Un cambio obligado. Para coger impulso
Malo, muy malo para el Gobierno, el cúmulo de desastres que se han sucedido esta semana en Córdoba, choque terrible, horroroso, o en Cataluña, con unas líneas férreas que más parecen una película de terror. En un país en el que pierden el avión y gritan porco Sánchez, te echan del trabajo por incompetente y respondes porco Sánchez, o tu hija suspende matemáticas y clamas también porco Sánchez, cómo evitar que sea el ministro de Transportes, y por lo tanto el presidente del Gobierno y por extensión, todos los ministros del gabinete, los responsables de esas desgracias y quienes carguen en sus espaldas con el tremendo enfado de una población que se siente víctima de males que no controla y ahí, en medio de esa desgracia abstracta, siempre se encontrará al gobierno de turno, que quejarse a los dioses es todavía más insatisfactorio.
Veremos, por supuesto, qué dicen los investigadores sobre las causas de los accidentes, en primer lugar, el gravísimo de Adamuz, luego ese desastre de Rodalies, pero sea o no responsabilidad última del ministerio de Transportes esa vía rota o una hipotética falta de coordinación en la respuesta a la tragedia, su titular, por cierto, al pie de obra desde el primer momento, dando la cara para que se la partieran a él, y no a ningún responsable de Adif o de Renfe, ya no podrá quitarse el tatuaje de los 45 muertos. Y tampoco zafarse del estigma ni Pedro Sánchez ni el gobierno de coalición. Seamos sinceros y reconozcamos que no han tenido mucha suerte, desde la pandemia, Filomena, el volcán de La Palma, la DANA de Valencia, el gran apagón o estos últimos accidentes por citar, tan solo, los desastres más graves a los que ha tenido que hacer frente en sus siete años de gobierno.
Y no tendrán respiro porque entre otras cosas tienen enfrente una oposición feroz, un frente canalla en el que los dos partidos que pretenden gobernar juntos, los antisistema de Vox, los fascistas han sido siempre así, y la derecha más reaccionaria de Europa, la de Feijóo, la reina del vermú o el alcalde Albiol han perdido ya toda compostura para atacar al Gobierno da igual qué armas se usen, que lo mismo vale el garrote que el gas sarín. A Puente le ha acusado Feijóo de “ocultar información” y de dar demasiados datos para “confundir a la población”. Maravilloso. Comedido llaman a Moreno Bonilla, pero para qué iba a mancharse la lengua si sabía que venían detrás, como las manadas de búfalos, el resto de los dirigentes de su partido, con sicarios especialmente entrenados para la lucha cuerpo a cuerpo y el empleo de la bayoneta. Hasta culminar en Miguel Tellado. “La realidad es que, por la mala gestión del Gobierno, 46 personas han perdido la vida”. Hacer sangre, mucha sangre. Que muerdan ellos, dice Moreno, que a mí me da la risa.
Pero incluso si la oposición hubiera actuado de otra manera -sueño imposible- el Gobierno debe ser muy consciente de que vive horas bajas y tiene que ser muy consciente de ello si quiere levantar cabeza. No le sirve responder a Feijóo. Es una parte muy importante de la sociedad -casi da igual si envenenada por la oposición salvaje, una prensa mentirosa y sin principios, o unas redes sociales devastadoras, bien alimentadas por dineros oscuros- la que reclama que Pedro Sánchez y su Gobierno desplieguen toneladas de empatía y de eficacia. Y a velocidad del rayo. Lo primero, el Ojo está harto de escucharse a sí mismo la misma cantinela, hay que conseguir una política de comunicación de lujo. ¿Lo sabe Pedro Sánchez? Se ignora, claro, pero el presidente ha nombrado portavoz del Gobierno, la cara más en primera línea para informar y convencer de las bondades del Gobierno a Elma Saiz. No hay más preguntas, señorías. Porque ahora iremos a la segunda parte, la eficacia, pero antes hay que saber vender esa mercancía. Con qué personas, claro, pero también con qué estrategia arrolladora. Pues ahí estamos, con Elma Saiz.
Hablaba Yolanda Díaz - ¿han observado qué silencio atronador durante la crisis de los trenes el de la señora vicepresidenta? - de un cambio de Gobierno. Sánchez respondió mohíno. Pues al Ojo, ya ven ustedes, al hilo de lo que va pasando, no solo no le parece una mala propuesta, sino que está convencido de que el Gobierno necesita un meneo, una sacudida fuerte, que remueva todas las aguas estancadas de un gabinete con demasiados agujeros. No es posible que a estas alturas -y los tres o cuatro lectores que me siguen ya saben lo que voy a escribir- haya media España que desconozca el nombre de la ministra de Vivienda, en teoría la persona a cargo de solucionar el que quizá sea el problema más serio al que debe enfrentarse el gobierno. Lean la lista de ministros y ya verán cuántas veces dicen: “Ah, es verdad, si Fulanito es ministro”. O “¿y de qué dices que es ministra Perenganita?” Pues eso.
