Sobre este blog

El caballo de Nietzsche es el espacio en eldiario.es para los derechos animales, permanentemente vulnerados por razón de su especie. Somos la voz de quienes no la tienen y nos comprometemos con su defensa. Porque los animales no humanos no son objetos sino individuos que sienten, como el caballo al que Nietzsche se abrazó llorando.

Editamos Ruth Toledano y Concha López.

La LOMLOE incorporará la empatía hacia los animales en el currículo escolar

El actor Fernando Tejero en una de las actividades organizadas por Escola Animal de Sabadell y el programa Convivencia Responsable

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En diciembre de 2018 la mayoría de los Grupos Parlamentarios del Congreso de los Diputados presentaron conjuntamente una proposición no de ley promovida por APDDA y PRODA (Profesionales para la Defensa Animal). En ella se reclamaba la incorporación de la empatía hacia los animales en el currículo escolar. La disolución anticipada de las Cortes impidió su debate y aprobación. Ahora, al tramitarse la nueva Ley de Educación, la LOMLOE, los animales han tenido una nueva oportunidad. Y la justicia ha empezado a ser realidad.

El logro de la APDDA ha consistido en saber explicar a los representantes políticos que incluir la empatía hacia los animales en los distintos niveles educativos (Infantil, Primaria y ESO) es cuidar la educación integral de nuestros menores. Varios grupos han recogido nuestras propuestas y ya han sido aprobadas. Ha llegado el momento de introducir en nuestro sistema educativo la formación en la empatía hacia los animales como forma de prevenir, evitar e intervenir en conductas violentas, así como de generar actitudes prosociales que propicien una convivencia sana, pacífica y responsable.

Porque, tomémonos un tiempo para reflexionar. ¿Sabemos ponernos en el lugar de otro ser sintiente? ¿Sabemos comprender su alegría, su tristeza, su miedo? ¿Podemos llegar a sentir sus emociones? ¿Queremos ayudarle a conseguir su equilibrio y bienestar? ¿Redundaría en el propio? ¿Sabemos resolver conflictos pacíficamente?

Si gran parte de la humanidad fuese capaz de tener respuestas positivas a estas cuestiones en su diálogo interno, no existirían ni guerras ni abusos, porque se rechazarían individualmente y podríamos vivir en paz con el resto de seres sintientes. Muchos problemas de la humanidad se solucionarían desarrollando la empatía: tendríamos marcado el camino para la evolución personal y social hacia un mundo más habitable para personas y animales. La habilidad empática es la base principal de la comunicación interpersonal y el cimiento indiscutible del altruismo, que es incompatible con la agresión al otro.

Tanto la empatía cognitiva (la decisión de ponerse en el lugar del otro) como la afectiva (la percepción emocional sin esfuerzo) son las bases que nos conducen, a través de la compasión y la solidaridad, a la conducta prosocial, el gran pilar educativo que toda sociedad ha de lograr para la convivencia. Es más, la ciencia ha descubierto que la empatía es la chispa que enciende la compasión y nos induce a ayudar al prójimo cuando está sufriendo.

Desde el punto de vista psicopedagógico y evolutivo, la educación en la empatía y el respeto hacia los seres sintientes es necesaria en la infancia y la adolescencia, pues son procesos de maduración cerebral que, si avanza con normalidad, hará que en la adultez se puedan sopesar mejor los impulsos, los deseos, los objetivos, el interés egoísta, las normas, la ética e incluso el altruismo, y generar un comportamiento más completo y más sensato.

La lentitud en la maduración humana aumenta la flexibilidad justo en el momento en que salimos al mundo que conoceremos de adultos. Enseñar empatía y solidaridad responsable ayuda a que este proceso sea mejor. De hecho, por ejemplo, en Canadá, el 90% de las escuelas imparten programas de aprendizaje social y emocional 'SEL' con satisfactorios resultados. La empatía se puede ejercitar. Algunos investigadores, como Tania Singer (neurocientífica social del Instituto Max Plank de Ciencias Cerebrales y Cognitivas de Leipzig, Alemania), apoyan que para llevar una vida saludable necesitamos una educación orientada a los valores interiores.

