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Llega a Madrid 'Dominion', el documental en el que Joaquin Phoenix y Rooney Mara narran lo que se filma para la liberación animal

A vista de pájaro: como dioses que pudiéramos ver la magnitud de nuestro crimen. O cara a cara: como el verdugo que fija los ojos en la pupila de su víctima. O escondidos entre los matorrales, como voyeurs de la vergüenza. Así son los planos en Dominion. Solo que detrás de esas miradas hay objetivos de justicia militante: los de las cámaras que son testigo de cargo y los de quienes –ocultos, infiltrados, clandestinos, enviados especiales al infierno- las han llevado ahí para avanzar con ellas en la liberación de los animales que enfocan. Objetivos para desvelar el secreto que celosamente guardan las industrias basadas en la explotación animal: que esconden el infierno en la Tierra. Mataderos que se dirían platós de cine gore (Coetzee dice que que deberían ser de cristal y estar en el centro de las ciudades), granjas que son hileras de barracones en terrenos asolados de purines, camiones con cuerpos amontonados que recuerdan los peores capítulos de la historia humana, estructuras metálicas que oprimen cuerpos que se agitan inquietos, la dureza de las rejillas como único sostén para apoyarse y descansar.

La dominación del débil, del diferente, del otro es el tema del documental Dominion, que El caballo de Nietzsche y Capital Animal han presentado en Cineteca de Matadero  Madrid. El espurio derecho a ejercer control, poder, autoridad sobre los demás, incluso por la fuerza. Todo ello desde la convicción de una superioridad que es la esencia del supremacismo. Por eso el especismo se configura como un sistema semejante al del racismo y el sexismo: sobre la idea de que los otros animales, los individuos de otras especies, son inferiores al animal humano, por lo que nosotros tenemos derecho a tratarlos como convenga a nuestros intereses y a usarlos para nuestros propios fines, sin atender a su sensibilidad y a sus necesidades y, lo que es más y peor, provocándoles indecibles sufrimientos.

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"Necesitamos vincular los derechos de los animales con debates más amplios, como el significado de la democracia, de la representación y de la autoridad legítima"

El filósofo Will Kymlicka con Sue Donaldson, coautora del libro 'Zoópolis, una revolución animalista'

Zoópolis es probablemente una de las más deseables apuestas de traducción a la lengua castellana sobre temática animalista. El libro constituye el primer intento sistemático de transferir el debate sobre la consideración moral de los demás animales a un marco estrictamente político. Esto no implica, al contrario de lo que pueda parecer, una ruptura con la teoría de los derechos animales tal y como se ha hecho hasta el momento. Kymlicka y Donaldson aceptan la premisa básica del planteamiento de los derechos de los animales como una extensión natural del concepto de igualdad moral entre individuos. Los animales no humanos, en función de su condición sintiente, deben ser reconocidos como titulares de ciertos derechos inviolables.

Sin embargo, les autores consideran que este planteamiento ha sido, en gran parte, ineficaz, permaneciendo a día de hoy injustificadamente marginal en el ámbito político. Esta es la razón por la que necesitamos “una teoría ampliada sobre los derechos de los animales” que, reconociendo, como hasta ahora, los derechos básicos universales de todos los animales sintientes -en particular, “a no ser poseído, asesinado, confinado, torturado o separado de la propia familia”-, añada a la ecuación la existencia de deberes positivos hacia los individuos de las demás especies. En particular, deberes de cuidados, alojamiento o reciprocidad acorde a las relaciones generadas entre humanos y no humanos. La propuesta política de Zoópolis es, así, mediante la teoría de la ciudadanía, diseñar un mapa antiespecista que, en función de coordenadas geográficas e históricas, acomode derechos y responsabilidades diferenciados hacia los no humanos, desde los que se encuentran bajo cuidado humano hasta los que viven distantes e independientes en el medio salvaje. En la práctica, ampliar los derechos animales vía la teoría de la ciudadanía conlleva el reconocimiento de ciudadania para los animales domesticados, cuasi-ciudadania para los animales liminales y soberanía para los animales salvajes.

