De la Torre, el alcalde que busca gestionar el “éxito” de Málaga y sus efectos hasta los 88 años: “Creo que es el último mandato”
Francisco de la Torre (PP) quiere seguir siendo alcalde de Málaga hasta cumplir 88 años, al menos. El anuncio se daba por descontado porque ya se sabe que si solo por él fuera seguiría para siempre, y porque había ido dando pistas en las últimas semanas: “Si consigo hacer más deporte, allí estaré”. Al tiempo que anunciaba su decisión a los periodistas, su equipo ha publicado un vídeo donde se le ve nadando de buena mañana, y en el que anuncia que volverá a participar en la travesía del puerto. Si tiene tiempo y energía para eso, De la Torre sigue, era el mensaje. Pero no por asumido deja de ser noticioso que un alcalde de 83 años que lleva un cuarto de siglo gobernando una gran ciudad de España anuncie que volverá a intentarlo. Sobre todo, teniendo en cuenta que ha ganado siempre que se ha presentado.
De la Torre anunció este lunes que se presentará como cabeza de lista del PP en las próximas elecciones municipales, que se celebrarán en mayo de 2027. El PP gobierna la ciudad desde 1995. En las últimas elecciones recobró la mayoría absoluta que había perdido en 2019, y hoy tiene 17 de los 31 concejales del Consistorio, además de un denso equipo de cargos de confianza. Una potente estructura en la que sobre todo luce él, convertido ya en “alcalde por antonomasia”. “Me siento útil. Y acepto que ese sentimiento pueda prolongarse en el tiempo”, ha dicho el regidor, que se presentará con 84 años cumplidos.
Hoy, Málaga suele identificarse con Francisco de la Torre, que ha cincelado un modelo reconocido fuera de la ciudad al que le asoman críticas crecientes en ella: la capital de la Costa del Sol es alabada por su atractivo estilo de vida para nómadas digitales, perfiles de alto standing y turistas de todo tipo; pero la oposición y muchos vecinos le critican por haber hecho la vista gorda mientras la ciudad se convertía en un parque temático para el turismo a mayor beneficio de unos pocos; que la vivienda sea un imposible para los malagueños; la acelerada pérdida de identidad de la ciudad; o la degradación más allá de la almendra central.
Cunde la idea de que a veces se gobierna para el lucimiento exterior, y que se postergan las necesidades de los vecinos hasta que no cabe más remedio que legislar, tarde, y con medidas de dudoso impacto. Eso explica las cuatro manifestaciones masivas por la vivienda.
En cuanto al estado de la ciudad y los servicios municipales, conviene un vistazo a los barrios: los apartamentos turísticos proliferan en bajos comerciales sin actividad, las aceras acumulan roña y manchas de orín y grasa, la indigencia ha aumentado de forma ostensible. En el Centro, cuesta encontrar malagueños entre turistas, no siempre respetuosos con las ordenanzas municipales. En definitiva, una ciudad cada vez más ajena, según los críticos.
Mariano Ruiz Araújo, portavoz socialista, cree que su proyecto está “agotado” y que es “dañino para la mayoría social” en Málaga, porque es el “autor y máximo responsable” de la crisis de vivienda. Su proclamación “prolonga la agonía” de una ciudad necesitada de cambios. Toni Morillas, portavoz de Con Málaga, subraya que la ciudad ha perdido los últimos cuatro años desatendiendo la “Málaga real”.
Formas afables, inflexible en el fondo
De la Torre ha anunciado que acepta “la petición del partido” para que se presente. “Mi respuesta es sí”. Es una fórmula. Hace tiempo que De la Torre es el gran activo del PP en la ciudad, una marca en sí misma, y por tanto libre para tomar su propia decisión porque, piensan en el partido, se lo ha ganado: siete victorias, cinco de ellas con mayoría absoluta, son su carta de presentación.
Es alcalde desde que tenía 58. Llegó al cargo tras ser teniente de alcalde y concejal de Urbanismo de Celia Villalobos, y aquello ya era su segunda vida política. La primera fue en pleno franquismo. Fue presidente de la Diputación Provincial de 1971 a 1976, Procurador de las últimas Cortes franquistas y diputado de las primeras en democracia, ya bajo el ala de la Unión de Centro Democrático (UCD) de Adolfo Suárez y luego del PRD de Miquel Roca.
Ingeniero de agrónomo y sociólogo de formación, y con un sólido bagaje en la cultura francesa hasta el punto de que en 2017 recibió la insignia de la Legión de Honor, la más alta distinción civil en el país galo, tiene cuatro hijos con su esposa, Rosa Francia.
Es dueño de un estilo moderado, de democristiano clásico, enemigo del histrionismo y las declaraciones rimbombantes, aunque implacable para imponer su criterio, según quienes han compartido escenario político con él. Entre él y su equipo han creado una imagen de señor afable, dialogante, reconocido incluso por sus adversarios, que escucha (lo que haga después es otra cosa), y a quien apenas se le recuerdan salidas de tono. Cuando ocurren son noticia: el año pasado perdió su compostura habitual durante un Pleno en el que le afeaban la suciedad en las calles y su “a ver a ver a ver” apuntando con el dedo a una señora acabó convertido en meme viral.