Es necesario considerar como parte fundamental de la educación escolar valores tales como solidaridad, cooperación, amistad, paz y tolerancia, para la educación de la infancia en conductas prosociales y en el desarrollo de la inteligencia emocional. Del control de los impulsos y de la ira, de evitar el aislamiento social, de la regulación de las emociones, dependerá la convivencia.

Resulta muy beneficioso que el aprendizaje escolar abarque la mayor diversidad posible, pero nunca se termina de aprender. Se ha descubierto que la plasticidad de nuestro cerebro social persiste incluso en la edad adulta y que podemos entrenarnos para ser más amables y generosos. Singer ha aportados estudios pioneros que lo demuestran. Que exista la posibilidad de moldear el cerebro para ser más altruistas es una perspectiva halagüeña para la sociedad. Una forma de acercar ese futuro, cree Singer, sería llevar el entrenamiento compasivo a las escuelas. Quizá lograríamos un mundo más bondadoso, en el que la amabilidad innata deja de ser algo excepcional para convertirse en un rasgo definitorio de la humanidad.

La educación que incorpora la empatía hacia los seres sintientes es también imprescindible durante la adolescencia, puesto que es una etapa orientada a la consecución de autonomía. De esta manera, los valores que predominan en la preadolescencia son más conservadores que los que se priorizan al final de la misma, que tienden a la apertura y al cambio. Según el modelo teórico de Schwartz, entre los diez tipos o dominios de valor, los de autodirección, benevolencia y universalismo (que contemplan honestidad, responsabilidad, justicia social, unión con la naturaleza, protección de las personas y del medio ambiente, interés prosocial, trascendencia de los propios intereses…), opuestos a los de logro y poder (ambición, control sobre personas y recursos, estatus social…), evolucionan en mayor medida según se acercan a los 18 años, edad en la que se enfatiza, sobre todo, la aceptación de los otros como iguales, y hay un interés por el bien ajeno.

Numerosas experiencias confirman que educar en la empatía hacia los seres sintientes previene del bullying y otras formas de violencia. Es un agente protector. Se ha encontrado repetidamente una correlación negativa entre empatía y agresividad. Distintos estudios han asociado también las conductas violentas y antisociales con la ausencia de empatía emocional, que a su vez parece ser consecuencia de problemas en los circuitos neuronales, puesto que las personas sumamente empáticas -como las que arriesgan la vida por ayudar a un desconocido- reconocen mejor el dolor y el miedo en la expresión facial ajena. La buena noticia, como hemos dicho, es que son habilidades que se pueden ejercitar y mejorar.

Añadamos que se rechaza más la violencia cuando se socializa y educa teniendo presentes los valores de protección a la naturaleza.

La realidad de la evidencia es tozuda y las leyes de educación deben ser coherentes con ella

Veamos también en que ayuda al alumnado aprender empatía, compasión, solidaridad, respeto y protección activa a los seres sintientes.

Estudios de Stanley Milgram, psicólogo de la Universidad de Yale, demostraron la extrema disposición de los adultos a hacer prácticamente cualquier cosa si así se lo ordena una autoridad. Todo empieza cuando un líder demagógico señala a un grupo diana como “los otros” y afirma que son un peligro para los intereses de sus partidarios. Es un manipulador modo de racionalizar la violencia. Un estudio del Departamento de Psicología Social de la Universidad Complutense de Madrid aporta que, en la explicación de los actos violentos de los individuos y grupos, una dimensión muy importante es la justificación moral o ideológica de la violencia, ya sea por la ideología o por los valores de los agresores (volvemos al concepto “los otros”).

Si se desmonta este argumento irracional destructor mostrando la violencia real o, al menos, contándola, añadimos información y el sujeto se ve libre de sesgo y manipulación externa. La información transparente que puede aportar la educación sirve para testificar socialmente una realidad y suscita identificaciones que tienen un enorme potencial de acción social.