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El libro 'Pan y toros' documenta el antitaurinismo como parte de nuestra historia y de nuestra identidad cultural

'Pan y toros', de Juan Ignacio Codina, publicado por Plaza y Valdés Editores

Me gusta definirme como antitaurino y como activista en defensa de los derechos de los animales. Desde muy pequeño no he tolerado ningún tipo de abuso sobre ningún ser de cualquier especie y, tal vez por ello, las causas humanitarias siempre me han atraído. Esto ha sido así hasta el punto de que la preocupación por los más débiles ha sido una constante en mi vida personal y profesional. En este sentido, hace algunos años que decidí dedicar mi vida casi exclusivamente a combatir los espectáculos taurinos, ya que, dentro del amplio catálogo de las barbaries que actualmente se cometen sobre los animales -que son muchas y en muy distintos ámbitos-, estas diversiones me parecen de lo más execrable. En pleno siglo XXI no se puede tolerar que la crueldad ejercida sobre toros, novillos, becerros o vacas sea convertida en un espectáculo y que, encima, se trate de algo normalizado, subvencionado y fomentado desde los poderes públicos. Además, como español, me duele e indigna que la tauromaquia sea una bolsa de crueldad que se ha mantenido especialmente activa en nuestro país, hasta el extremo de que, aunque equivocada y artificialmente, se utilice como seña de identidad cultural de lo español, lo cual resulta muy triste para los millones de españoles sensatos que no comulgamos con estas prácticas. Por tanto, ¿quiénes mejores que los españoles para denunciar la tauromaquia?

Como activista, a lo largo de los últimos años he acudido a múltiples manifestaciones antitaurinas, la mayoría de ellas celebradas a las puertas de las plazas de toros instantes antes de que empezara una corrida. Y, como todas y todos los que allí estábamos, he sentido la impotencia y la pena de no poder evitar lo que sucedía dentro de la plaza. Además, he militado y he sido candidato del Partido Animalista (Pacma), y también he colaborado muy activamente en organizaciones como AnimaNaturalis. Asimismo, desde 2012 soy subdirector de otra organización animalista, el Observatorio Justicia y Defensa Animal, del cual también soy uno de sus fundadores y que, entre otras cosas, se dedica a mejorar la protección legal de los animales en nuestro país. En definitiva, llevo varios años conociendo de cerca el mundo del activismo, participando en actos en la calle, delante de circos con animales y delfinarios, en mesas informativas de veganismo, en carpas electorales de Pacma o en manifestaciones antitaurinas, compartiendo la causa de la defensa de los animales con hombres y mujeres que, como yo, tienen el sueño y la esperanza de poder vivir en un mundo mejor, más justo y equitativo para todos, también para los animales no humanos.

Pero los que buscamos esa justicia debemos saber que tenemos enfrente a un enemigo muy poderoso. Son muchos los intereses que se esconden detrás de la explotación a la que nuestra sociedad somete a los animales: el primero y más destacado, el económico, en menor medida, el político y, en tercer lugar y no menos importante, la costumbre. Por eso esta empresa, la de tratar de conseguir un mundo más justo, va a requerir lo mejor de nosotros mismos. Cada uno en su ámbito deberá dar lo mejor que tenga y prepararse bien porque no será fácil, pero, al final, el esfuerzo merecerá la pena, no tengo ninguna duda.

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Los toros no sufren y las vacas vuelan

Las imágenes de la campaña han sido creadas por la agencia The Bold para www.ylasvacasvuelan.org

Una mañana de hace algunos años, para ser exactos la del día 23 de enero de 2007, amanecimos con una noticia que diferentes diarios españoles divulgaban sin poner en entredicho y sin cuestionamiento alguno: que “el toro no sufre”.

La noticia se refería a un estudio realizado por un veterinario taurino llamado Juan Carlos Illera, que afirmaba sin avergonzarse que los toros de lidia "disfrutan" al ser traspasados por divisas, puyas, banderillas, estoques, descabellos y puntillas, y que, a diferencia del resto de animales del planeta Tierra, su sistema nervioso está puesto ahí de adorno. Si este estudio hubiera tenido el más mínimo atisbo de ser real y científicamente verídico, la humanidad debería haber quemado todos los libros de biología animal publicados desde Darwin hasta nuestros días.

