Las grandes marcas empiezan a vender ropa de segunda mano: ¿reduce esto su impacto ambiental?

La empresa Cos, propiedad de H&M, ayudará a sus clientes a vender y comprar los productos de su marca que ya no utilicen.

Esta semana, la empresa de moda Cos, propiedad de H&M, anunciaba que ayudará a sus clientes a vender y comprar los productos de su marca que ya no utilicen, con una nueva plataforma en Internet que lanzará en el Reino Unido y Alemania, Resell.

Se trata, según la compañía, de un paso hacia el modelo de economía circular en el que los productos alarguen su vida al máximo. "Resell refuerza su ambición y camino para convertirse en un modelo completamente circular y renovable", anuncia la marca en un comunicado. Sin embargo, cuando preguntamos a algunos especialistas en moda sostenible, aseguran que esto solo será posible si además hay un verdadero proyecto para reducir el impacto ambiental en la fabricación de las prendas y disminuir el consumo de prendas.

"Cualquier plataforma que apoye la venta de segunda mano de sus productos como propuesta sostenible necesita preguntarse qué volumen de productos nuevos está lanzando frente a los que vuelve a vender. Si la cantidad de prendas de segunda mano es insignificante en comparación con lo que fabrica cada año, tendremos que pensar la industria está simplemente apropiándose de la conversación sobre la circularidad", explica desde California Ayesha Barenblat, fundadora del grupo de soluciones de moda sostenible Remake.

En realidad, la propuesta de Cos no es totalmente nueva. Empresas como la cadena de ropa para actividades al aire libre Patagonia, o los grandes almacenes estadounidenses Macy’s, también ayudan a sus usuarios a vender productos usados.

La percepción de la ropa de segunda mano no es la misma que hace un tiempo para el consumidor. Según el último informe que publicó en junio Thred Up, una de las primeras compañías que aparecieron en Internet de este tipo de mercado, los consumidores, sobre todo los más jóvenes, sienten como algo positivo adquirir productos que tienen menos impacto ambiental, mientras que cada vez se muestran menos orgullosos cuando eligen productos como la comida rápida o la moda de usar y tirar.

La pregunta es si comprar y vender ropa de segunda mano es suficiente para reducir su impacto ambiental y, sobre todo, si es compatible con un modelo de ropa barata y de poca calidad en el que basan su negocio compañías como H&M.

"La ropa que no se fabrica para que sea duradera y para que aguante varios lavados no tiene gran valor en el mercado de reventa", explica Barenblat. "Además, hay que valorar también sus materiales. Si las prendas incluyen una mezcla de polímeros, estas liberan grandes cantidades de microplásticos en los océanos. Gran parte del impacto de la moda empieza en la fase de diseño. Por eso, si la ropa no es perdurable y de buena calidad, venderla de segunda mano simplemente es una operación de lavado de imagen más que un verdadero esfuerzo por conseguir un modelo más sostenible”.

Gema Gómez, fundadora de Slow Fashion Next, también considera que vender ropa de segunda mano, aunque tiene un gran valor, no es una fórmula que por sí sola podrá crear un modelo ambiental menos agresivo.

"La venta de ropa de segunda mano es una medida de transición", explica. "Es un buen recurso, ya que tenemos muchísima ropa que no nos ponemos en los armarios y hay que darle una salida. Pero cualquier solución de sostenibilidad para el futuro implica que tengamos en cuenta que el planeta tiene límites".

Para esta experta, el mundo de la moda está confundiendo el concepto de economía circular con la economía de reciclaje, cuyo único fin es reciclar todo lo que se pueda, sin tener en cuenta los materiales con los que la ropa se ha fabricado, el impacto de los productos químicos o la cantidad de prendas que se generan. "La ropa de segunda mano puede ser un buen sistema para cubrir ese piloto automático que tenemos de querer un cambio continuo, pero hay que aceptar que los recursos no son infinitos", comenta al analizar lo que significan estos avances. "Para que haya un verdadero cambio se deberían tener muy presentes las materias con las que se producen las prendas considerando sus ciclos de carbono, sus ciclos hidrológicos o su impacto sobre los ecosistemas y la biodiversidad".

Dieuwertje de Wagenaar, del proyecto Circular Fashion Lab, de la Universidad de Wageningen, también entiende que serían necesarios múltiples pasos para conseguir reducir significativamente el impacto de la moda hoy. "Habría que incentivar alternativas más circulares, como materiales naturales o reciclados, pues los que se usan ahora, como el poliéster, son más baratos, y ponen trabas a una opción circular", analiza desde Holanda. "También habría que mejorar las técnicas para reciclar las prendas, de modo que todas las materias primas (incluso las que están formadas por mezclas, muy comunes hoy en día) puedan utilizarse. Y, por último, necesitaríamos un cambio de actitud frente al consumo y la propiedad. Deberíamos cuestionar nuestro consumismo, sobre todo teniendo en cuenta el poco uso que se le da a algunas de estas prendas y preguntarnos por otras opciones como el alquiler de ropa".

Para la fundadora de Remake, al final hay que plantar cara a lo que tenemos enfrente pero nadie quiere reconocer: la necesidad urgente de reducir la producción. "Producimos y desechamos ropa de una manera abrumadora en medio de una crisis climática. Así que cualquier programa que promueva que las prendas continúen en circulación durante más tiempo es una medida positiva. Sin embargo, si solo nos quedamos con la venta de ropa de segunda mano apenas mejoraremos la explotación de recursos, tanto planetarios como humanos, que la moda está realizando a pasos acelerados".

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Publicado el
12 de septiembre de 2020 - 18:27 h

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