Queda un año muy duro, el que mejor lo sabe es Sánchez, quiénes somos nosotros para creernos más sabios que él, y hay que afrontarlo con energías renovadas si queremos -y muchos sí queremos- impedir que nos gobierne la peor derecha de Occidente, no tienen ustedes más que escuchar a la polímata Isabel Díaz Ayuso, exabrupto tras exabrupto desde aquel glorioso hijo de puta dirigido al presidente. De esta derecha dan miedo sus mandamases, pero dan miedo sus políticas neoliberales, de privatizaciones a mansalva, reducción de impuestos a los ricos y, no se olviden de aquella famosa frase de estos bandarras de que la llamada “justicia social” solo fomenta la cultura del rencor, la envidia y las expropiaciones a los ricos. ¿Es eso lo que queremos los españoles, que crezca aún más el desequilibrio, ya patente, entre ricos y pobres? ¿No creen que una movida con caras nuevas en el Ejecutivo, de peso político -y quizá no solo del PSOE, también de Sumar o independientes- pondría un poco de pimienta a esta ensalada tan sosa que tenemos en el plato? Política de hechos y cómo venderlos. Sánchez, mejor acompañado, menos solo y menos expuesto. Impulso para saltar, para animar, para ilusionar.
Citábamos las tragedias que ha tenido que afrontar este Gobierno, pero ninguna como la llegada de Trump a la Casa Blanca. Ese si ha sido un terremoto en toda regla, que si el aleteo de una mariposa en California puede causar un huracán en Tokio, un manotazo del salvaje presidente yanqui puede hacer saltar por los aires la paella del chiringuito en el que hemos invitado a pasar el domingo a la familia e incluso a algún ser querido. Fuera, la ley de la jungla que ya explicábamos la semana pasada, y, lo que es un insulto a la humanidad y la decencia, ese plan para Gaza -lleno de edificios horteras- que ha presentado en un ya declinante foro de Davos el yerno del interfecto, y que unos señores distinguidos han tenido el cuajo de escuchar sin levantarse de las sillas. Junto a la pornografía del constructor, la creación de ese Grupo de países, para acabar con la ONU, a los que se pide para entrar al negocio - ¿qué otra cosa ha sido para él las decenas de miles de muertos que le ha puesto a sus pies el criminal Netanyahu? – la bonita cantidad de mil millones de dólares para obtener un asiento en su Junta de Paz, en realidad una reunión obscena de señores del ladrillo. Ningún país serio, como era de esperar, ha entrado a ese circo vergonzante, pura reunión de sátrapas y corruptos. Y de Tony Blair, aquel cínico que un día presumió de socialdemócrata.
¿Y dentro de Estados Unidos? Ahí tienen ustedes otro muerto más a disparos a bocajarro en Minneapolis de esas fuerzas de asalto enmascaradas, tan próximas a las hitlerianas, que ha organizado Trump o, como hemos visto, las detenciones de niños de cinco años. ¿Es posible, nos preguntamos, que esta acumulación de abusos de Trump contra todos los derechos humanos, públicos y privados fuerce en algún momento el hartazgo del resto del mundo, así como la rebelión interna de los propios norteamericanos, una clase alta política y económica despreciada por la brutalidad de un déspota, como la campaña emprendida contra Jerome Powell, el presidente de la Reserva Federal, y una clase media y baja harta de las absurdas decisiones de un lunático- que pueden converger en un obvio debilitamiento del monstruo naranja? ¿Sueña el Ojo, y confunde deseos con realidad? Quizá. Pero algo se está moviendo y una Europa asqueada, parece organizar respuestas más serias que las inanes decisiones tomadas hasta ahora por el ejecutivo de Ursula Von der Leyen. Como consecuencia, Groenlandia sigue en Dinamarca. Y dentro de Estados Unidos, como se ha visto con el triunfo de Mandani y la reacción popular en Minnesota o Texas, también soplan vientos de resistencia. Por lo pronto, la popularidad de Trump ha caído en su país de un 47% hace un año, cuando tomó posesión de su cargo, a un 36%, datos del pasado viernes.
Nos come el tiempo. Y las desgracias. Quedarnos quietos, esperar a que amaine no es una opción. A campo abierto y a por ellos.
Adenda. Mark Joseph Carney, nacido en 1965, primer ministro de Canadá es un tipo curioso. De derechas de toda la vida, ha pasado sus años entre riquísimas moquetas de bancos centrales y otras oficinas igual de suntuosas. Tras pasar por Goldman Sachs y ser gobernador del Banco de Canadá, fue el primer extranjero en hacerse cargo del Banco de Inglaterra, un fichaje galáctico en su momento, 2013. Y allí estuvo hasta 2020. Se pasó a la política y como líder del Partido Liberal sustituyó como primer ministro de Canadá a Justin Trudeau hace apenas un año. Cree poco en el cambio climático y ha optado por favorecer a los combustibles fósiles y poner en marcha varias medidas para dar prioridad a las que son favorables al sector del petróleo y el gas en detrimento de las energías renovables. Pues resulta que el amigo Carney, con el que ni a ustedes ni a mí nos apetece tomarnos un café, ha tenido el cuajo de pronunciar en Davos un discurso impecable contra Trump y su desprecio por las normas democráticas que seguramente sí suscribiríamos los mismos que no le acompañaríamos a la cafetería.
Nunca sabremos, Adamuz mediante, si Pedro Sánchez habría jugado ese papel en aquel foro apestoso. Una pena.
Sobre este blog
El Ojo izquierdo nació en El País en 2010 y prolongó su vida durante diez años en la cadena SER, con vivienda propia en el Programa Hoy por Hoy, primero con Carles Francino, después con Pepa Bueno y finalmente con Àngels Barceló.
Ahora se instala con comodidad en elDiario.es, donde es de esperar que se mantenga incólume la aviesa mirada de su autor, José María Izquierdo.
9