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“La situación es parecida al verano y las medidas son más severas: no tenemos por qué tener ninguna preocupación sanitaria”

Enrique Bernal, investigador experto en la covid-19.

Enrique Bernal (Zaragoza, 1964) es uno de los investigadores que han seguimiento de la pandemia de coronavirus para la Organización Mundial de la Salud y forma parte del gabinete de crisis que se reúne cada mañana en el departamento de Sanidad del Gobierno de Aragón para asesorar científicamente a la consejera. Justo antes de que entren en vigor este lunes las nuevas restricciones de la alerta 3 sanitaria, se muestra confiado en que las medidas serán eficaces para contener el último incremento de casos.

De todos los indicadores sobre coronavirus, ¿cuáles son los datos más preocupantes estos últimos días en Aragón?

Cuando analizamos la evolución de una epidemia, siempre hay tres elementos que resultan más importantes. Dos hacen referencia a la evolución propia de la epidemia, a cómo se está distribuyendo el virus en la comunidad. El otro hace referencia al impacto sanitario que tiene el virus en ese momento. Normalmente, cada siete días hay que reevaluar la situación. En este último momento, hay dos elementos que son más llamativos en toda Europa, no sólo en Aragón. Uno no es la incidencia por cada 100.000 habitantes cada siete días, sino la aceleración que está adoptando la infección. De un nivel basal relativamente alto en Aragón, que estábamos en el entorno de 250 o 300 por cada 100.000 habitantes a los siete días, hemos pasado a que la posibilidad de que una persona infecte a dos se está acercando. Esa aceleración, esa capacidad de infección tiene más que ver con la infección comunitaria. Esto alerta de la posibilidad de que crezca más. Eso es el famoso índice de reproducción, del que se habla relativamente poco, que señala la capacidad que tiene en un momento determinado de la epidemia de que una persona infecte a otra, a dos, a tres o a cuatro. En este momento, estamos en el entorno del 1,2 ó 1,3. El crecimiento que se ve en este indicador con respecto a hace una semana nos advierte de que está existiendo un incremento comunitario, una transmisión comunitaria.

¿Cuál sería el otro elemento?

Si esto se traduce o no en tensión en el sistema sanitario. Estamos viendo que sí se traduce en un incremento de ingresos hospitalarios, mayor que las altas que se dan; sobre todo, en los ingresos en UCI con respecto a altas en UCI. Normalmente se dividen las camas que existen en las UCI en tres partes: una para covid, una para no covid -que es muy importante porque significa que estamos haciendo intervenciones quirúrgicas, que estamos resolviendo las necesidades habituales de la población, atiendes infartos, atiendes ictus...- y el otro 30% restante sería un colchón para aumentar o bien el número de pacientes covid o no covid. Lo que estamos viendo es que la parte covid está aumentando, cerca ya del 40%. Eso, con las camas habituales y teniendo en cuenta que estamos manteniendo la atención sanitaria al resto de la población. En España, igual que en otros países de Europa y también en Aragón, se está produciendo ese incremento. Esto nos tiene que alertar también de que la cosa está cambiando y deberíamos tener cuidado en las próximas dos o tres semanas.

¿Por qué se está produciendo ese aumento en el ritmo de transmisión?

El virus está ahí, está activo. Estamos entrando en otoño, que es una época en la que todos predecíamos que podía haber un repunte. También se ha observado una mayor movilidad. En Aragón, por ejemplo, se ha producido la derivada de la vuelta a los colegios, de los estudiantes de las universidades... Como curiosidad, todas las ciudades típicamente universitarias, que tienen una tasa de población universitaria más alta, como Santiago, Salamanca, Granada, Zaragoza... todas han tenido incrementos de transmisión. Además, nosotros hemos tenido las fiestas del Pilar. Aunque no hemos celebrado actos públicos multitudinarios, se ha producido una mayor interacción entre las personas. Y lo que ha sucedido también en el puente del Pilar es que ha habido más movilidad de población a las segundas residencias. Entonces, ya teníamos una tasa basal de virus, de incidencia acumulada de siete o catorce días, sostenida a lo largo de los meses, y además se ha producido un incremento muy importante. Por otra parte, en cuanto a las medidas de protección individual, las personas estamos cansadas de mantener un ritmo de protección alto y caemos en descuidos: podemos olvidarnos de ponernos la mascarilla en algún momento o quitárnosla más de lo imprescindible. Es una cierta relajación comprensible en el uso de las protecciones individuales. Quizá tenemos mejor perspectiva del uso de las mascarillas, pero el lavado de manos o la distancia de seguridad ya no se sigue tan a rajatabla. Si juntamos el otoño, con el incremento de la población y de la movilidad de la población y cierto efecto irradiador de la ciudad de Zaragoza sobre el conjunto de Aragón y la relajación de las medidas individuales, explicamos lo que estamos observando. Decimos Aragón, pero es lo mismo que ocurre en toda España y en toda Europa.

Lo que pasa es que en Aragón el verano no ha sido igual que en el resto del país... 

