La guerra privada de Trump
“Michele Sparacino se encontraba en una trinchera repleta de muertos y barro, mientras los austriacos le disparaban a diestro y siniestro. ¿Qué cojones le he hecho yo a esta gente?, se preguntaba atónito. Y no se refería solo a los austriacos”. Una guerra más, de su horror, estupidez y de uno de sus protagonistas, en este caso con nombre y apellidos, da cuenta Andrea Camilleri, en La guerra privada de Samuele.
La guerra que siempre vivimos, y ahora también, es la guerra privada de alguien, hoy más que nunca. Privada y tiránica, esta es una guerra de plutócratas que se saltan todas las reglas de una convivencia en común. Las reglas internacionales, el derecho, las instituciones multilaterales y, para ser más de autor, la propia Constitución de los Estados Unidos de Norteamérica. Es la negación de la democracia.
Sin embargo, la guerra no es de financiación privada, como hacían los generales romanos cuando fallaba el erario público (o por las societates publicorum, que ya entonces existía la colaboración público-privada), sino con el dinero de todos. A pesar de ello, con algo muy en común con aquellas guerras, para el beneficio de las minorías plutocráticas, ahora, las grandes multinacionales de armamento, energía, petróleo, gas, construcción… El ejemplo de Gaza es más que suficiente.
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