunta del sindicato UGTT, mayoritario en Túnez, defiende el papel clave de su organización en la transición a la democracia

"Si hay un voto democrático y los islamistas ganan, son ellos los que deben tomar el poder"

"Estamos con los manifestantes y defendemos el derecho de los jóvenes a la protesta, pero esta debe ser pacífica"

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Naima Hammami, secretaria general adjunta del sindicato tunecino UGTT

Naima Hammami, secretaria general adjunta del sindicato tunecino UGTT. Foto: Mariana Vilnitzky

Es la primera mujer que forma parte de la Comisión Ejecutiva del sindicato tunecino UGTT, que ganó el Premio Nobel en 2015 por su participación, junto con otras tres instituciones, en las conversaciones para salvar la transición en el pais magrebí. Su nombre completo es difícil de pronunciar en castellano: Hammami neé Haj M’barek (1955), de profesión profesora de enseñanza secundaria. Tiene un máster en lenguas y letras árabes y cuenta también con un diploma en sociología. Comenzó a formar parte del sindicato UGTT en 1996 y desde 2002 es liberada sindical. Lleva décadas ocupando puestos de responsabilidad dentro de su organización y actualmente se encarga del área de las migraciones y los derechos de los migrantes. La sindicalista estuvo recientemente en Barcelona, donde participó en las jornadas Derechos económicos y laborales de las personas migrantes, organizadas por la Asamblea de Cooperación por la Paz, CCOO y UGT.

¿Por qué fue y es tan importante su organización para la construcción de la democracia en su país?

Nuestra organización tiene entre sus objetivos la lucha por la democracia. Por eso se interesa en este tema, tanto en el país como dentro de la UGTT. Es una organización fundada en 1946. Era la única organización sindical permitida hasta hace muy poco. Ahora ya hay otras dos, pero son menores. A nuestra organización la gente se ha afiliado más que a otras justamente por esos valores democráticos que hemos mostrado durante la revolución.

¿El apoyo de los trabajadores les ha llevado a estar en la mesa de negociaciones a la hora de recuperar la democracia?

Esta organización no sólo favorece a los trabajadores, sino a los que defienden la libertad y la democracia. Hemos defendido también al país en la época de la colonización. Hasta 1956 Túnez no fue independiente. Y en ese momento fuimos una organización importante. Defendemos la libertad del pueblo tunecino. Por otro lado, frente a los dictadores, frente a la falta de libertad de expresión, la UGTT ha sido capaz de englobar a todas las facciones políticas que existían antes de la democracia, aunque no fueran oficiales. Lo que quiero remarcar es que todas las ideologías existen dentro de la UGTT. Te puedes encontrar con gente de izquierdas y de derechas. Frente a las crisis, hemos optado por el diálogo. En 1965, en 1978 y en 1985 el Gobierno quiso entrar en la UGTT y no pudo. El rol de la UGTT, además de estar en la organización de la revolución, fue proporcionar espacios neutrales. La gente se pudo reunir en nuestros locales. 

Ahora en su país vuelve a haber manifestaciones, descontento. ¿Cuál es la posición de la UGTT?

Hoy hay manifestaciones por los derechos, causas justas, no violentas, en las que salimos a manifestarnos. Para recordar al mártir fundador de la UGTT, asesinado por las fuerzas de ocupación francesas antes de la independencia; y un líder para el pueblo tunecino; para reivindicar el 14 de enero, el primer día de la Revolución de los Jazmines y en tercer lugar para decir no a Trump en el desplazamiento de la embajada estadounidense a Jerusalén.

Pero a comienzos de año salió gente joven a la calle. Y hubo violencia...

La UGTT está con los manifestantes y defiende el derecho de los jóvenes a la protesta, pero esta debe ser pacífica. Está en contra de las manifestaciones cuando tienen lugar por la noche, utilizando la violencia. Los manifestantes violentos no han salido reivindicando derechos. Para nosotros, esas manifestaciones fueron orquestadas para robar y romper cosas. Robaron a gente en los coches, hubo una mujer violada.  Por supuesto que estamos en contra de este tipo de manifestaciones. Hubo otros jóvenes que se manifestaron delante de la UGTT por sus derechos. La organización cumplió sus demandas y las presentó en la mesa donde negociaba con el Gobierno. Y algunas de esas demandas fueron aceptadas. Incluso cuando las manifestaciones están en contra de la UGTT, defenderemos el derecho a participar, pero debe ser sin violencia. 

