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Opinión -- 'La tortura de los pactos. Pero Trump es peor', por José M. Izquierdo
Sobre este blog

El Ojo izquierdo nació en El País en 2010 y prolongó su vida durante diez años en la cadena SER, con vivienda propia en el Programa Hoy por Hoy, primero con Carles Francino, después con Pepa Bueno y finalmente con Àngels Barceló.

Ahora se instala con comodidad en elDiario.es, donde es de esperar que se mantenga incólume la aviesa mirada de su autor, José María Izquierdo.

La tortura de los pactos. Pero Trump es peor

Archivo -  El portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián; la ministra de Juventud e Infancia, Sira Rego, y la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, durante una sesión plenaria en el Congreso.
16 de febrero de 2026 21:02 h

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“Dichoso aquel (que)…”, se leía en el Beatus Ille de Horacio. Tiempos de felicidad absoluta, en los que Felipe González -sí, el mismo- o José María Aznar, incluso Zapatero o Rajoy disfrutaban, sentados a la sombra de algún frondoso cedro, de la hermosa paz del bipartidismo, “el agua en las acequias corre, y cantan los pájaros sin dueño”, que remachaba Fray Luis de León. A lo más, unas cuantas cesiones al correoso Pujol o, ya puestos, al férreo Arzallus. Ahí tienen el ejemplo de Aznar: llegó a decir, tan mentiroso como mimoso, que hablaba catalán en la intimidad para ganarse el alma catalanista, y hasta el mismo Arzallus, pedernal puro, nos contó a todos aquello de “he conseguido más en 14 días con Aznar que en 13 años con Felipe González”. Era muy duro el guía espiritual y gran líder del PP, puro acero, sólo que vendía a su madre para gobernar. 

Decíamos de aquella paz. Es que hoy la vida de los presidentes de gobierno es un sinvivir. Ahí tienen a Alberto Núñez Feijóo, un hombre de firmes convicciones, aunque nadie sepa cuáles son porque nunca las ha explicitado, que ahora, para gobernar una comunidad más bien pequeña, tal que Extremadura, tiene que ocupar semanas en discutir con Vox, hay que ver qué desgracia nos ha traído este maldito pluripartidismo. Y Aragón, claro. Más lo que cuelga, que la cosa no se limita a Castilla y León y Andalucía, las urnas más próximas. Porque esto es solo un modesto aperitivo, una gilda clásica, su anchoíta, su aceituna, su pepinillo y hasta su cebollita, humedecida con un rico txakolí. Es que lo bueno vendrá meses adelante, el PP no quiere ni imaginarlo, cuando a lo peor las nubes de la tragedia se ciernan sobre este país -Satanás no lo quiera- y puedan, sumando escaños, gobernar España. ¡Qué no pedirá entonces el gran caudillo, Santiago (Abascal) y cierra España! Les crujen las mandíbulas a los listos de Ferraz si les piden una vicepresidencia, Economía, Agricultura, Industria e Interior, como ya están haciendo en Extremadura. Pero todavía es pronto para que nos imaginemos tamaña tragedia griega, una risa lo de Edipo y su mamá. 

O fíjense en Pedro Sánchez, que suda tinta no ya para convencer a los socios de investidura con cualquier norma de pitiminí, sino para poner de acuerdo a sus ministros del PSOE con sus ministros de Sumar, silla con silla, rodilla con rodilla. ¡Qué tiempos aquellos de Felipe González en los que si discutía con alguien era con Alfonso, o Zapatero con Pedro Solbes! Seguro que Sánchez sonreirá para sus adentros cuando vea los sufrimientos de Feijóo para hacer pactos de gobierno, harto de que le recriminen cesiones a sus socios y de acusarle, hasta la extenuación, de infiel y traidor a sus principios. Siéntense en primera fila y contemplen, extasiados, las torsiones del líder de los populares para tapar lo obvio: a tragar quina, que Vox les come el alma. ¿Principios irreductibles? Toma aceite de ricino. 

