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Así se crían los cachorros que se venden

Uno de las perras, de raza caniche, en el criadero investigado.

Unos cien perros encerrados, unos en cheniles, en cemento sobre sus propios excrementos. Otros, a los que solo podía oír llorando y agonizando, en almacenes sin ninguna abertura. Todos ellos sucios, con heridas, tumores, sarna... Y los cuerpos de varios, "vi tres cuerpos y medio", incinerados en un horno aún encendido. Es lo que Sonia España relató a la Guardia Civil cuando, nada más salir de la finca de los horrores, una más, corrió a interponer una denuncia. 

Era un día de mediados de marzo y Sonia paseaba con su perra por Tres Cantos, en Madrid, cuando la perra se escapó buscando la procedencia de unos lamentos. Eran perros. Sonia, persiguiéndola, entró en una finca que asegura que estaba abierta y en la que también había un rebaño de ovejas que entraban y salían. Su perra había salido detrás de lo que ella también escuchó entonces: lloros de perros encerrados, algunos de ellos tan débiles que eran agónicos. No tocó nada, solo hizo algunas fotos y fue directa a la Guardia Civil. La primera reacción del agente al que contó lo sucedido fue advertirle de que podía haber cometido un delito de allanamiento. Cuando ella argumentó que había llegado allí por casualidad, buscando a su perra, que la finca estaba abierta y que lo que sucedía allí dentro era más grave, la actitud del agente cambió.

A pesar de ello, Sonia no ha vuelto a saber nada más. Era consciente de que la persona responsable de la finca sería avisada al serle notificada la denuncia, y fue ella misma la que advirtió a los agentes de que cuando fueran seguramente habría menos perros de los que ella vio, apremiándoles a actuar. Sabe que hay protocolos, pasos legales que hay que cumplir, pero cuando llamaba para interesarse por el caso todo le sonaba a  excusas sobre los motivos por los que no habían podido entrar en la finca. No podían los veterinarios, o llovía, o el acceso estaba lleno de barro.

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En la Noche de los Libros, ‘El día que dejé de comer animales’

Dibujo para el libro 'El día que dejé de comer animales', de Javier Morales.

Hace poco más de dos años, en octubre de 2015, publicamos en El caballo de Nietzsche un  artículo de Javier Morales. Analizaba, y recomendaba, el libro Comer animales, del prestigioso escritor estadounidense Jonathan Safran Foer, con el conocimiento de causa literario que le proporciona ser él mismo escritor, crítico y profesor. Lo más persuasivo de aquel artículo, sin embargo, era su conclusión. A la pregunta que Safran Foer lanza a los lectores al final de su libro, “¿Qué hiciste cuando te enteraste de lo que implica comer animales?”, Morales respondía: “Desde que terminé de leerlo, no he dejado de pensar en ello. Y creo que he tomado una decisión”.

El artículo se tituló ‘El día que dejé de comer animales’ y es el mismo título del libro que Javier Morales publicó hace unos meses en la editorial Sílex. “Estamos ante un libro”, escribía sobre el de Safran Foer, “que trata del dolor y del sufrimiento, de la empatía con otros seres vivos, un ensayo que nos aguijonea, que remueve nuestras conciencias y pone a prueba nuestro compromiso ético, que nos habla sobre nosotros mismos”.

La inspiración en el libro de Safran Foer, así como en tantos otros, como el Elisabeth Costello del Coetzee, sirvió a Javier Morales para iniciar un cambio ético en sus hábitos de consumo cuyo proceso, de enorme utilidad para quienes quieran hacer una transición similar, explica e ilustra en su propio libro. Con una pasión literaria que nos reconcilia con estos tiempos de comunicación fugaz -que puede ejercer un impacto necesario pero obstaculiza la reflexión sosegada-, Morales reconoce que es en los libros donde ha descubierto la vida, y que sus propias epifanías, sus momentos vitales más importantes, han estado siempre marcados por ellos. El día que dejé de comer animales puede marcar la mirada, la vida de los lectores que lo elijan: "Si mirar es un acto de elección, que cada lector elija lo que quiere mirar, lo que quiere ver".

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'Guardianas del Planeta', primeras colonias de verano infantiles por el respeto animal

El movimiento educativo centrado en el tiempo libre se inició como una oportunidad para las niñas y niños más pobres de conocer el campo, disfrutar del aire libre y alimentarse de forma saludable, alejados de la industrialización de las ciudades. A finales del siglo XIX, el pastor evangelista suizo Walter Bion se llevó a un grupo de niñas y niños al campo, para alejarlos de las zonas más contaminadas y facilitarles todos los beneficios del contacto con la naturaleza.

El nacimiento de la educación no formal estaba centrado en un nuevo paradigma educativo en el cual el papel de la infancia cambiaba por completo. En nuestro país, la  Institución Libre de Enseñanza organizó durante los años previos al golpe militar del 36 las Colonias Escolares, que buscaban fomentar una educación lejos de los currículos educativos oficiales y ofrecer a la infancia un entorno vivencialmente enriquecedor y educativamente estimulante. Fue la primera experiencia no formal en España que, también, fomentaba el contacto de la infancia con la naturaleza y los otros animales.

