Que gane er Beti fuera y el Barça en casa
Tengo simpatía y una suerte de solidaridad tribal con Gabriel Rufián, al fin y al cabo compartimos ideas periféricas y, además, ambos somos hijos de andaluces. Esto último, su origen, produce rechazo en su Cataluña natal; los que se creen puros, de variados espectros políticos, no le acaban de dar la ciudadanía plena —simbólica se entiende—, lo cual me hace aún más solidario y próximo.
Rufián continúa con sus preguntas e inquietudes mientras sólo obtiene respuestas pobres, repetidas y convalecientes de errores pasados, muchas de ellas con un trasfondo mobiliario que habla de urgencias y temores; salvar los muebles no puede ser un objetivo, y menos si el mueble evoca a uno muy concreto: el sillón curul, parlamentario o gubernamental.
Los aludidos, en pleno reseteo, dicen que están unidos a bocinazo limpio televisado en los tablaos de Madrid, aunque ya los creíamos unidos. Fieles al pasado, se anuncia alguna que otra nueva incorporación de una pyme política más; unidos sin que esa unidad sugiera fortaleza ni asegure el reenganche de los descolgados.
Quedaría expedita otra vía: la que agrupare a la izquierda revoltosa, la que nunca irá con el PSOE pero que tendría que reconocer, como todos, que apoyaría una solución progresista de gobierno resistente a lo que todos dicen un peligro
Hemos entendido la propuesta de Rufián, aun reconociendo la imposibilidad de su solución. Además, si me es permitido, mantengo una cierta discrepancia: en la ecuación falta de manera explícita el PSOE, porque si este último no resiste, cualquier otro intento será vano. Por añadidura, no se entiende que las izquierdas coaligadas en el poder se hayan quedado ya secas de ideas vigorosas posibles, habida cuenta de que siguen en el gobierno y no se esperan elecciones hasta dentro de año y medio.
Entre tanto experto, uno tiene también su idea: un poner, seguramente sería interesante, con los mismos fines y preocupación, que el PSOE —con la fórmula más decorosa posible— llevara en sus filas, con siglas o no, de manera visible, a la parte amiga, digamos más moderada de la izquierda, hoy desconcertada por la amenaza demoscópica. No es una fórmula alejada de los papeles, aunque voluntariamente ignorada; publicada y disponible está la reflexión de algunos miembros de la ejecutiva socialista de ir conjuntamente con el Movimiento Sumar en ciertas circunscripciones.
La opción no sería novedosa, el PSOE ya hizo con Los Verdes algo parecido en Andalucía hace unas legislaturas, aunque reconozco que me pierdo a la hora de identificar qué verdes serán ahora aquellos por el carácter floreciente —de flor, no siempre en primavera— de estas organizaciones ecologistas. Por otra parte, hablando también de nacionalismos, recuérdense los intentos, cuajados en comicios europeos, de una eventual alianza de las fuerzas autóctonas en los que se autodenominan territorios históricos, la llamada Galeusca, que asoció a formaciones nacionalistas de Galicia, Euskadi y Cataluña. De vez en cuando, vuelven a repetir lo que llevan diciendo desde bien entrado el siglo pasado.
Es una gran filosofía sobre los amores compartidos y compatibles: que ganen los dos, er Beti y el Barça
Con esos perfiles electorales señalados y no aclarados: por un lado, la izquierda moderada unida, ciertos de ellos con implantación territorial limitada, por objetivo o incomparecencia; por otro, nacionalistas pata negra. Quedaría expedita otra vía: la que agrupare a la izquierda revoltosa, la que nunca irá con el PSOE pero que tendría que reconocer, como todos, que apoyaría una solución progresista de gobierno resistente a lo que todos dicen un peligro, a saber, que llegue la ultraderecha. Si no, todo es pan migao, todo será una nueva edición del movimiento pendular fruto del desconcierto secular de la izquierda que se cree pura e incluso casta. La madre, otra, de todas las unidades.
Volviendo a Rufián, a ambos nos gusta el fútbol, pero con pasiones distintas; lejos estamos de cambiar, como hijos también de Eduardo Galeano. Quizá no le acabe de gustar esta cita porque no involucra al Espanyol de sus amores, pero sí evoca su condición nacional compartida. En realidad más que una cita es una rumbita y es de Joan Manuel Serrat. Caminito de la obra, que así se llama, canta los desvelos, la ilusión, las emociones y pasiones de tanto currela inmigrante andaluz en Cataluña: que gane fuera er Beti y el Barça en casa. Un consuelo híbrido.
Tal vez la letra resuma lo complejo de todo enfoque desesperado pero posible, pero es una gran filosofía sobre los amores compartidos y compatibles: que ganen los dos, er Beti y el Barça. Ojalá le vaya bien a Gabriel, nos vaya bien a todos, difícil porque en su caso tendrá que ganar ERC en Cataluña y fuera toda la izquierda.
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