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Mujeres sí, claro, pero ¿qué mujeres?

El mismo juez que pedía la absolución de 'la manada', por no irnos más lejos, ya absolvió al padre de una niña de abusar de ella. No sabemos cuántas absoluciones de este estilo tiene en su haber este magistrado, pero sí sabemos que no es el único

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El rey Felipe VI, saludando en la apertura del Año Judicial de 2015 / EFE

Imagen de archivo de la apertura del año judicial en 2015 EFE

Tras el voto particular de uno de los tres magistrados que juzgó a los violadores de sanfermines, donde pedía su absolución, se generó un movimiento espontáneo y masivo en contra del propio juez, en particular, y contra el machismo que carcome nuestra justicia, en general. Porque el caso de 'la manada' no más que un caso simbólico, donde hemos puesto nuestras fuerzas, pero la realidad es que la patriarcalización de la justicia es mucho más antigua, mucho más profunda y aberrante. El mismo juez que pedía la absolución de 'la manada', por no irnos más lejos,  ya absolvió al padre de una niña de abusar de ella. No sabemos cuántas absoluciones de este estilo tiene en su haber este magistrado, pero sí sabemos que no es el único, y que noticias como éstas copan los periódicos desde que el feminismo ha empezado a ser un movimiento imbatible que no perdona. Nadie cree que antes no pasara, simplemente antes ni salían en las noticias, excepto rara vez.

Tras la sentencia de 'la manada' (y no por la sentencia en sí, porque es sólo otra más de tantas) y de la vehemente repulsa de gran parte de la sociedad, el Ministro Catalá encargó a un grupo de expertos,  compuesto solo por hombres, una posible reforma del Código Penal sobre delitos contra la libertad sexual. Hablamos de la libertad sexual de las mujeres, por supuesto, pero a Catalá no le pareció problema encargárselo sólo a hombres, justo el género que nos coarta esta libertad. Hubo, sin embargo, quien tuvo un poco más de luces, y el presidente de esta comisión ha pedido permiso a Catalá para incorporar también a expertas. Pidió permiso, menos mal que el otro le dijo que sí. Al final, estamos a expensas de lo que ellos digan, quieran y de su ánimo.

Sin embargo, meter a mujeres es esta comisión no asegura nada. Tan sólo aseguraría, de ser mitad y mitad, la paridad. Y eso es simplemente lo decente, la paridad no debería estar en debate hoy día: si somos la mitad del mundo, somos la mitad de todo lo de más. Pero además de haber mujeres, que debería ser algo que no diera ni para noticia, hay que pensar qué vamos a cambiar si las elegidas que incorporen a la comisión fuera, por ejemplo, aquella jueza que presionó a una víctima de violación con preguntas como "¿Cerró usted las piernas?" O ¿qué cambio supondrá si es algunas de esas  tres magistradas que rebajaron de agresión a abuso sexual al violador de una menor porque ella se quedó en shock y no reaccionó? O la magistrada María Elósegui,  en contra de que las mujeres seamos las dueñas de nuestros propios cuerpos (entre otras lindezas). La cosa podría hasta empeorar, y que sea mucho más difícil que alguien, alguna vez, sea condenado por agresión sexual en vez de por abuso sexual. Quizás se llegue a la conclusión de que para que sea agresión sexual la víctima debe entregar, además del parte médico, vídeos, fotos, y audios, un cuerno de unicornio blanco.

El Convenio de Estambul, que España ya ratificó, dice claramente que ha de definirse como violación cualquier acto sexual que no sea consentido. Jamás debe depender de la reacción de la víctima, de si pelea o no pelea, de si grita o no grita. Cada una de nosotras responderá siempre de manera diferentes, y el que viola a una chica que se queda en shock no merece menos pena que el que viola a una chica y ésta consigue arañarle la cara. Ambos son violadores. Ambos dejan una marca imborrable en la vida de una persona. Ambos usaron su poder, ése que el patriarcado les confiere, para destrozar a una mujer. ¿Cómo puede ser que disten entre ambos años de condena? En el caso de 'la manada', hasta 13 años de diferencia por rebajar de agresión sexual a abuso sexual. 

En cualquier caso, desde el feminismo no se pide que aumenten las penas, no se exige la reimplantación de la doctrina Parot ni tampoco la condena permanente revisable (no somos como Ciudadanos, que primero estaba en contra pero luego ya no, dependiendo de lo que dijeran las encuestas). Lo que se pide es que las penas que ya existen se apliquen siguiendo la definición de violación ("agresión sexual" según nuestro código penal) del convenio de Estambul, que es precisamente lo que no está ocurriendo. 

Ahora toca cruzar los dedos para que las personas que estarán en esa comisión para debatir sobre los delitos que se cometen contra nuestra libertad sexual tengan un poco de perspectiva de género, un poco de decencia y un poco de formación en feminismo. Al final, en una sociedad copada por el machismo, además de la lucha diaria, las mujeres tenemos que esperar a tener "suerte", como si fuera una lotería.

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