Otras iniciativas nacieron con una clara voluntad social. Incluso durante la Guerra Civil se siguieron organizando colonias donde se acogía a los menores refugiados que huían de las zonas de combate. Durante la dictadura que arrasó con nuestro país solo se permitían las actividades vinculadas a organizaciones juveniles oficiales del régimen, así que la iglesia católica se encargó de acoger, previa autorización del gobernador civil, muchas de estas actividades.

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Los famosos cirqueros Bouglione renunciaron a usar animales y crearon el EcoCirco

André-Joseph Bouglione, famoso domador de circo, antes de renunciar a la explotación de animales y crear el EcoCirque Bouglione

Para quienes defendemos los derechos de los animales el capítulo de los animales en los circos ha sido abordado con una simplicidad casi banal. Nos parece tan evidente que los animales no merecen vivir en unas condiciones diametralmente opuestas a su hábitat natural y estar obligados a comportarse de igual manera, que nos asombra que aún haya gente que pretenda justificar su presencia en esta clase de espectáculos.

Aunque desde hace décadas la organizaciones de defensa de los animales están trabajando muy seriamente para prohibir la utilización de animales, aunque la sensibilidad de la ciudadanía está cada vez más concienciada, aunque cada vez más ciudades y países se están declarando en contra de esta práctica cruel, la legislación de muchos países aún lo permite. Recientes sucesos, tratados exhaustivamente en este mismo espacio, han levantado una ola de indignación y rechazo en la opinión pública.

Quizás uno de los aspectos que no se ha tenido en cuenta debidamente es entender el mundo del circo y por qué insiste en mantener estas prácticas, condenables desde todo punto de vista. Con frecuencia hemos dicho 'No a los circos con animales' cuando deberíamos decir 'No a los animales en los circos'.

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La granja de los horrores de Gama, Cantabria

Estado en el que se encontró a las vacas en la granja de Gama (Cantabria)

La imagen daba escalofríos. El pasado 23 de marzo, la Guardia Civil llegaba a una vaquería del barrio de La Bodega, en la localidad cántabra de Gama, con una orden judicial bajo el brazo. La jueza del Juzgado de primera instancia número 2 de Santoña obligaba a requisar a los animales tras una denuncia que había corrido como la pólvora por las redes sociales: una activista de la  Asociación Huellas Cantabria había grabado y fotografiado a los animales en un estado deplorable: prácticamente en los huesos, sin apenas poder moverse y sin asistencia veterinaria. Una situación que ya había sido denunciada ocho meses atrás por la Asociación Alddea, que incluso había interpuesto una querella criminal contra el responsable de la instalación.

El ganadero no recibió de buen grado la presencia de los agentes, e incluso se negó a abrir las puertas de la cuadra. Los vecinos asistían entre curiosos y atónitos a la escena, aunque algunos se solidarizaban con el ganadero. “Nunca he visto maltrato. No me parece que las vacas estuvieran mal. Nada que no sea habitual, vamos”, declaraba uno de ellos a El Diario Montañés. También había quien celebraba la intervención de la Guardia Civil. “Ya era hora de que se las llevaran: las tenía berreando en la hierba pidiendo comida todo el día”, apuntaba otro vecino.

Ahora, y según confirma Alddea, las 23 vacas rescatadas de aquel infierno han sido trasladadas a otra explotación, propiedad de un amigo del ganadero denunciado, donde presumiblemente serán sacrificadas. Todo ello a pesar de que la juez había incorporado inicialmente en el auto una disposición que obligaba a “garantizar su integridad física”. Por ello, la propia Asociación Alddea ha puesto en marcha una campaña de  recogida de firmas en Change.org en la que se pide que los animales tengan oportunidad de acabar sus días de manera digna. En apenas tres días la petición ha superado las 82.000 firmas.

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“En Colombia las corridas de toros están viviendo tiempo extra”

Natalia Parra Osorio, directora de Plataforma ALTO, Colombia

¿Qué es la Plataforma ALTO?

Es una plataforma civil, producto de algunos años de trabajo en los que las personas que la integramos nos dimos cuenta que la defensa de los animales tenía que ser un asunto ciudadano que fuera más allá del mismo animalismo. Como movimiento, el animalismo puede aportar muchas claridades, ser muy coherente, pero corre el riesgo de convertirse en un gueto. Pensábamos que era importante sacar la causa animalista de allí, llevarla a los ciudadanos y construir un espacio que no fuera una fundación o una ONG, sino la unión de algunas de ellas, y en la que quepan ciudadanos que no son animalistas las 24 horas al día pero se preocupan por los animales y sienten que pueden ir ayudando de alguna manera.