Agencia The Bold para www.ylasvacasvuelan.com

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3N Antiespecista: cuatro años consecutivos de respeto y libertad para los animales

Pancarta en la manifestación del 4N Antiespecista de 2017

Este sábado 3 de noviembre se celebrará, por tercer año consecutivo, una gran manifestación antiespecista en la ciudad de Madrid. La convocatoria surge a raíz del día internacional del veganismo, el 1 de noviembre, y busca llevar a las calles las realidades de abuso y explotación que los animales no humanos experimentan en nuestra sociedad.

Hace unos años, el concepto de veganismo era desconocido por gran parte de la sociedad española. En los últimos tiempos hemos visto un aumento del uso del concepto, que actualmente ha ganado presencia en el imaginario colectivo. No obstante, el origen rotundamente ético del veganismo -el respeto a los animales no humanos- acuñado en 1944 por Elsie B. Shrigley y Donald Watson, fundadores de la primera Vegan Society (Sociedad Vegana) del Reino Unido, en ciertos discursos parece difuminarse. La convocatoria del 3 de noviembre hace especial hincapié en esta cuestión: el veganismo no es una moda, ni una dieta, es lucha. Lejos de la conceptualización tendenciosa del término, interpretado como una elección dietética de ingredientes que no sean de origen animal, el veganismo trasciende nuestros platos y se caracteriza por ser un posicionamiento ético y político que se opone al uso de los demás animales en cualquier ámbito de nuestras vidas.

El uso de animales para alimentarnos es el más extendido y mayoritario: sólo en el Estado español se asesina a más de 6 millones y medio de animales terrestres y 964.554 toneladas de peces, que ni siquiera son contabilizados como individuos. Otros tantos millones de vacas, cabras y gallinas viven en cautiverio para la producción de leche y huevos, y serán asesinadas cuando dejen de ser “productivas”. Sin embargo, la explotación animal se pone de manifiesto también en otros ámbitos de la vida cotidiana: se utilizan las pieles o el pelo de los animales como vestimenta, se les encierra para entretenimiento en zoológicos y acuarios, se les fuerza a realizar actividades contra su voluntad en circos o espectáculos taurinos con el fin de entretener a unos pocos o se experimenta con sus cuerpos con fines cosméticos, académicos, científicos o militares.

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El Cabildo de Tenerife contra los grandes simios

Una madre gorila con su bebé.

Una vez más, la política ha sentenciado la vida animal, ignorando el verdadero sentir de la población, ignorando los apoyos de los hombres y mujeres de ciencia, sin empatía, que por desgracia se está perdiendo en nuestros cargos electos como si ello fuera el sello de sus asientos de poder. Una vez más, se llevan a cabo unas votaciones por intereses de partido, sin tener el más mínimo conocimiento de lo que han votado ni para qué lo hacen, solo una o dos palabras que rigen el destino de sus decisiones y el orgullo de sentirse poderosos y por encima de la ciudadanía.

Podemos presentó el pasado 19 de octubre una moción para instar al Gobierno central a la aprobación de una Ley de Grandes Simios que, ya en el 2008, hace una década, fue aprobada en el Congreso de los Diputados y automáticamente guardada en el cajón de la Moncloa (que, por cierto, debe de estar a rebosar).

