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Vox arranca la precampaña andaluza apuntando a Moreno: “Es una estafa permanente”

El presidente de VOX Santiago Abascal interviene durante el acto político que el partido celebra este jueves en Málaga. EFE/Jorge Zapata

Néstor Cenizo

Málaga —

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Vox ha dado el pistoletazo de salida a la precampaña electoral con un acto en Málaga para presentar a todos sus números 1 provinciales, incluyendo al candidato a la Presidencia Manuel Gavira, que ha precedido al presidente del partido, Santiago Abascal. El mensaje electoral, ya se sabe, es que Juan Manuel Moreno y al PP son equiparables a los socialistas, y que van a tener que sudar tinta para convencerles de que quieren cambiar una serie de políticas y normas que, según la extrema derecha, priorizan a los extranjeros sobre los españoles.

Esta idea central de su primer mitin electoral en Andalucía atraviesa todo: de la descripción de una Sanidad agotada al encarecimiento de la vivienda, pasando también por lo simbólico. Así que Abascal, cuyo partido podría ser determinante para que el PP revalide su Gobierno, ha llamado a Juan Manuel Moreno, presidente de la Junta de Andalucía, “Juanma Moruno”, un chascarrillo de los agitadores ultra, a cuento de su supuesta identificación con Blas Infante, para el que también ha tenido palabras Abascal: “Santón”. “Nosotros venimos a defender la Andalucía verdadera, que es la de Fernando III el Santo, que recobró esta tierra de los moros”.

Fue Andalucía el lugar donde Vox irrumpió en el escenario electoral, con 12 diputados en las autonómicas de 2018. Son las elecciones de la dulce derrota de Moreno: obtuvo el peor resultado histórico en votos y escaños (26), pero el apoyo de Ciudadanos y Vox le llevaron a la Presidencia interrumpiendo 40 años de gobiernos andaluces socialistas, y sumiendo de paso al PSOE-A en una crisis de resultados de la que aún no se ha recuperado. Hoy los sondeos sitúan al PP de nuevo al borde de la mayoría absoluta, que dependerá de la batalla con Vox.

Gavira, el candidato de Vox (“un tipo leal al que daría las llaves de casa y le dejaría cuidar a mis hijos”, dice Abascal), ha acusado a Moreno de ser una “estafa permanente”, de “mantener a los enchufados socialistas”, abrazar la “locura climática” y “abriendo puertas a la inmigración ilegal”. Pero también le ha atizado con la degradación de la Sanidad o la falta de vivienda, que vincula a la inmigración. “Llega uno de fuera y al día siguiente ya tiene las ayudas”, ha asegurado, sin citar de dónde extrae esa conclusión.

Su líder, Abascal, dice que el cambio que prometió Moreno en 2018 fue solo de siglas. También, que el propio Moreno “promociona la invasión”, cuya intención última es “sustituirnos”. Y que si puede va a expulsar a todos los niños y niñas no acompañados de vuelta a su país. El último CENTRA (el barómetro de la Junta de Andalucía) señala que la acogida de menores extranjeros es valorada positivamente por el 66% de los andaluces. Los principales problemas percibidos son la sanidad, el paro y la vivienda, y la estrategia de Vox pasa por vincularlos todos a la inmigración.

El contexto de las negociaciones autonómicas

Entre tanto, el partido ultra sigue sin resolver su apoyo a la investidura de los candidatos del PP ganadores en el carrusel reciente de elecciones autonómicas: Extremadura, Aragón y Castilla y León, por este orden. Sus votos son clave para que María Guardiola, Jorge Azcón y Alfonso Fernández Mañueco revaliden su cargo, pero los de Abascal arremeten casi a diario contra los de Feijoo mientras estos ignoran las pullas, cuando no responden con guiños a la ultraderecha en clave ideológica.

Vox pone precio al apoyo, y este jueves Abascal ha dicho que tiene la “sensación” de que “pronto” será posible llegar a un “acuerdo razonable”, “si Génova no se dedica a poner palos en las ruedas que es lo que han estado haciendo”. “En Andalucía no sabemos qué pasará”, dice.

Moreno aspira a no tener que pasar por todo esto revalidando una mayoría absoluta que no logró en 2018 (tuvo el apoyo de investidura de Vox y Ciudadanos, que luego le acompañó en el gobierno) pero sí en 2022, principalmente gracias al hundimiento del PSOE, la desaparición de Ciudadanos y el crecimiento contenido de la ultraderecha. También ayudó el improbable supuesto de obtener los últimos diputados en liza en la mayoría de las provincias. La mayoría absoluta y la recomposición del liderazgo en el PSOE le ha procurado una legislatura plácida, alterada sólo por la crisis de los fallos en los cribados del cáncer de mama, presentada como síntoma de la debilidad del sistema sanitario.

El objetivo de Moreno es que nada de esto cambie. “Estabilidad o lío” es el mantra de la campaña. El candidato del PP busca a su derecha el sostén suficiente de su mayoría, y lo que ve en las encuestas y estudios refuerza esa idea. Esta misma semana, el CIS le ha procurado una alegría al despegarlo de todos los demás en la valoración de los andaluces: es el único que aprueba, a mucha distancia de Montero. El 40,9% prefiere que el Presidente siga siendo él.

En cambio, ese mismo sondeo (realizado a partir de 6.000 entrevistas realizadas antes de que Vox hubiera elegido candidato) reafirma los indicios de que el partido podría estar frenando su ascenso: según esa encuesta, tiene un 8,8% de intención directa de voto, por debajo de las encuestas previas a los comicios en Extremadura (14,2%), Aragón (12%) y Castilla y León (13%). En 2022 obtuvo un 13,5%, que se tradujo en 14 escaños que no sirvieron para condicionar la investidura de Moreno.

Un mitin en una plaza rodeada de edificios

Vox celebra el mitin en una plaza interior, rodeada de altos edificios blancos, setenteros, en pleno barrio de La Luz, de modo que un miembro de seguridad se pasa el acto haciendo el limpiaparabrisas en busca de un dron o un vecino incómodo. Algunos se asoman a la terraza, pero nadie dice nada.

El partido ameniza el comienzo de su primer acto de precampaña con Que viva España, una tonadilla que reinterpretó Manolo Escobar pero que antes cantó y compuso un belga titulándola Eviva España en una confusión con el italiano. Iba a llamarse Eviva el Papa, pero Leo Rozenstraten la retituló para aprovechar el gancho turístico español. Para cuando sale Abascal han cambiado a una instrumental vagamente épica, y es un lío. La gente no sabe si arrancarse con aplausos o con el inevitable “Presidente, Presidente”, de modo que todo queda un poco aguado al final.

Entre el público que colocan detrás de los oradores para hacer bulto destaca un joven con una Cruz de Borgoña estampada sobre la camiseta. El acto termina con una petición por megafonía: “Nos ponemos en pie para el himno nacional”. Y así lo hacen, claro.

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