Qué largos se hacen los días al Gobierno
Con qué ganas arrancó el día el Gobierno. Allí estaba Soraya Saénz de Santamaría sacando pecho (a su vuelta del viaje a EEUU) de la reputación intachable de España en todo el planeta. No importa cuántos titulares se refieran a “The Pain in Spain” o hablen del enfermo de Europa. Muy al contrario. La realidad es otra:
“España está hoy a la cabeza del esfuerzo reformista en el conjunto de la Unión Europea y empieza a reconocerse ese esfuerzo en el conjunto del mundo. Por ahí ya se dice los españoles están haciendo las reformas que su país necesita”.
En unas semanas, terminarán vendiendo otro milagro económico español, como hacía Aznar.
Pero antes de comer apareció Montoro, el ministro de Hacienda que también lo es de Economía cuando De Guindos no mira. Salió con un titular cachondo. Los Men in Black no vendrán a España. No necesitamos ayuda exterior para luchar contra los extraterrestres de los mercados. Pero también dijo otra cosa --bien para resaltar la gravedad del momento o porque terminó diciendo lo que igual no quería decir-- que la prensa extranjera cazó al instante.
La noticia también abría la web de The Wall Street Journal y aparecía en muchos otros medios. Montoro admitía que España sufre “un problema a la hora de financiarse y no tiene abierta la puerta de los mercados”, algo fundamental ahora que todo el mundo cree que se necesitan decenas de miles de millones de euros para la banca y que el Gobierno no sabe dónde encontrarlos.
Eso a dos días de que se celebre una subasta más de deuda española. En el mejor momento posible.
En el apartado neolengua, Montoro dijo que nos equivocamos al llamar amnistía fiscal a la amnistía fiscal: “No se trata de una amnistía fiscal, sino de la regularización de unos recursos que hoy están escondidos. El Gobierno no perdona nada a nadie, sino lo contrario”. Al no recibir los defraudadores una bonificación económica por las molestias, se supone que ya no se puede hablar de amnistía fiscal.
Por la tarde, Rajoy se dejó de subterfugios y defendió en público por primera vez la idea de los eurobonos.
No izó la bandera blanca ni envió un SOS a Bruselas. Hubiera sido excesivo. El mensaje está claro. Salven nuestras almas.
El Gobierno se ata desesperado a los anuncios de la Comisión Europea en favor de una unión bancaria o de la ayuda directa a los bancos en dificultades, en vez de a los estados para que estos a su vez la repartan a los bancos (eso que llaman el “rescate”), pero la música que se oye en Berlín no ha cambiado. Wolfgang Schäuble ha dicho esta mañana que la unión fiscal (recortes) viene antes que la bancaria (ayudas a los bancos). Para cuando llegue la segunda, es posible que los destrozos provocados por la primera sean irreparables.
Y no parece que se pueda esperar mucha ayuda de los socialdemócratas alemanes. Frank-Walter Steinmeier, jefe del grupo parlamentario del SPD, ha dicho en Bruselas que teme que España tarde demasiado tiempo en acogerse al “paraguas del rescate europeo”, un paraguas que puede salir condenadamente caro. Berlín no deja de enseñar a España el camino a la ventanilla irlandesa.
Como dice Ambrose Evans-Pritchard en el Telegraph, la respuesta alemana es la de costumbre “Nein! Nein! Nein! Again”. Es decir, “por ahí ya se dice” que los alemanes no se mueven un milímetro.
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