En esta moción, presentada en el Cabildo de Tenerife dentro de la Comisión Plenaria Permanente de Sostenibilidad, Medio Ambiente, Política Territorial, Agricultura, Ganadería, Pesca y Aguas, solo se solicitaba el apoyo de los grupos políticos para exigir al Gobierno el cumplimiento de una Proposición de Ley ya aprobada. Dentro de la moción se redactaba una introducción justificativa, en la que se mostraban los argumentos para solicitar una Ley de Grandes Simios. A pesar de contar con científicos que lo apoyan y avalado por las grandes asociaciones ecologistas como son Greenpeace, WWF y Ecologistas en Acción, sorprendentemente (y tal vez para reírse una vez más a la cara de animalistas y ecologistas, o bien con ocultos intereses que escapan a nuestro conocimiento), el Grupo Canario presentó una enmienda con tres puntos que en nada tienen que ver con una Ley de Grandes Simios, siendo uno de ellos el de impulsar en los foros y organismos internacionales que proceda la protección de los grandes simios. Entonces, ¿una Ley de grandes simios no es precisamente proteger a los grandes simios? ¿En los foros internacionales sí y en España no?

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Razones éticas para prohibir el uso de animales en circos

Niños fotografiándose junto a la osa explotada en el Circo Holiday, en 2016. Foto: Tras los Muros

La celebración de la jornada 'Hacia la prohibición del uso de animales en los circos en España', organizada en el Congreso de los Diputados por la Asociación Parlamentaria en Defensa de los Derechos de los Animales ( APDDA), coincide con el inicio del otoño. Quiero comenzar diciéndolo, porque creo importante señalar y celebrar los ciclos de las estaciones, así como en general los ciclos naturales, que ordenan el tiempo y nos ubican en los ritmos del planeta que habitamos.

Y seguramente me dirán: ¿y qué tiene eso que ver con el uso de animales en los circos? Pues tiene mucho que ver. La civilización que hemos construido y en la que estamos atrapados, está intentando con muchas estrategias distintas y complementarias que olvidemos la naturaleza. Y en gran medida lo está logrando. Un ejemplo: la mayoría de la gente ya no conocemos cuáles son las especies de animales y plantas con las que compartimos los ecosistemas. Al caminar por nuestro barrio en los quehaceres de la vida cotidiana, nos cruzamos con aves y reptiles, mamíferos e insectos, y según donde vivamos también vemos anfibios y peces, pero a menudo no sabemos identificar qué especies son, ni entendemos sus formas de vida, ni las funciones que realizan en los ecosistemas. Tampoco reconocemos las plantas que brotan de manera espontánea, ni sabemos de dónde proceden las plantas exóticas que se cultivan en parques y jardines. Supuestamente, vivimos en la era de la información y estamos todos conectados, y sin embargo, hemos desconectado de la comunidad multiespecie que conforma la biosfera, el mundo real al que pertenecemos y del que dependemos para tener una buena salud física, emocional y mental.

Los espectáculos de circo con animales sirven precisamente para eso, para que olvidemos la naturaleza real y pasemos a vivir en la burbuja antropocéntrica: un mundo imaginario donde la naturaleza no es más que materia inerte y pasiva, mera plastilina que nosotros podemos manipular a nuestro antojo y transformar en fantasías caprichosas. En la pista del circo, el ser humano armado con su látigo se alza como domador, como dominador; y la naturaleza, y especialmente los animales, existen para ser dominados, para obedecer, para realizar nuestros deseos, por absurdos que sean, e incluso para ser ridiculizados. Voy a intentar explicar todo esto de manera más detallada.

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La Cosa Vuestra: llega a Madrid la "videoguerrilla" de María Cañas ante la violencia contra mujeres y animales

Fotograma de la película 'La Cosa Vuestra'.

La Cosa Vuestra es una reflexión sobre la violencia y sobre el bálsamo del humor-amor ante el horror. Es un empoderar a la mujer y al animal frente a la carpetovetónica cultura del asesinato y la violación. Ante la violencia, es un canto a la autodefensa feminista y a la “risastencia”, que es el humor de todos los colores y sabores, la agitación de las multitudes conectadas, como estrategias de insurgencia o, si no, al menos, de resistencia y supervivencia popular.

La Cosa Vuestra muestra, sin tapujos ni hipocresía, a agresores y asesinos como el de Nagore Lafagge o  la manada (que no se merece ese bello calificativo animal), la tauromaquia y los encierros.