Nuestro enfoque desde el principio ha sido la incidencia de carácter institucional, haciendo gestión pública para que haya cambios en la legislación y existan políticas públicas por los animales. Sabemos que esa no es la solución, pero puede ser nuestra contribución a la liberación animal. Porque la Plataforma ALTO no fue creada para lograr la liberación animal sino para arar el camino hacia ese horizonte, que otros alcanzarán en el futuro. Nuestro fin es que haya Estado para los animales.

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Que la muerte de la elefanta Diana sea la del circo con animales

Elefantas del circo Gottani heridas tras el accidente del camión que las transportaba

Belinda, Pira, Diana, Thai y Baby han saltado a los medios de comunicación debido al accidente de tráfico en el que murió una de ellas y otras dos resultaron heridas, el pasado lunes en Albacete. Son elefantas y su imagen en la autovía nos partió el alma. Vimos un cuerpo tirado en la cuneta que después fue retirado con una grúa, mediante unas enormes cinchas. Y vimos a las demás deambulando desorientadas, asustadas, algunas de ellas con enormes heridas sangrantes.

El accidente fue una tragedia de la que no nos podemos hacer idea de cómo se procesa en la cabeza de una elefanta, uno de los animales más inteligentes del planeta y con una capacidad emocional que solo podemos atisbar pero que sabemos sorprendente. No hace falta ser especialmente sensible para intuir lo que esos animales están sufriendo, más aún después de saber que todas ellas nacieron en Asia, en plena naturaleza, y fueron secuestradas en los años sesenta para su venta. Es decir, llevan más de cincuenta años cautivas, según ha explicado la asociación Libera!

Después de actuar en otros circos, explica Libera!, son propiedad del domador Joy Gartner, del circo Gottani, que tiene tres expedientes sancionadores en Galicia y que vive, como otros similares, rodeado por la polémica debido a un creciente rechazo a la explotación de animales en los circos. Las lentejuelas, la brillantina y la música estridente ya no bastan para ocultar el horror. No, no estamos en contra del circo. Estamos en contra de la explotación de animales en los circos, que es muy diferente.  

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Adoctrinamiento contra la empatía en las aulas de Veterinaria

Curry durante las prácticas de propedéutica, padeciendo gran ansiedad porque no tolera ser inmovilizado

Hace algo más de un mes que decenas de personas, diversas en procedencia, estudios, ideas y edades, nos concentramos delante de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid para pedir toda la información, oculta hasta el momento, sobre los animales que tienen encerrados allí. Información a la que tenemos derecho como ciudadanos y ciudadanas.

Sin embargo, no son las vivencias de personas ajenas a los estudios de Veterinaria las que importan en este artículo y, por ello, queremos trasladar el sentir de algunas alumnas de esta facultad, a menudo acalladas en sus propias aulas e incluso en sus propios círculos.

Una antigua estudiante nos cuenta cómo fue ser admitida en la carrera de sus sueños:

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Dadles un salva-arañas y cambiarán el mundo

Dibujo de Carla, alumna de Primaria en un colegio de Cabezón de Pisuerga (Valladolid)

Eran las 10 de la mañana cuando abrí la puerta de clase. Las niñas y los niños me saludaron y se dispusieron en una fila para salir. De repente se oyó un pequeño grito: "¡Una araña!", gritó uno de ellos, a la vez que ponía cara de susto, abriendo mucho los ojos, agitando las manos y señalando a la pared. El resto de la clase se apartó también.

"Silencio", les dije, "vamos a movernos sin hacer ruido, no sea que la araña nos haga una llave de yudo y nos inmovilice". A lo cual respondieron con bastantes risas.

Nos separamos de la pared y les propuse hablar para ver qué podíamos hacer. Y les planteé una cuestión: "¿creéis que la araña prefiere estar con los suyos o con nosotras, a quienes además nos tiene que ver como seres gigantes? Poneos en su lugar y pensad si vosotros preferís estar con las arañas o con los compas de clase. Tal vez esté buscando la salida para ir a buscar a sus compis arañas".

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Mi hijo quiere un conejo

Fotograma de la película 'Peter Rabbit'

Puede ocurrir por varias razones. Quizás nuestro hijo ha visto unos conejitos en una tienda, son tan pequeños y adorables, parecen diminutos peluches con vida. O puede que un amiguito tenga un conejo y ya sabemos cómo son los niños. Es posible también que alguna película en la que salen conejos dispare el número de niños encaprichados con uno. A veces son los padres los que, ante la demanda de un animal más grande, como un perro o un gato, prefieren elegir un animal más pequeño, por ejemplo un conejo.

Hay muchas vías por las que se puede llegar a este momento en el que uno o varios de nuestros hijos se empeñan en tener un conejo. Sucumbir ante su insistencia puede ser una tentación pero es mejor informarse antes. La impresión que muchos padres pueden tener es que se trata de un animal sencillo de cuidar y barato de mantener. Un animal pequeño que no les dará tanto trabajo o problemas como un perro, por ejemplo. Pero ¿es esto cierto? Por desgracia la respuesta es un NO rotundo.

Antes de llevar un conejo a casa debes leer atentamente este artículo para evitarte algunas desagradables sorpresas y algunos finales no muy felices.

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