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El votante medio de Ciudadanos se divide en dos

El votante medio de Ciudadanos no piensa que haya posibilitado la resurrección del franquismo en las instituciones, sólo piensa en que Susana Díaz ya no está, que es lo importante. Como si meter el cadáver de Franco en el Parlamento fuera la única opción

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Juan Marín y Albert Rivera celebran los 21 escaños en el Parlamento de Andalucía

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El votante medio de Ciudadanos se divide en dos: ese clasista de chinos que abusa del  name-dropping en las conversaciones, y el que quiere llegar a ser ese clasista de chinos que conoce a suficiente gente importante como para abusar del name-dropping en las conversaciones. A pesar de las distancias, ambos están viendo estos días cómo su voto se convierte en la puerta para que el franquismo entre en sus casas, y de paso, en las del resto de Andalucía. 

El votante medio de Ciudadanos se divide en dos: el que finge estar preocupado por los 12 escaños de Vox y el que sabe que a él no le afectaría ni aunque la extrema derecha diera un golpe de Estado. Pensar, piensan lo mismo (aunque uno con más tino que el otro): "quien les tema algo tendrá que esconder".

El votante medio de Ciudadanos, ese tipo que gusta de peinarse de forma tal que nadie pueda confundirlo con un pobretón, aunque lo sea, apoyaba a su partido antes -cuando hablaba de hacerle cordón sanitario a Vox- y también después -cuando dijeron que de cordones nada-. Y en este sentido no se dividen en dos: ambos volverán a votar a Ciudadanos.

El votante medio de Ciudadanos no piensa que haya posibilitado la resurrección del franquismo en las instituciones, sólo piensa en que Susana Díaz ya no está, que es lo importante. Como si meter el cadáver de Franco en el Parlamento fuera la única opción. Como si, además, fuera a cambiar mucho el cuento para bien ahora que unos señoritos de Madrid vienen a repartirse el pastel.

El votante medio de Ciudadanos, sin embargo, sigue dividiéndose en dos: el currito embaucado y el señorito embaucador. El primero quiere ser señorito algún día, y que su sonrisa sea tan blanca como la de Rivera. Quiere creer lo que su líder repite tantas veces "Imposible es sólo una opinión". El segundo sabe que ni él será nunca currito, ni el otro señorito, por mucho que Rivera diga. Pero el señorito de Ciudadanos respeta al currito de Ciudadanos, porque ha votado sensato, ha votado cambio, ha votado aquello que posibilita que cada vez haya más distancia entre ellos dos. Porque debe haberla. 

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