Pussy Riot: surrealistas, futuristas, ateas y rojas
En su sección de opinión, el NYT publica un artículo de un periodista ruso contra las Pussy Riot. Vadim Nikitin quiere desvelar a los lectores norteamericanos del periódico que el plan de esta banda punk --tres de sus miembros fueron condenados a dos años por su acto de protesta en una catedral-- es realmente peligroso. No son liberales, sino “descendientes confesos de los surrealistas y los futuristas rusos, decididos a un cambio radical, incluso violento, de la sociedad”.
¿Surrealistas violentos? Eso es nuevo. ¿Montan un flashmob, visualmente un poco limitado, en una catedral y guardan los kalashnikov en casa? Ya.
Nikitin no trabaja aparentemente para el Gobierno ruso. Ha estudiado en Harvard, escribe un blog sobre Rusia en Foreign Policy y ha publicado artículos en The Nation y Mother Jones. Su punto de vista es algo más sofisticado que el del Gobierno, lo que no quiere decir que sea más efectivo. El del NYT parece el típico artículo escrito para asustar a los republicanos norteamericanos. La intención es evidente: las Pussy Riot son unas rojas:
“Los admiradores de Pussy Riot en Occidente deben comprender que el rechazo de sus héroes a Putin no acabará ahí. Ni se detendrá cuando Rusia se convierta en una democracia liberal 'normal' si eso ocurre.
Porque lo que Pussy Riot quiere es algo igualmente terrorífico, provocador y amenazante para el orden establecido tanto en Rusia como en Occidente (como lo ha sido desde hace tiempo inmemorial): liberarse del patriarcado, del capitalismo, de la religión, de la moralidad convencional, de la desigualdad y del todo el sistema corporativo estatal“.
Cuatro canciones punk, unos pasamontañas, una performance rapidita y zas, la revolución mundial. Si fuera tan fácil...
Nikitin comparó en FP lo ocurrido a las Pussy Riot con el boicot sufrido en EEUU por las Dixie Chicks texanas por criticar a Bush. Hay una diferencia: al menos las Dixie Chicks no acabaron en prisión.
Van a tener que mejorar la línea propagandística en el Kremlin.
Al final, por mucho que Nikitin agite la pancarta contra los 'surrealistas rojos', el resultado de la condena a las punkis no es otro que el comentado por la periodista proPutin Tina Kandelaki a The Guardian: “Los millones de dólares del contribuyente gastados en los últimos años para arreglar la imagen del país en el extranjero han acabado siendo inútiles. Nuestra imagen exterior se acerca a la de una dictadura medieval, aunque en realidad no lo seamos”.
Estas cosas pasan cuando intentas hacer creer a la gente que unas veintiañeras encapuchadas son una amenaza gravísima para la sociedad. La gente no te cree y piensa que sólo eres un reaccionario con problemas de autoestima.
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