¿Cuál fue el papel de la mujer en la búsqueda de la democracia, si es que la mujer jugó un papel importante?

Las mujeres han estado presentes cada día en las manifestaciones, en las acampadas, en las protestas por la democracia. Han sido a su vez apoyadas por los hombres progresistas. Han participado en la revolución, en la UGTT, en todas las regiones, de la misma manera que los hombres. En las elecciones donde ganaron los islamistas se llevó a cabo una tecnocracia, en donde se debatió el texto de la Constitución. Entonces hicimos otra acampada para sacar de en medio a los fundamentalistas.

¿Las mujeres están ahora muy presentes en el Parlamento?

La participación electoral femenina ha sido muy grande. Y hubo mujeres en los lugares donde se llevaban a cabo las elecciones. Las mujeres han estado en la organización de la democracia. Han dirigido reuniones, han entrado en el Parlamento, y hay mujeres de todas las edades, colores y situaciones sociales.

En su país se ha creado una comisión de la verdad para revisar los crímenes de la dictadura. ¿Se está haciendo bien?

No hay ningún problema con eso. Ni lo apoyamos ni estamos en contra.

En mayo tienen elecciones municipales. Parece que los islamistas están tomando fuerza. ¿Qué cree que va a pasar?

Si hay un voto democrático y ganan, son ellos los que deben tomar el poder.

¿Aunque vayan en contra de derechos humanos, especialmente de las mujeres?

Los derechos de las mujeres en Túnez no pueden ir nunca para atrás. Yo, Naima Hammami, nunca iré para atrás en mis derechos adquiridos. Hay un artículo en la Constitución, que costó mucho tener, pero que lo dice bien claro: las mujeres son iguales a los hombres. No nos preocupan los islamistas radicales porque no podrán ir para atrás. Tengo que agregar que dentro de los países árabes, las tunecinas viven en el único país que ha prohibido la poligamia. Durante la dictadura corrió un rumor que decía que iban a aprobar una ley que permitía a los hombres ser polígamos. Las mujeres salieron vestidas de negro a protestar. Y el rumor se extinguió.  Si hay un partido que piensa que puede proponer medidas contra la mujer, la UGTT será la primera en decir no y en salir a la calle junto a las mujeres, los hombres y la sociedad civil.

¿Cómo se encuentra la mujer respecto a los derechos laborales?

Después de mucho tiempo, Túnez ha ratificado los acuerdos internacionales por los derechos de las mujeres: igual salario por igual trabajo. A nivel legal, prácticamente no hay diferencia con otros países. La igualdad está en el código del trabajo. Hay un código de estatuto personal (un código de familia) que en muchos países limita los derechos de las mujeres y en este caso las protege. Habla de la prohibición de la poligamia, de la mayoría de edad de la mujer para casarse, de la libertad para divorciarse y de una serie de derechos, aunque hay cosas por resolver. Y en el ámbito laboral no todo se cumple. Los salarios de las mujeres no son como los de los hombres, más allá de la legislación. Se han hecho propuestas de ley para obligar a pagar igual, pero en la práctica es difícil. Por otro lado, está el tema de la maternidad. Se están buscando mejoras para que haya tres periodos de baja: prenatal, parto y lactancia. Ahora son dos semanas en el sector público y queremos que el sector privado se equipare. En realidad queremos que se alargue y llegue a seis meses. Además, para las elecciones municipales se propusieron listas paritarias en cremallera; es decir, mezclados hombres y mujeres. La idea es conseguir un 30% de cuota mínimo.

¿Qué índice de actividad tienen ellas?

Las mujeres tienen un 17%; de paro y los hombres, un 13%. Pero las mujeres activas, es decir, que buscan empleo, son un 35%. El resto no busca trabajo, pero esto incluye a las estudiantes, y a quienes trabajan en empresas familiares en negro. Aun así, participan mucho en el sindicato. Dentro de la UGTT la mitad de quienes se afilian son mujeres.

Usted es la primera mujer que ocupa un puesto alto en el sindicato. ¿Cómo lo lleva?