Es cierto, pero nos anticipamos, por una característica distinta a lo que estamos observando ahora. Ahora he hablado de transmisión comunitaria, pero en agosto no era transmisión comunitaria fundamentalmente lo que teníamos, sino que eran brotes que podíamos situar o bien en una zona muy concreta -por ejemplo un barrio-, o bien se producía por el efecto de la industria agroalimentaria -zonas donde se juntaban temporeros que tenían un índice de transmisión alto. Entonces, teníamos relativamente cerrado el círculo de contagios. Por tanto, sí subió el número de casos, pero no tanto la posibilidad de transmisión comunitaria. Son dos situaciones distintas. Claro, el problema de los temporeros también ocurrió en Cataluña: son dos zonas limítrofes, de la ribera del Ebro. Lo mismo ocurrió en la zona de la ribera del Ebro de Navarra. Ese fenómeno es completamente distinto al de ahora en el que sí existe transmisión comunitaria. Por tanto, hay que verlos de forma diferenciada.

Entonces, ¿la situación es ahora más grave que en verano?

No sé si la palabra es grave. Sí hay más casos, pero también se distribuyen en una población más joven. ¿Se producen más de ingresos y más ingresos en UCI? Es parecido. ¿Hay un exceso de mortalidad relacionado con la covid? En este momento, estamos prácticamente sin exceso de mortalidad; ha habido un par de días en los que se ha subido un poco de la previsión, pero son dos días sueltos, que no significa nada porque hay días de la semana que se producen notificaciones días de anteriores y se acumulan. No tiene relevancia desde el punto de vista del exceso de muerte. Por tanto, según el indicador que mires, se puede calificar de más o menos grave. No hablaría de más gravedad, sino de que hay una situación de alerta más amplia por el hecho de que hay transmisión comunitaria. Estamos parecido y con una diferencia: que en el verano las medidas que se adoptaron corrigieron esa situación relativamente parecida y ahora se han implementado medidas mucho más severas. La severidad de las medidas está relacionada con el hecho de que hay transmisión comunitaria y también con el hecho de que tus vecinos están estableciendo medidas severas, lo que quiere decir que también hay transmisión comunitaria en Cataluña, Navarra, La Rioja. Entonces, ahora existe un incremento de medidas alrededor de este tipo, internas y externas. El estado es parecido y las medidas son más severas. No tenemos por qué tener ninguna preocupación sanitaria.

Para adoptar las medidas se tienen en cuenta también las consecuencias económicas. Desde el punto de vista científico, ¿piensa que las medidas de alerta 3 sanitaria que entran en vigor este lunes deberían ser suficientes para contener este nuevo pico de casos en Aragón?

Sí. Hay que tener en cuenta que el objetivo no es erradicar el virus, sino controlar su efecto. Si la vacuna es como la del sarampión o la de la viruela, quizá llegue a erradicarse, pero esto no va a suceder ahora. Hay que medir la promesa de la vacuna. Con la vacuna lo que evitaremos son efectos: las hospitalizaciones o las más graves. Pero no desaparecerá el virus. Todos los países hacemos las mismas medidas, con el objetivo de mitigar los efectos del virus en la sociedad, en términos de personas más graves ingresadas, hospitalizaciones y muerte. Con esas medidas, se consigue. La vacuna nos ayudará, pero tendrá que ser combinada con alguna medida de contención o de reducción de la movilidad. No será el bálsamo de Fierabrás. Hasta que tengamos una cierta convivencia con este virus, que se acostumbre a nosotros y al revés, no dejaremos de tener medidas de esta naturaleza, más blandas o más duras en función de la situación epidémica. También hay que tener en cuenta que si las restricciones son muy duras, estamos dañando la economía. No es deseable dejar de hacer intervenciones quirúrgicas de pacientes con tumores. No es deseable llenar las camas de los hospitales y que no se puedan tratar pacientes con infartos. Entonces, las medidas han de tener un grado de intensidad acorde a la situación de cada momento. Por cierto, es distingo según la comunidad autónoma o la localidad. Por ejemplo, una medida que puede ser muy útil para Teruel puede no serlo para Zaragoza. O puede ser útil para Soria, pero no para Madrid. Hay que tener siempre flexibilidad e inteligencia continua para intensificar o disminuir la medida; hacerlo sólo aquí o para el conjunto

¿Hay margen para adoptar más medidas sin llegar a un confinamiento total como el de marzo?

Sí, por ejemplo, ahora no se van a tocar los colegios, institutos… Hay medidas en Zaragoza, Huesca y Teruel, pero tampoco se está hablando de confinamientos perimetrales del resto del territorio, aunque tengan casos. Tampoco se tocan los sectores que exigen movilidad urbana fuerte como las industrias porque el teletrabajo sólo se plantea como una opción deseable, siempre que se pueda a hacer. Ahí, hay capacidad de mayor intensificación. Por ejemplo, se pueden reducir las salidas de personas a la calle, limitar los recorridos, sin necesidad de confinar en casa. En este momento, en algunos länders de Alemania, han planteado estrictamente mantener a las personas en casa. Hay intensidades distintas. Otra medida sería el toque de queda de París que, sobre todo, tiene efecto en los barrios pobres entre las nueve y las doce de la noche. Un toque de queda en Zaragoza tendría mucho menos sentido que en París, porque las desigualdades sociales en Zaragoza no son tan importantes. Entonces, claro que se pueden tomar más medidas antes de llegar a las medidas del estado de alerta.

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Publicado el
25 de octubre de 2020 - 00:07 h

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