El riesgo de perder la mayoría absoluta
La duda a resolver es si la marca no acumula ya el suficiente desgaste como para poner en riesgo sus holgadas mayorías, y si esto le pondría en manos de Vox. El alcalde prefiere no plantearse esta posibilidad. Cuando Moreno llegó a un acuerdo con los ultras para repetir como Presidente a costa de asumir muchos de sus postulados, lo asumió como única opción posible, pero no lo celebró con la efusividad del alcalde de Sevilla. En Málaga, los dos ediles de Vox han conseguido desajustar su perfil moderado hasta hacerle votar a favor de una moción contra la regularización con tintes xenófobos. Luego dijo que fue un error pero mantuvo el apoyo a los puntos clave.
Si la opción de que pierda la mayoría absoluta está en el aire es sobre todo por la crisis de vivienda, muy singular en una ciudad donde es tarea imposible encontrar alquileres o pisos a la venta por un precio asequible, ha mellado su perfil. Este lunes ha dicho que es “consciente” de que el principal desafío es el alojamiento, pero lo ha definido como daño colateral de “los éxitos”. Su diagnóstico es que “se construye menos de lo que la gente demanda” por las trabas burocráticas y la falta de energía eléctrica para sacar adelante todos los proyectos.
De la Torre saca pecho de la llegada de empresas tecnológicas, de la consolidación de un sello cultural y en materia ambiental. Todos son ciertos, y todos tienen grietas visibles. La Málaga tecnológica es un hub que atrae empresas y trabajadores extranjeros, muchos de ellos nómadas digitales que disparan los alquileres en una ciudad donde el esfuerzo salarial que requiere tener casa ha escalado a lo más alto del país. La generación de un ecosistema local es incipiente y no está garantizada. La potencia de museos como el Pompidou, el Thyssen, el Picasso o el Ruso (ahora cerrado por la guerra en Ucrania) es muy atractiva para el turismo, pero hay muchas voces que cuestionan que eso haya supuesto un despegue cultural. Y el supuesto sello ambiental es quizá el más desconcertante: más allá de etiquetas y banderas, basta un paseo por los barrios, y está en el aire hasta la aplicación de la zona de bajas emisiones.
En los últimos años, muchos de los anuncios estrella en la ciudad se han quedado en eso o avanzan con parsimonia, lastrados por falta de presupuesto, dificultades burocráticas, las dudas o los recursos judiciales. La lista es larga: las torres de Repsol, el Auditorio, la torre del Puerto, la parcela del Astoria. Más dolorosas aún han sido las candidaturas frustradas: a la Capital Europea de la Cultura 2016, a la Exposición Internacional de 2027, a la sede del Mundial 2030, a sede de la Autoridad Aduanera Europea.
En cartera tiene otro puñado de proyectos ambiciosos: el más reciente, trasladar el estadio de fútbol de La Rosaleda a la ampliación de Teatinos, algo que no estaría terminado antes de 2032. También, los puentes plaza sobre el Guadalmedina, que ya ha empezado a licitar, como el ambicioso Auditorio de música, para el que no cuenta con el apoyo del Ministerio y en el que insiste desde hace veinte años y ahora ya con parcela y en fase de redacción de pliegos. Entre los planes supramunicipales, el tercer hospital y la finalización de las obras de la línea 2 de Metro.
La duda del número 2
Con cada anuncio, una especie de ritual cada cuatro años, sobrevuelan dos dudas. Si reedita victoria: ¿agotará el mandato? Este lunes dijo que su compromiso es “para cuatro años” y que su propósito es “cumplir” “mientras la salud” se lo permita. Igual que la última vez. ¿Será el último? Y aquí ha terminado cediendo a la naturaleza, pero sin ser tajante: “Creo que sí”.
Resuelta la incógnita principal, siempre queda mirar al número 2 para calibrar sucesiones. Málaga, sexta ciudad de España en población, es un bastión del PP desde hace más de 30 años. Él no lo ha anunciado, “no me corresponde a mí”, pero es una elección importante. Este mandato lo fue Elisa Pérez de Siles, portavoz del PP municipal, en la quiniela de candidatos desde hace años. Otra que ha sonado es Carolina España, vicepresidenta y portavoz de la Junta de Andalucía, pero su desembarco implicaría una operación política de otra naturaleza: sacar a un pilar del Gobierno de Moreno que nunca se ha probado como cabeza de lista en unas elecciones.
De la Torre ha adelantado el anuncio respecto a lo que ha sido habitual hasta ahora, porque el próximo fin de semana el PP celebrará en Santiago de Compostela la proclamación de candidatos para las municipales. En los últimos días le dio las vueltas suficientes para que cayera como fruta madura, aunque quienes le rodean le insistan en que es hora de que se dedique más tiempo a sí mismo y a la familia.
Muchas mañanas sale a pasear a primera hora por la Malagueta antes de afrontar las tareas municipales. Este lunes dijo que se ve bien y que nota el cariño de la gente, que le para por la calle para hacerse fotos con él, aunque no quiera “presumir”. Hay que deducir que ha conseguido cuadrar su agenda para hacer más deporte o que ha encontrado un gimnasio con horarios imposibles antes de decantarse por lo de siempre: presentarse de nuevo.
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