Asesinado el embajador de EEUU en Libia
19.30
El nombre de Sam Bacile no sólo suena un tanto ridículo en español. Hay dudas razonables sobre su existencia. Puede ser un seudónimo y que quien esté detrás de la película sea un seguidor del reverendo ultra Terry Jones. O alguien relacionado con los cristianos coptos de Egipto.
19.00
Fuentes militares norteamericanas han contado a CNN y al NYT que el ataque contra el consulado de Bengasi estaba planificado de antemano y que se utilizó la polémica de la película sobre Mahoma como simple excusa. Sea o no verdad, el asesinato plantea dudas sobre la amenaza de los grupos radicales y la incapacidad del Gobierno para controlarlos. Lo mismo se puede decir de la policía egipcia, incapaz de impedir que 20 personas se suban al muro de la embajada en El Cairo.
Al igual que en el caso de las caricaturas de Mahoma o la quema de coranes, está claro que grupos salafistas o yihadistas aprovecharán cualquier supuesto insulto al Islam para ajustar cuentas o hacer oír su voz. Una manifestación más o menos frente a una delegación diplomática de EEUU o de un país europeo no es un drama que vaya a provocar la caída de un Gobierno. El problema viene cuando el Gobierno local prefiere mirar a otro lado y no ordena a sus fuerzas policiales que impidan un asalto, aunque sea incruento como el de El Cairo.
Lo ocurrido en Libia es diferente, al igual que lo que pueda ocurrir en Afganistán. En un país en estado de guerra, el riesgo se multiplica. Milicias y grupos armados no se limitarán a una simple manifestación. Tienen armas y motivaciones suficientes para intentar algo más 'espectacular'. Todos esperamos que haya derramamiento de sangre en Afganistán.
No tanto en el caso de Libia, pero lo cierto es que en los últimos meses ha habido varios combates a tiros, también en la capital, que han sido descritos como enfrentamientos entre milicias tribales. Quizá lo de tribal no sea su rasgo más característico.
Durante la guerra libia, se dijo que en la región oriental del país, donde está Bengasi, son fuertes desde hace años los grupos yihadistas o simplemente radicales. Pero mientras Gadafi resistía en el poder, esas milicias hicieron causa común con el resto de grupos rebeldes. La pregunta de la que aún no tenemos respuesta es si ahora los yihadistas tienen la intención de continuar la insurrección, esta vez contra el nuevo Gobierno.
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El viceprimer ministro libio ha confirmado la muerte del embajador norteamericano, Chris Stevens, y de otros tres diplomáticos en el ataque sufrido ayer por el consulado de EEUU en Bengasi. Anoche se dijo que sólo había fallecido un miembro del personal, pero esta mañana la lista de víctimas se ha ampliado. Según Reuters, se produjo un ataque con lanzagranadas contra el edificio. Se sospecha de una milicia islamista, pero a esta hora los detalles son confusos. No hay aún una confirmación oficial de los hechos por parte de EEUU.
Anoche la atención estaba centrada en El Cairo, donde por el mismo motivo hubo graves incidentes en el perímetro exterior de la embajada norteamericana. Un grupo de jóvenes se subió al muro exterior y arrancó la bandera de la legación.
¿Cuál es el motivo de la protesta que supuestamente también está detrás del ataque al consulado de Bengasi? Una película sobre la vida de Mahoma de bajo presupuesto y de origen no muy conocido. De momento se sabe que su director o productor se llama Sam Bacile, un promotor inmobiliario de California que dice ser de nacionalidad israelí y que sostiene que los cinco millones de dólares de presupuesto han sido financiados por judíos norteamericanos. La película no se ha distribuido comercialmente pero se ha subido un extracto de 13 minutos a YouTube.
The film claims Muhammad was a fraud. An English-language 13-minute trailer on YouTube shows an amateur cast performing a wooden dialogue of insults disguised as revelations about Muhammad, whose obedient followers are presented as a cadre of goons. It depicts Muhammad as a feckless philanderer who approved of child sexual abuse, among other overtly insulting claims that have caused outrage.
Parece que nos encontramos ante un caso similar al de la quema de coranes por el reverendo ultra Terry Jones: un intento por parte de un fanático de prender fuego a Oriente Medio que en esta ocasión ha tenido éxito y cuyas consecuencias políticas son ahora mismo difíciles de predecir.
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