En un trabajo de Ortega, Calmaestra y Mora-Merchán sobre cyberbullying en el entorno escolar, se preguntó a los agresores sobre los sentimientos que ellos entendían que se despertaban en sus víctimas. Es de gran interés ver que, entre los agresores frecuentes, la respuesta más habitual era que a sus víctimas no les afectaba lo que les hacían, lo que podía suponer una importante falta de empatía por parte de los cyberagresores o un elevado grado de desconexión moral.

Parece que los agresores no tienen una percepción de sí mismos como tales, poseen un elevado grado de impulsividad, sus familias tienen un estilo de resolución de conflictos basado en la agresividad o muchos presentan trastornos psicopatológicos. Muchas de las agresiones que se producen en el medio escolar tienen una base de falta de inhibición, distorsión cognitiva y psicopatología, aspectos todos ellos que no facilitan la prevención de dichos comportamientos.

Los niños que nacen con mayores probabilidades de tener dificultades para empatizar suelen tenerlo doblemente difícil. A menudo se topan con la mala suerte de tener unos progenitores peor preparados para muchas de las tareas de la crianza, a no empatizan y regulan peor sus propias emociones, por lo que la escuela debe desempeñar este papel.

Desde el punto de vista psicológico, es un hecho demostrado científicamente que la relación respetuosa con la naturaleza produce emociones positivas y bienestar físico, y también que la naturaleza es una excelente psicoterapeuta. Se trata de encontrarnos profundamente con nosotros y con los otros, de contactar con la naturaleza desde el respeto, y no desde un dominio que nos aleja cada vez de ella y de nosotros mismos.

Mediante emociones positivas como compasión y amor, la mente logra disminuir la ansiedad y el miedo y aumenta las sensaciones placenteras. Si la ciencia ha descubierto que la empatía es el mecanismo previo que puede activar la compasión y nos induce a ayudar al prójimo cuando está sufriendo, y se diese un incremento en el número de personas compasivas y un avance en el nivel moral, tendríamos sin duda una inmensa ventaja respecto al bien común en forma de aumento de las conductas prosociales.

Otra cuestión que debemos mencionar es que educar en el respeto a los seres sintientes es un tema de justicia social y ambiental, y que percibirlos como tales comporta reconocer sus derechos. Los animales sienten amor y duelo, felicidad, atención, imaginación consciente, consciencia de sí mismos y un amplio espectro de capacidades cognitivas, personalidad, inteligencia social, etc. Los biólogos subrayan la continuidad estructural y conductual, al distinguir entre animales humanos y no humanos: todos somos hijos de la naturaleza.

En 2012 un grupo internacional de neurocientíficos trató el tema de la conciencia en los seres vivos y dio a conocer la Declaración de Cambridge sobre la Conciencia, en la que se reconoce que los seres de especies no humanas también poseen conciencia. En la presentación de la declaración se dijo: “Decidimos llegar a un consenso y hacer una declaración para el público que no es científico. Es obvio para todos los que estamos en esta sala que los animales tienen conciencia, pero no lo es para el resto del mundo”.

A partir de ahora, pues, en España se podrá y deberá educar a los niños y niñas en empatía y respeto hacia los animales, humanos y no humanos. Es un gran avance en un tema blanco, sin ideología política, dado que se trata de experimentar compasión y solidaridad hacia los seres sintientes, valores imprescindibles para la supervivencia emocional de la humanidad.

Sin embargo, algunos partidos políticos han votado en contra. Pero, con toda seguridad, muchos de sus simpatizantes respetan y protegen a los animales. El voto, dolorosamente cruel, de sus dirigentes no los representa en este transcendental tema. Sería un buen momento para expresar una queja a sus políticos por su ceguera emocional, para que así reflexionasen sobre la barbaridad que han hecho.

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El caballo de Nietzsche es el espacio en eldiario.es para los derechos animales, permanentemente vulnerados por razón de su especie. Somos la voz de quienes no la tienen y nos comprometemos con su defensa. Porque los animales no humanos no son objetos sino individuos que sienten, como el caballo al que Nietzsche se abrazó llorando.

Editamos Ruth Toledano y Concha López.

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Publicado el
21 de noviembre de 2020 - 06:01 h

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