Sánchez, además, tiene que lidiar con unos grupos a su izquierda que parecen muy divertidos en jugar en el recreo a tula, uno por aquí y otra por allá para evitar que te toquen el hombro, y si tú la llevas se la das a otra que sigue corriendo para buscar a otro que huye de ti. Está bien la descarga de Rufián, que hay que dinamitar ese tonto patio de colegio y llamar al orden a los niñatos. Ya, ya sabe el Ojo que son cincuentones cuando no sesentones. Pero actúan como tiernos infantes, agarrando su juguete para que no lo usen los demás niños. Vayan ustedes a saber qué futuro tiene la propuesta del republicano, inteligentemente multiforme, pero parece -solo parece- que hay algunos elementos para frenar el tonto ejercicio de los pollos sin cabeza, pero con siglas, la mía es la mejor y más revolucionaria, que tú eres un despreciable revisionista. Discuten acalorados si Yolanda Díaz es la gran lideresa o bien un jarrón chino al que estrellar contra el empedrado. Pues eso, que sigan discutiendo y se inventen, de la nada, algún otro líder ignoto para salir a la pelea contra los toros bravos. Son unos cracs. Tampoco hay que confiar mucho, que todavía no han salido de abrumarnos con frases, tan rimbombantes como huecas, para dejarnos bien claro que no están dispuestos a vender su prístina honestidad al primer zarrapastroso burgués que asome por el camino. Oírlos, o leerlos, es un horror. Ya han demostrado que han leído mucho. Ahora, al curro. Se arremangan y trabajan, hágannos el favor. A Rufián, al menos se le entiende: o presentamos un frente amplio para añadir al PSOE, sea cual sea la fórmula elegida, o los fascistas nos barren. Vamos, como Epi y Blas, los ídolos del Ojo.

Porque aquí, en España, las cosas van como van, que si Ábalos y Koldo, que si las miserables acusaciones del PP, que si Felipe González, qué hastío, insultarnos ahora con una ridícula y frívola comparación entre Vox y Bildu, incomprensible para una mente alfabetizada. Entra el gran hombre, tan orondo, en la miserable trampa urdida por la derecha política, la del PP, y la mediática, la de los medios de la fiel infantería: blanquear a Vox, un partido democrático, decente y perfectamente constitucional. Viene a decirlo la suplicante María Guardiola -mi reino por un consejero de Vox- que hasta abraza subyugada el feminismo de Vox, la cosa tiene lo suyo, vergüenza ajena ante tanto desharrapado. Ah, los medios. Desde Okdiario a The Objective. Lean al siempre desmelenado Eduardo Inda: “Me provoca vergüenza ajena esa legión de blandiblús que critica la ideología de Vox por «conservadora», «rancia», «cavernícola», «extrema» e incluso «fascista». Si uno repasa su programa certificará que (…) representa prácticamente un calco de lo que fue el aznarismo y que se sitúa a la izquierda de lo que era el fraguismo. Son almas gemelas, les guste o no”. O el converso Fernando Savater, en tiempos remotos compañero de viaje de Herri Batasuna y hoy rendido admirador de Cayetana Álvarez de Toledo o Isabel Díaz Ayuso: “Don Felipe [González] acertó plenamente en otra de sus aseveraciones que despertó especial indignación (…) Dijo que no se le ocurriría, tal como están las cosas, pactar con Vox ”pero mucho, muchísimo menos con Bildu“. Los de las redes, los enredados, echaron los pies por alto: ¡prefiere Vox a Bildu! Pues sí, señores, faltaría más. Hay una distancia como de aquí a Lima, como de Mozart a Bad Bunny”. Lavemos, freguemos, esterilicemos a Vox, ese gran partido que nos ofrece ríos de leche y miel. ¿Ultraderecha? ¿Qué es eso?, preguntan Guardiola y Savater.    

Pero aún es peor lo que nos llega de fuera, muy expresamente de Estados Unidos y su infinita capacidad de amedrentar y corromper todo lo que se pone al paso de una bestia feroz que se llama Donald Trump. Se nos había medio olvidado Gaza -¡qué vergüenza política y humanitaria! -, y ahora vuelve Cisjordania que ante la pasividad internacional, el asesino Netanyahu anda suelto con la ametralladora en la mano, se la va a comer Israel sin que nadie, otra vez, mueva un dedo. ¿Sería posible que Europa, una nueva oportunidad, tuviera las agallas suficientes, quizá bastaría una exigente demostración de decencia para frenar este nuevo escándalo?

