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Agricultura rectifica y prohibirá cazar conejos a tramperos sin licencia

La población de conejo silvestre tiene oficialmente magnitud de plaga en algo más de un centenar de municipios.

Dos de las medidas más polémicas incluidas por la consejería de Agricultura en su decreto de “medidas extraordinarias y urgentes para el control de la población silvestre de conejo común”, aprobado hace ahora un año ante la magnitud de la población de esa especie en algo más de un centenar de los 731 municipios aragoneses, dejaran de estar vigentes próximamente: una es la vía libre para que personas sin licencia de caza puedan atraparlos mediante trampas tanto en cotos como en terrenos no acotados, y la otra, la obligación de utilizar “dispositivos de iluminación artificial adecuados” en la caza nocturna, cuya finalidad era “aumentar la eficacia de la caza y la seguridad en el disparo” .

El ejecutivo autonómico se ha comprometido a derogar ambas medidas en una negociación celebrada en el seno de la Comisión Bilateral que comenzó después de que el Gobierno central decidiera llevar esas medidas al Tribunal Constitucional al apreciar que la DGA había invadido sus competencias: urgencias al margen, ambas decisiones suponían un cambio radical de las reglas del juego de la caza en uno solo de los territorios del Estado.

No obstante, y pese al acuerdo en la Comisión Bilateral, fechado el 16 de septiembre, ambas modalidades de caza siguen vigentes a la espera de que ese decreto, publicado el 11 de octubre del año pasado, sea modificado.

En cualquier caso, no se trata de la única norma autonómica pendiente de reforma tras negociarla en ese órgano, algo que también ocurre con el veto a la publicidad de casas de apuestas y negocios de prostitución en instalaciones deportivas, cuyo levantamiento forzó el Gobierno central pero sin que hasta la fecha haya sido modificada la legislación que lo recoge.

Aumentar la seguridad y eficacia en la caza nocturna”

El decreto de medidas especiales incluía cuatro medidas, dos de las cuales van a ser retiradas. Una de ellas es la obligación de “utilizar dispositivos de iluminación artificial adecuados” para “aumentar la seguridad y eficacia en la caza nocturna del conejo” y la otra, la autorización para “la captura en vivo de conejos durante todo el año mediante jaulas-trampa u otros dispositivos apropiados, sin necesidad de licencia de caza por parte de quienes lleven a cabo la acción”.

Para esta última modalidad, que a fecha de hoy todavía puede desarrollarse “tanto en los terrenos cinegéticos como en terrenos no cinegéticos”, únicamente era necesaria una autorización del titular del coto o del propietario de las tierras, según el caso. Podía realizarse a lo largo de todo el año.

El decreto contemplaba otras tres modalidades relacionadas con la caza del conejo que no han sido cuestionadas por el Gobierno central: por una parte se eliminaba “la necesidad de disponer de una autorización especial del Instituto Aragonés de Gestión Ambiental para la tenencia de hurones destinados a la caza del conejo” y, por otra, “se permite la caza del conejo en madriguera a la espera”.

La tercera establecía la obligación de que los planes de gestión de los cotos de esos 118 municipios “deberán permitir que todos los socios o cazadores miembros del coto puedan cazar el conejo durante todos los días del año mediante cualquiera de las modalidades de caza y captura permitidas en cada fecha concreta”.

Un método natural: matar menos zorros

Los datos del Departamento de Agricultura indican que los cultivos de las explotaciones agrícolas de más de un centenar de municipios aragoneses, 38 en Huesca, ocho en Teruel y 68 en Zaragoza, se están viendo afectadas por una superpoblación de conejos que provoca daños en ellos, lo que llevó hace ya dos años a autorizar la destrucción de madrigueras en los campos afectados, entre otras medidas.

Otra, aprobada el año pasado, consistió en vetar en esos términos municipales el uso de determinados métodos de caza cuya principal víctima era el zorro, el principal depredador natural del conejo, y que se habían mantenido vigentes durante los años en los que comenzaba la proliferación de las poblaciones de este último.

Así, el uso de trampas de lazo y el empleo de perros de madriguera quedaba prohibido en esos pueblos y ciudades, en los que también se recortaba el periodo en el que es posible abatirlos al salto, en batidas y en esperas.

La primera de esas técnicas consiste en instalar trampas en las que el zorro, atraído por un señuelo aromático, normalmente químico, queda atrapado por el cuello o por una de las patas. En la segunda, los perros se introducen en las madrigueras para forzarlos a salir con el fin de matarlos a tiros, que es lo mismo que les ocurre a los que caen en una lazada. Las últimas suponen diferentes tipos de cacería, ya sea batiendo el monte un ocultándose en él.

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Publicado el
11 de octubre de 2020 - 23:29 h

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