Un joven de La Línea de 16 años destruye "la barrera hacia el espacio"

Julián posa con el FossaSat-1, desarrollado por Fossa Systems.

Julián Fernández tiene 16 años y estudia 4º de la ESO en la localidad madrileña de Pozuelo de Alarcón. Pero a diferencia de otros chicos de su edad, este chaval de La Línea (Cádiz) pasa buena parte de su tiempo con proyectos relacionados con el espacio. Pertenece a Fossa Systems, una asociación formada por jóvenes estudiantes que están a punto de hacer historia guiados por él.

"Somos una asociación sin ánimo de lucro con sede en Madrid y lo que hacemos es desarrollar sistemas abiertos de picosatélites (satélites pequeños) para democratizar el acceso al espacio. Que cualquier empresa, persona, colegio, o universidad pueda lanzar su dispositivo al espacio para experimentación, o sensores con fines comerciales como montar su propia red de comunicaciones, de observación terrestre... Estamos enfocados en reducir el coste de lanzamiento y de ahí viene el satélite tan pequeño. El coste de lanzamiento es directamente proporcional al tamaño, volumen y peso que tiene el satélite. Lo que hemos hecho es miniaturizar esos satélites, lo hemos hecho más asequible y hemos desarrollado este nuevo sistema modular por el que podemos distribuir y vender estos satélites".

La prueba de fuego será el próximo mes de octubre, cuando el Fossa Sat-1 sea lanzado a través de Rocket Lab, una empresa privada. Los 25.000 euros que cuesta el lanzamiento los han conseguido a través de una operación de crowdfunding en la que se anuncia lo siguiente: "Permitiremos que miles de estudiantes o personas interesadas tengan acceso a comunicaciones globales. Y lo haremos creando la primera red global de telecomunicaciones sin necesidad de infraestructura terrestre. ¿Cómo? Mediante el uso de receptores caseros de menos de 4 euros a los que se puede conectar cualquier persona o sensor de monitorización".

Y todo gracias a un satélite que cabe en un bolsillo y que tendrá una misión muy concreta: "Para validar y enseñar que funcionaba le teníamos que dar una misión específica, que en este caso es la creación global del Internet de las cosas, que es abierta y gratuita. Esto no significa internet para cualquier persona que quiera entrar en Google. Es una conexión a muy baja velocidad para enviar paquetes de sensores de monitorización, por ejemplo. O en el campo de la agricultura para un sensor de temperatura que todos los días emite una señal para que se riegue. Tenemos cobertura global para que cualquier persona tenga acceso a la red un mínimo de una vez al día y hemos hecho algo nuevo que es crear esta red abierta".

Del dormitorio al espacio

Julián dice con orgullo que ha conseguido "destruir la barrera hacia el espacio, que siempre se ha visto como algo muy complejo e inaccesible. Hemos roto el estereotipo. Es algo muy poco común que haya gente de nuestra edad lo haya logrado. Soy el líder del proyecto y todo se lleva desde mi dormitorio. Las pruebas se realizan en universidades y en laboratorios, pero el desarrollo fundamental se ha hecho en mi cuarto y eso no es nada habitual".

Al joven linense le gustaría ser ingeniero aeroespacial, pero de momento ya tiene claro que su futuro puede estar en otro país: "Es una pena que en España haya tan poco interés y las escasas inversiones que hay en este tipo de proyectos. Tengo claro que en España no voy a poder seguir porque no hay muchas oportunidades. Son iniciativas que se deberían apoyar porque España es un país con mucho talento, pero se tienen que marchar".

Es consciente de que algunos chicos de su edad se sorprenden cuando lo ven apareciendo en los medios de comunicación y tienen recelos. "Mucha gente no lo entiende. Muchos piensan que esto es mentira, pero dentro de unos meses ya se darán cuenta del logro que ha sido". Su padre trabaja en la banca y su madre es decoradora de interiores, nada que ver con Julián. "Soy un autodidacta que me he pasado y me paso muchas horas estudiando".

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20 de junio de 2019 - 21:42 h

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