Debo trabajar mucho. Pasa con las mujeres en general. Tenemos que trabajar más para que nuestro trabajo sea reconocido. Creo que es bueno para nuestra organización que haya mujeres en cargos representativo, porque las mujeres están en nuestra base. Pero hay que hacerse un lugar. Una mujer debe trabajar el doble. La miran con cuatro ojos y al hombre, con uno. Por eso yo debo trabajar con fuerza. Por mí, porque yo soy responsable de mi trabajo; y porque así no pueden decir “vean, querían que las mujeres estén en los puestos altos ¿Qué hacen para conseguirlo?” La gente que me ha dado su confianza se merece que les demuestre que estaba bien apoyarme. Quiero desafiar y demostrar que puedo innovar en el trabajo. Hay un gran poeta, Louis Aragon, que dice que la mujer es el futuro del hombre. Yo agrego que es el pasado, porque lo tuvo en su vientre; es el presente, porque lo educa; y es también el futuro.

La libertad sindical en teoría existe. Pero a la gente que se sindicaliza, que protesta, muchas veces las empresas la ponen en una lista negra. ¿Pasa esto en su país?

Cuando estaba la dictadura había una restricción sindical, especialmente en el sector privado, y particularmente en el textil. A las mujeres las despedían y no les decían que era por un tema sindicalista. Encontraban otros motivos: “porque no llegas a la hora”, “porque faltas”. Después de la revolución eso no pasa. No lo pueden hacer.

¿Es común la economía informal allí?

Es demasiado común. Siempre lo ha sido. Calculamos que el 50% del producto interior bruto tunecino proviene de la economía informal. Es lo peor, porque no hay derechos. Es un gran problema. No puedes tener Seguridad Social, ni jubilación ni estar enfermo.

¿Cómo luchan contra eso desde UGTT?

Tenemos un equipo especialista. El gobierno está trabajando con la recomendación 202 de 2012 de la Organización Mundial del Trabajo (OIT) que dice que se tiene que garantizar la sanidad, la educación y ayudas para los niños. Para ello se debe hacer una transición de lo informal a lo formal. Desde la UGTT estamos haciendo presión para que el Estado ponga en marcha la recomendación. La UGTT es pionera también en economía social y solidaria, que es la forma en que luchamos contra la informalidad. Hemos propuesto una ley, que esperamos sea aprobada de aquí a poco, para no solo crear empleo, sino luchar contra lo informal. La Ley da apoyo especialmente a la mujer y la juventud, quienes lo sufren. También hemos firmado un acuerdo en Ginebra con la patronal para el trabajo decente.

¿Qué implica?

Salarios dignos, con un número máximo de horas trabajadas, que el salario no sólo tiene que proteger al trabajador, sino también a su familia, que el trabajo en sí sea digno, que tenga tiempo para su familia. Ese tipo de cosas.

En España los sindicatos no han estado muy de acuerdo con las cooperativas, porque de alguna manera los cooperativistas se vuelven dueños de la empresa, y entonces no hay sindicato. Ustedes, en cambio, impulsan una ley de economía solidaria...

Nuestro caso es bien distinto. Antes de la fundación incluso de la UGTT, Mohamed Alí Hammi (considerado como el padre del sindicalismo tunecino y uno de los fundadores de la Confederación), era fundador, al mismo tiempo, de algunas cooperativas. En el propio sindicato, cuando se fundó, se discutió la posibilidad de ser una cooperativa. La UGTT siempre apoyó a la economía solidaria. Forma parte de nuestra propia historia. No es para hacer lucro, sino para tener un trabajo digno, dar una oportunidad a todas esas personas que sufren el desempleo. Tenemos muchas personas jóvenes, con alta formación, que no tienen trabajo y que podrían conseguirlo. También es importante para las mujeres. 

Usted está específicamente en un departamento de migraciones. Este año la Asamblea General de Naciones Unidas va a celebrar una conferencia intergubernamental sobre migración internacional con vistas a adoptar ese pacto mundial. ¿Cuál es su posición? ¿Qué cree que sucederá?