La Cosa Vuestra homenajea y promociona a colectivos activistas comprometidos con los derechos de los animales, con las mujeres, con las minorías y con la justicia social, como Capital Animal, Monsters for Animals, PETA, PACMA, AnimaNaturalis, FLAC (Federación de Luchas por la Abolición de las Corridas), Iruñea Antitaurina, ZIKUTAK, FARRUKAS, Movimiento 8M, YoSíTeCreo, MeToo, La Caja de Pandora, MAV, CIMA, AMMA, Píkara Magazine, La Giganta Digital, Clásicas y Modernas…

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Piscifactorías: el infierno está en el agua

Investigación en una piscifactoría italiana.

Cuando se habla de derechos de los animales, los peces son los grandes olvidados. De hecho, las cifras oficiales de animales que mueren cada año para servir de alimento a la humanidad ni siquiera los contemplan por número de individuos, sino por toneladas. En concreto, 171 millones al año, según el último informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Un número que, si se parte de un cálculo estimado de 2 kilos por animal, equivaldría a 85.000 millones de peces. Y las proyecciones no paran de crecer: la propia FAO calcula que de cara a 2030 se alcanzarán los 200 millones de toneladas de capturas anuales.

La sostenibilidad del modelo de consumo actual de pescado es puesta en duda no sólo desde la óptica antiespecista: también por parte del ecologismo. En una ocasión, durante un viaje en barco como periodista invitado por una conocida organización ecologista, me llamó la atención que prácticamente ninguno de los activistas fuera vegano. Ni siquiera se declaraban vegetarianos: todos comían carne. Más allá de ser conscientes de la necesidad de reducir su consumo o recomendar la mal llamada “carne ecológica”, apenas encontré en ellos reflexión sobre la relación directa que la carne tiene con problemas supuestamente marcados en rojo en la agenda ecologista, como el cambio climático, la contaminación del suelo o la huella hídrica de los alimentos. Por contra, eran mayoría los que excluían el pescado de su dieta como respuesta a prácticas como la pesca de arrastre o el impacto de la acuicultura intensiva. Todos eran conscientes de las graves consecuencias para el ecosistema marino que tiene la forma en que obtenemos hoy día el pescado que llega a los mercados.

La palabra más apropiada para referirse a esa forma de obtener pescado es descontrol. Una situación que desde la organización italiana Essere Animali han documentado por primera vez en Europa, en una acción desarrollada en una de las principales piscifactorías del país. Las imágenes, tomadas entre 2017 y 2018, muestran la manera en que mueren doradas, lubinas o truchas: desde las redes atestadas de peces son descargados sobre recipientes de plástico con hielo en los que se asfixian lentamente y entre violentas sacudidas. Los pocos que sobreviven, en una agonía que puede llegar a durar hasta una hora, son rematados a golpes.

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Carta abierta de un perro "de" perrera al presidente Sánchez

Brutus lleva dos años y medio en la perrera.

Señor Presidente, me presento: me llaman Brutus, soy un perro "de" perrera.

Nací cerca de Barcelona, en un polígono a las afueras. Me criaron, por llamarlo de alguna manera, en una nave industrial con otros perros. Nunca he sido un perro con suerte, la verdad. Siendo un cachorro enfermé y perdí el 90% de la visión. Estoy casi ciego. Cuando te tiran la comida y compites con el resto de los perros de la nave por un trozo de pan, la falta de visión se convierte en un problema muy grave; las decenas de mordiscos que adornan mi cuerpo así lo atestiguan.

Hace un par de años mi suerte cambió: un fuerte estruendo, muchos ladridos y un lazo sobre mi cuello. No recuerdo nada más. Cuanto recobré el conocimiento me encontraba en una jaula en el CAAC de Barcelona, la protectora municipal de la ciudad. No soy muy mayor, tengo unos 5 años, entré en el Centro con unos 2 y medio y espero vivir hasta los 14. Sé que moriré en la jaula. Nunca nadie se ha interesado por mí: mestizo de Pit bull, múltiples mordiscos por todo mi cuerpo, casi ciego... Moriré en esta jaula, seguro. Los perros "de" perrera estamos en la escala más baja de los seres vivos.

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