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El honor de los Prizzi

Iñigo Sáenz de Ugarte

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Ante las gravísimas acusaciones que el Partido Popular y su presidente han recibido en las últimas semanas, Rajoy sólo tiene una respuesta: todas son falsas porque somos gente honorable que no está en la política por dinero y que sólo tiene el bien común como meta.

¿Un tesorero del partido con millones de euros en un banco de Suiza? ¿Sobres de dinero entregados a dirigentes y empleados del partido gracias a donaciones de empresas que se benefician de contratos concedidos por gobiernos dirigidos por el PP? ¿Una trama de corrupción alimentada de contratos concedidos por gobiernos dirigidos por el PP? ¿Una falsa ONG del yerno del rey que se lucra con contratos concedidos por gobiernos dirigidos por el PP?

Infamias. O, en palabras de Mariano Rajoy, “ahora las infamias se disfrazan de presuntas”.

No tengo nada que ocultar, ha dicho el presidente. Yo podría haber ganado mucho más dinero si no hubiera entrado en política. Y como es un hombre de honor, no se puede dudar de su palabra. Todos los privilegios del cargo son minucias comparadas con lo que yo podría haber obtenido si no me hubiera resignado a todos estos sacrificios. No necesito parecer honesto, porque lo soy. Durante una década, el partido recibió donaciones anónimas de las que nadie sabe el origen y las contraprestaciones recibidas, pero eso no importa porque los hombres de honor no tienen que dar cuentas de sus datos. Varios tesoreros del partido han estado implicados en negocios sucios, pero no resta una mácula de honorabilidad a las personas que les pusieron en esos cargos. Rajoy convirtió a Bárcenas en senador para que tuviera aforamiento y con él el privilegio de no poder ser investigado entonces por un juez de instrucción. No importa. Sus motivos eran nobles porque siempre lo son en los hombres de honor.

Esa condición se transmite de forma automática a aquellos que cuentan con la confianza del líder. Ana Mato pagó con dinero de la Gürtel sus viajes a Irlanda con una hija, sus vacaciones en Canarias con sus hijos, comuniones y fiestas de cumpleaños (como una en la que Mato quería que se colocara en el arco del porche de su casa “jardín de las maravillas”; con buen criterio porque ¿no es una maravilla que no tengas que pagar todas estas cosas?), y hasta el viaje a su país en Navidad de la empleada del hogar.

¿Un soborno? ¿El pago por contratos concedidos por el partido o gobiernos dirigidos por el partido?

Infamias. Ana Mato también es una mujer de honor. No en vano ella misma ha informado a los dirigentes del PP que “siempre he pagado todos los gastos familiares de los que me he hecho cargo”. De los que no me he hecho cargo, no soy evidentemente responsable, aunque aparentemente, por una especie de broma del destino, ella se haya beneficiado de todos esos regalos.

Por eso, no es extraño que Rajoy le haya dicho en público, en presencia de todos: “No te preocupes, todos sabemos lo que estás pasando”. Así es, nada hay más injusto que beneficiarse económicamente de un cargo en el Gobierno o el partido y que los medios de comunicación lo presenten como algo... sucio, censurable, algo indigno de un hombre o una mujer de honor.

Quizá la mujer del César no sólo deba ser honrada, sino parecerlo. No es ese el código ético que existe en el PP. Ellos no necesitan parecer honrados. Lo son, sin más. Sólo desde las infamias se puede cuestionar tal aseveración.

Los demás, como Marco Antonio, sólo podemos pedir disculpas por dudar de personas con tales virtudes. “Con la venia de Bruto y los demás, pues Bruto es un hombre honrado, como son todos ellos, hombres todos honrados”.

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La (extraordinaria) foto es de J.J. Guillén, de Efe.

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