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Una obra de arte no se toca: Mijas pagará 25.000 euros al autor de una escultura por cambiarla de color sin su permiso

A la izquierda, escultura original. A la derecha, tras la intervención del Ayuntamiento

Néstor Cenizo

Málaga —
29 de junio de 2026 21:48 h

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En febrero de 2024, el artista plástico malagueño Juan Manuel Reyes se llevó un palo tremendo. Cada mañana, cuando se levantaba, veía cómo unos operarios trasteaban la escultura ubicada en mitad de la rotonda que divisa desde su casa de Mijas. Primero le dieron una buena mano de pintura, y después le colocaron unos vinilos adhesivos. Decían darle lustre, pero él sentía que le estaban cambiando la esencia. Aquella escultura la creó él y le puso nombre como a una hija, La Veleta, y le dolía en el alma que aquellos hombres la toquetearan.

Al principio lo dejó estar, pero las pegatinas que simulaban unos antiguos relojes de cuerda fueron demasiado. Llamó al Ayuntamiento, pidió explicaciones y tuvo que registrar un escrito para que el Ayuntamiento retirase los adhesivos. Insistió, y también consiguió que devolvieran la obra a su color original.

Pero no se quedó ahí. Buscó asesoramiento de VEGAP, una entidad que ayuda a gestionar los derechos de autor de artistas plásticos, y se convenció de que debía hacer algo más para restaurar el atropello. “Sentía que me habían puesto un pie en el pecho. No podía mirar a otro lado”, comenta. Así que puso una demanda, en la que explicaba que se había vulnerado su derecho de propiedad intelectual sobre la obra, en sus narices y dándole publicidad, y que eso le había producido un daño moral que debía compensarse.

Hace unos días, la titular del juzgado 3 de lo Mercantil de Málaga le dio la razón. El Ayuntamiento de Mijas (95.104 habitantes) vulnero sus derechos, le produjo un daño moral y deberá indemnizarle con 25.000 euros. El equipo de gobierno que conforman PP, Vox y Por mi Pueblo no recurrido la sentencia. Tampoco ha contestado a las preguntas de este medio.

Una metáfora de la construcción del pensamiento

La Veleta es una estructura vertical de ocho metros de altura conformada por media docena de cuerpos geométricos (prismas y cilindros) uno encima de otro, y otro cuerpo irregular exterior. Se ubica en la rotonda de la Avenida El Limonar de la Cala de Mijas, junto al colegio de Infantil y Primaria El Chaparral.

La Veleta se describe como una metáfora sobre la construcción del pensamiento en un vídeo sin sonido de hace 15 años, donde se muestra el proceso creativo, el montaje, el traslado y su inauguración con la comunidad educativa. Allí ya se observa el modelo en miniatura con los mismos colores que luego el artista dio a su obra.

Fue costeada por empresarios locales e inaugurada el 15 de octubre de 2011, y cuenta el autor que el hecho de tener que poner de acuerdo a mucha gente ya le supuso ciertas limitaciones creativas y económicas. Pero eso no la hacía menos propia: “Te puede gustar más o menos, pero siempre intenté que tuviera dignidad”.

Hasta febrero de 2024 nadie le había tocado, pero el tiempo hace estragos. Así que poco después de llegar al poder mediante una moción de censura, el nuevo equipo de gobierno pensó que había llegado la hora de lustrarla con una capa de pintura. Así unos operarios se pusieron manos a la obra. Y de paso, le cambiaron los colores a cinco de las siete piezas. Después, quisieron ponerle pegatinas serigrafiadas.

Demasiado para Reyes, que se enteró de que mancillaban su escultura porque vive enfrente. No podía evitar ver cada mañana cómo le habían cambiado a su creación. Un daño moral reiterado y añadido a la repercusión mediática del caso y al sentimiento de que el Ayuntamiento ignoraba sus derechos como autor. El hecho de que estuviese en una rotonda parecía conferir a la pieza las mismas cualidades materiales y jurídicas que una farola.

La sentencia: “Los colores eran esenciales”

Además de pedir que pararan y repusieran la obra a su estado original, Reyes llevó a juicio al Consistorio, pidiendo que se reconociera que él era el autor, que se habían vulnerado sus derechos morales reconocidos en la Ley de Propiedad Intelectual, que cesara el atropello y nunca se volviera a cometer, y que le abonaran una indemnización.

El Ayuntamiento, que nunca negó la autoría, se negó a pagar, razonando que había repuesto la escultura a su estado original en cuanto el autor se lo pidió, y que solo quería restaurarla del deterioro que ya sufría. Además, alegó que en el poco tiempo en que la obra lució alterada no pudo producirse un daño moral al autor.

La jueza ha dado la razón a Reyes: “pese a las dificultades” para acreditarlo, dice la jueza, hay un daño moral en la alteración sin permiso de una obra sujeta a la propiedad intelectual. “Resulta evidente que los colores que se habían utilizado por su autor eran esenciales en la constitución de la escultura”, resalta.

El daño se agravó por el hecho de que la obra esté en una zona de tránsito de vehículos “a la vista de multitud de personas” que cada día dan la vuelta a la rotonda agrava el daño. La cercanía de su vivienda permite suponer que el autor observó cada día cómo iban cambiándola, con el consiguiente daño “interno y personal” acrecentado por la repercusión mediática.

La jueza reconoce que no es fácil valorar económicamente el daño, pero aquí el Consistorio se lo puso fácil. Frente a la reclamación del autor, que valoraba económicamente el daño, el Ayuntamiento guardó silencio. Negó el daño, pero no presentó una estimación para el caso de que la jueza sí que lo apreciase, como así ocurrió. Así que la cuantía ha sido la reclamada: 25.000 euros más intereses. Además, el Ayuntamiento deberá difundir la sentencia en un periódico nacional y en otro regional elegidos por el autor.

Una obra de arte no es un coche

La sentencia entronca con otros casos mediáticos como la condena en 2009 al Ayuntamiento de Bilbao a inedmnizar al arquitecto Santiago Calatrava por añadir una pasarela al puente Zubi Zuri para conectarlo con un complejo comercial.

“Creo que hay un desconocimiento en algunos ayuntamientos”, comenta Roberto Calles, abogado de Herrero & Asociados, la agencia que ha representado a Reyes: “Creen que al haber comprado una obra de arte son dueños en todos los sentidos, y no le dan un trato distinto al que le dan a un coche, que puedes hacer lo que quieras con él, pero es que si compras una escultura o un edificio singular, tienen unos derechos de autor que van más allá”.

El Ayuntamiento recibió sus primeras quejas como una pataleta de un artista soberbio, y no como la reclamación de un derecho. “Ése es el problema: cómo lo ven ellos”, comenta el artista, de 50 años. Tras una etapa en Barcelona, ha vuelto a su tierra y el panorama que se ha encontrado es desolador: “La Cultura en la Costa del Sol está en manos de políticos que desconocen sus funciones. Esa responsabilidad le cae al último concejal: ineptos y personas sin capacidad, personas que se manejan con prepotencia”. Nadie del Ayuntamiento le ha pedido disculpas.

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