Nosotros como UGTT, como organización que lucha por los derechos humanos y por los derechos de los trabajadores, pensamos que los inmigrantes deben tener sus derechos respetados, y en nuestro caso su derecho específico como trabajadores. Túnez, como otros países, no ha ratificado algunos de los tratados de las Naciones Unidas en temas migratorios. Desde el sindicato hemos hecho incidencia política en Bélgica, entre otros sitios; en el Parlamento Europeo. Junto a la asociación Euromed, con otros países mediterráneos, como Italia o España, hemos hecho una gira por Italia, Bélgica, Alemania, y otros tantos países para hacer incidencia sobre esta cuestión. Hemos visitado a las instituciones gubernamentales relacionadas con temas migratorios y hemos visto que trabajan con las asociaciones. Hemos trabajado también en Túnez y ahora mismo el Ministerio de Asuntos Sociales tunecino tiene previsto poner en marcha una estrategia de las migraciones. 

¿Tienen mucha inmigración extranjera en Túnez?

Hay algunos inmigrantes, unos 7.000 subsaharianos, además de 30.000 franceses, más italianos, libios, sirios..., pero sobre todo tenemos muchos emigrados. Hemos previsto una estrategia nacional para que la migración sea tomada en cuenta. El Pacto Mundial de la Migración responde bien a nuestra estrategia. Pero tenemos miedo de que al final deje las convenciones a un lado, y por eso nos hemos interesado especialmente. Les hemos dicho “este pacto tiene que responder a los derechos de los migrantes”. No debe dejar a un lado las convenciones. Tiene que completarlas.

¿Y hacer obligatorio cumplir con los derechos?

Sí. Tenemos que obligarlos.

¿Cómo lo están haciendo?

Formamos parte de una red sindical mediterránea y subsahariana que engloba a 16 países, incluida España, Francia, Portugal y otros con migración subsahariana. Este mes, en Mauritania, vamos a hacer una asamblea general, donde se van a incluir nuevos países. Serán en total 21 uniones sindicales, y Túnez es la coordinadora de esa red. Nuestra idea es llevar la estrategia sindical al pacto mundial. Pero hasta ahora el pacto sólo se da entre gobiernos o instituciones gubernamentales. Hemos tenido tres reuniones con instituciones, dos en Marruecos y una en Austria, y hemos querido que nuestras ideas, y recomendaciones puedan llegar a los políticos. Hemos entregado un documento al representante de Naciones Unidas en Túnez, y a la Organización Internacional de las Migraciones (OIM). Y lo hemos difundido entre todos los sindicatos. Cada sindicato lo va difundiendo en su propio país con sus ministerios de Asuntos Sociales, en Extranjería, Empleo, y otros. El representante de la ONU en Túnez nos dijo que pensaba que nosotros debíamos estar en las negociaciones. Esperamos que ese pacto sea un pacto sobre los derechos de los inmigrantes sean de donde sean.

La reputación del sindicalismo en España ha caído, y también la afiliación. A su vez hay un nuevo modus operandi de las empresas, que emplean a trabajadores autónomos que antes estaban contratados. ¿Sucede también eso en Túnez?

En la UGTT acabamos de pasar un Congreso. Los resultados vistos son muy buenos. De 2011 hasta hoy pasamos de 500.000 a 700.000 afiliados. Sobre los falsos autónomos, había muchos antes de la revolución, y no solo en el sector privado sino también en el público: en la sanidad, en la educación, etc. Había empresas especializadas en intermediar entre la gente y quien daba trabajo. En los hospitales, tenían mujeres de la limpieza, o conserjes o cocineros, que trabajaban en empresas subcontratadas, que además no pagaban ni las cotizaciones. Las tenían sin seguro, sin nada. Y se quedaban con parte del salario. Después de la revolución, la UGTT negoció que esto se termine; para que el personal sea contratado de forma indefinida. Todavía hay secuelas, en algunos hospitales todavía hay alguna cosa del estilo; y ha cambiado el lenguaje: Yo no contrato personas, contrato actividades. Empresas que hacen actividades concretas, y eso es una subcontratación. Sucede, pero no es así siempre.

¿Ha llegado a Túnez la nueva economía colaborativa con Uber, Deliveroo y otros? ¿Se han generado problemas allí a partir de ello? ¿Y cuál es la posición del sindicato?

No. Eso no ha llegado realmente. Este año ha comenzado un poco, pero acaba de empezar, sobre todo en temas de envíos de comida, en barrios de clase media alta. Es muy reciente. 

[Esta entrevista ha sido publicada en el número 56 de la revista Alternativas Económicas. Ayúdanos a sostener este proyecto de periodismo independiente con una suscripción]

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