Desgraciadamente, no esperamos mucho, que ni siquiera ante la decisión terrorista de Trump -sí, puro terrorismo- de revertir todas las medidas ambientales para frenar el calentamiento global, en juego las vidas de nuestros hijos y nietos, nadie ha sido capaz de enfrentarse al nuevo y feroz Washington para evitar este desastre de dimensiones gigantescas. Así que si no nos importa la salud de Pepito y Anita, cómo vamos a conmovernos, o a reaccionar, ante las desgracias de Nour, Amal, Amir o Youssef. Y sí, claro que hay otras desgracias que llevan la misma firma, ya sea Minnesota, la vergüenza Venezuela, el ahogo a Cuba o las amenazas a Europa, yo impondré las normas del nuevo orden mundial, vocifera el monstruo naranja, vosotros a obedecer. Y en este campo de la política internacional, no nos debería costar demasiado reconocer que Pedro Sánchez lleva jugando muchos meses un papel de notable dignidad. ¿Esfuerzo corto, quizá pueda enfrentarse con mayor energía a Trump y sus políticas aberrantes? Siempre puede exigirse más, por supuesto. Hagámoslo, está bien, pero en el resto de Europa hay lo que hay, desde Meloni, ufff, a Merz o Starmer. Por no hablar de Feijóo, aquí, a mi no me metan en estos líos, que bastante tengo con azuzar a Tellado. Venga, a la tibia, no te me achiques.   

Mark Fortier, en Volverse facha (una terapia de conversión), editorial Voces de hoy, recuerda unas palabras de Víctor Klemperer en sus Diarios de 1933 a 1941: “Nos lo tomamos todo como si fuera una pantomima, no nos tomamos nada en serio, y nos quedaremos de piedra el día que este teatro se convierta en una sangrienta realidad”. Pero el mismo autor y en el mismo libro ya se sitúa en 2026: “La mayoría de los líderes populistas son figuras carnavalescas. No tienen un carácter heroico. Exhiben sin complejos su grosería, su fanfarronería, su perfidia, su indecencia. Su desprecio por el decoro y su condición de outsiders alteran los hábitos y las reglas establecidas. Toman la realidad a contrapelo, invierten todos los significados, se permiten todas las provocaciones”.

Esto es, aquel teatro ya se ha convertido en una sangrienta realidad. Acertó Klemperer. 

Adenda. Dentro y fuera. Dentro: la Comunidad de Madrid quiere que el Círculo de Bellas Artes, 100 años de cultura viva, institución brillante, reconocida en toda Europa, haga exclusivamente los proyectos que a ellos les gusten, porque si determinadas exposiciones o determinados conciertos no cuentan con su nihil obstat, Franco redivivo, se quedan sin apoyo económico de la Comunidad. ¡Qué vergüenza esta libertaria censora, ridícula parodia trumpista! Y fuera: hay que ser indigente intelectual para desde España, refugio de millones de latinoamericanos en busca de una vida mejor, premiar ahora, precisamente ahora al Estados Unidos de Donald Trump, tipos armados hasta los dientes acosando a niños y mayores hispanos. Dejemos de lado, si es posible, lo que representa de alineación con la ultraderecha más brutal esta última aparición estelar de la polímata Isabel Díaz Ayuso, la reina del vermú en el lavapiés a Trump de Mar-o-Lago. Dejen al Ojo que se quede pasmado ante los insultos a México. ¿A qué viene semejante salida de pata de banco? ¿Por qué insultar precisamente a ese gran país, más de 130 millones de habitantes? ¿Qué se le ha perdido a Ayuso en Chichén Itzá, Teotihuacán, la FIL de Guadalajara o Acapulco? ¿Qué busca la indocumentada? O quizá la pregunta correcta sería: ¿a quién obedece para iniciar esta guerra absurda? Lleva elDiario.es algunas semanas informándonos, y muy bien, por cierto, de quiénes son “Todos los hombres de la presidenta”, este domingo dedicado a José Antonio Sánchez, el sicario televisivo de la derecha más reaccionaria. 

Quizá, pronto, nos enteraremos de quién es la mente privilegiada -persona o grupo- que sugiere -u ordena, quién sabe- a Díaz Ayuso que inicie estas estúpidas batallas culturales contra la izquierda. Nos vamos a divertir.    

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