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Red de Espacios Liberados: la suma de la autogestión ciudadana

Espacios en desuso que han sido ocupados por la ciudadanía comparten sus experiencias y tejen una red de apoyo y sinergias para el futuro.

Experiencias como el Rey Heredia de Córdoba, la Corrala Utopía de Sevilla, El Castillo en Ronda, las corralas de Sanlúcar de Barrameda o La Madreña de Oviedo se unen para explicar que “los espacios también se ganan así para la ciudadanía”.

Con la vista puesta en futuras experiencias que se están gestando en otros lugares, los activistas apuntan a la autogestión para recuperar espacios cerrados y sin uso.

“Ocupar un espacio se hace necesario para forzar las condiciones de un cambio real que necesita este país”, apuntan.

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Miembros de la Red de Espacios Liberados en el colegio Rey Heredia de Córdoba.

Miembros de la Red de Espacios Liberados en el colegio Rey Heredia de Córdoba.

Dar visibilidad a experiencias como la del colegio Rey Heredia de Córdoba reconvertido en centro social por los propios vecinos y colectivos del barrio. Compartir las motivaciones que llevaron a los ciudadanos a ello, conocer el modo en que se hizo, los problemas que acarreó con la justicia y las administraciones, conocer la implicación de los vecinos o dar visibilidad al resultado final. Son los objetivos de quienes componen la Red de Espacios Liberados, reunidos en Córdoba a propuesta del Rey Heredia y donde participan representantes de otras experiencias llevadas a cabo en Andalucía y otros puntos del país.

La Corrala Utopía de Sevilla, El Castillo en Ronda (Málaga), las corralas de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) o La Madreña de Oviedo, junto al anfitrión Rey Heredia se unen para exponer sus experiencias. “Queremos dar visibilidad a este tipo de actuaciones. No somos los únicos; hay otras muchas en distintos puntos y otras que se están gestando”, apuntan quienes mantienen contacto para aprender unos de otros y aconsejar a quienes tienen en mente reproducir sus experiencias en otras localidades.

Se trata, así, de crear sinergias, contactos, compartir información y consolidar esta “red de espacios liberados”. Porque todos ellos no hablan de una mera ocupación de un edificio, sino de una liberación de un espacio que estaba cerrado, en desuso, y se abrió ante las distintas necesidades de familias y ciudadanos.

David Acera es uno de los diez imputados por un presunto delito de usurpación en el centro social La Madreña de Oviedo. A él lo identificaron cuando preparaba un taller de teatro para los niños del barrio en el edificio vacío y cerrado desde hacía cinco años. “La Madreña se creó en el edificio de la antigua Consejería de Sanidad, cerrado durante varios años y sin ningún uso a la vista en un barrio popular con necesidades de espacios públicos”, explica. Entre noviembre de 2011 y junio de este mismo año, La Madreña estuvo ocupada, se convirtió en un centro social para el barrio y el resto de la ciudad y, cuenta Acera, fue “un soplo de aire fresco para Oviedo. En la ciudad caló la experiencia y la gente supo que los espacios también se ganan así para la ciudadanía. El poso de La Madreña –desalojada finalmente por orden judicial- está ahí”.

En su espejo se miraron durante un tiempo quienes iniciaron hace un año la experiencia del Rey Heredia en Córdoba y reconvirtieron un colegio cerrado y abandonado en un centro social donde vecinos y colectivos de la ciudad participan desde hace un año. Con el respaldo ciudadano, responder a las necesidades básicas de personas sin recursos del barrio con el comedor social y las clases de apoyo a los menores ha ido en paralelo con la actividad de formación, divulgación y concienciación de los ciudadanos sobre los logros que la autogestión puede ofrecer como respuesta ante los problemas sociales actuales.

Espacios liberados como viviendas

Problemas como el de la vivienda, al que han dado respuesta específica otras experiencias de esta Red de Espacios Liberados como la Corrala Utopía de Sevilla o las corralas de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz). La Corrala Utopía llevó su acción de realojo de familias en un edificio de viviendas vacío desde mayo de 2012 a abril de este mismo año. “La corrala cambió la forma de relacionarnos. El individualismo de quienes cierran su puerta y no conocen ni a sus vecinos es lo que provoca que no haya organización ni una respuesta conjunta de la sociedad ante los problemas que vivimos”, explica Irma Blanco, una de las activistas sevillanas.

“Queremos que cunda el ejemplo y desaparezca el miedo en la gente”, añaden sus compañeras, que vivieron en primera persona la decisión de entrar a vivir en esos pisos vacíos ante la falta de un techo para sus familias. Y apuntan al respaldo de la ciudadanía como uno de los puntos fuertes de su lucha, pese a los obstáculos judiciales y de las administraciones.

En Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), la experiencia de la corrala cundió. “Tenemos nueve corralas en distintos puntos de la ciudad”, explica Verónica López. Allí, en la localidad gaditana, unas 300 personas ocupan distintas viviendas vacías. “Somos personas que hemos sido desalojadas, desahuciadas de nuestras casas”-cuenta- “y hemos ocupado edificios de viviendas vacíos de bancos o promotoras”, especifica. “El espíritu de la corrala no es otro que luchar por una vivienda, por tener un trabajo, por mantener a nuestras familias”, añade ella mientras otro compañero concluye: “Ocupar un espacio se hace necesario para forzar las condiciones de un cambio real que necesita este país”.

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