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La central nuclear que el franquismo quiso construir en una playa de Cantabria y los vecinos consiguieron frenar

Fotografía de ADIC de la histórica manifestación contra la central nuclear de Santillán en Cantabria en el año 1977.

Olga Agüero

15 de agosto de 2026 21:00 h

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Este verano se cumple un nuevo aniversario de la batalla ciudadana contra la central nuclear que Electra de Viesgo pretendió abrir en la costa de Cantabria, sobre el parque natural de Oyambre. La fecha de la manifestación de aquel domingo de verano, que acabó por forzar la renuncia al proyecto, ha quedado grabada con cierto halo de épica en la historia de Cantabria. Fue en agosto de 1977.

Ahora –casi cincuenta años después– en un nuevo agosto, la polémica por la prórroga de la central de Almaraz resucita la memoria de la fallida central nuclear de Santillán.

El proyecto se presentó en 1973, en los últimos años de la dictadura franquista y era una de las catorce centrales de un plan nacional para reforzar las tres que ya existían: Garoña (Burgos), Vandellós (Tarragona) y José Cabrera (Guadalajara). Finalmente solo se llegaron a hacer ocho. La de Cantabria, que se planteaba instalar en la playa de Las Fuentes, entre los municipios de San Vicente de la Barquera y Val de San Vicente, nunca se llegó a empezar, más allá de unas excavaciones para hacer catas sobre el terreno.

Electra de Viesgo adquirió un terreno equivalente a más de setenta campos de fútbol en la localidad de Santillán, sobre un acantilado del mar Cantábrico, para invertir 80.000 millones de pesetas en una estación de cuatro unidades con una potencia de cuatro millones de kilovatios. Se eligió este emplazamiento para que la instalación pudiese utilizar el agua de mar para refrigerarse, para ello se proyectó además la construcción de dos embalses artificiales y un salto de agua para bombear agua desde la localidad de Bárcena de Pie de Concha.

Sobre aquel terreno se abrió una enorme zanja, cuyos restos en forma de círculo –en la playa que algunos todavía conocen como 'de la nuclear'– aún persisten como una cicatriz en memoria de la resistencia ciudadana que frustró el proyecto.

Revilla, contra la central

La paralización de la central nuclear tuvo un simbolismo mayor. Fue una de las primeras batallas en defensa del territorio que dio ADIC, la Asociación para la Defensa de los Intereses de Cantabria que fundó, entre otros, Miguel Ángel Revilla, quien también tuvo su protagonismo. De hecho, en la histórica acampada en Santillán, donde se iba a ubicar la central, ondeó por primera vez la bandera de este colectivo llamado a tener una notable influencia en el germen de la autonomía de Cantabria, entonces provincia de Santander perteneciente a Castilla La Vieja. La había confeccionado y bordado la noche anterior la madre de un miembro de la Junta Directiva. Ondeó en una histórica protesta que reunió a diez mil personas.

Muchos todavía recuerdan al propio Revilla –que décadas después llegó a ser presidente de Cantabria– subido a una mesa del bar del pueblo en una asamblea con los vecinos. En realidad, toda la sociedad cántabra se oponía al proyecto en un entorno natural privilegiado. Las movilizaciones sociales las apoyaban sindicatos y partidos políticos, a excepción de los de la derecha representados entonces por las siglas UCD (Unión de Centro Democrático) y AP (Alianza Popular).

Pegatinas de los años 70 de la campaña contra la central nuclear de Santillán en Cantabria.

Curiosamente, fue un alcalde asturiano, de Ribadedeva, el primero que dio un paso firme en contra y convocó un pleno con un único punto: una moción para aplazar la construcción de la nuclear en Santillán hasta después de las elecciones municipales. El proceso coincidió con los primeros años de transición.

En paralelo, los vecinos de San Vicente de la Barquera reclamaban un debate público e incluso un referéndum. Cuando esto ocurría, en 1977, no habían pasado ni dos años desde la muerte del dictador Franco. Aparecieron pintadas contra la nuclear.

La resistencia subió tanto de tono que dimitió toda la corporación local del Ayuntamiento de San Vicente de la Barquera y se rechazó la renuncia del alcalde, Manuel Blanco, para que al menos quedase alguien al frente. A partir de este punto, se convocó una reunión de alcaldes de municipios cercanos a la que se sumaron, en solidaridad, tres asturianos: de Riva, Deba y Llanes. A resultas de este encuentro acordado oponerse a la instalación de la central nuclear de Santillán y pidieron audiencia al ministro de Industria para comunicarle su rechazo.

Acampada y manifestación

Al tiempo, se constituyó una Asociación de Afectados por la Central Nuclear de Santillán. Aquella primavera dos mil ciudadanos acamparon en los terrenos de Viesgo en otra iniciativa histórica como oposición al proyecto.

Los movimientos de rechazo eclosionaron en una histórica manifestación que partió a las doce de la mañana de un domingo de San Vicente de la Barquera y que reunió a diez mil personas ese 21 de agosto de 1977. Una marcha ciudadana que dejó herido de muerte el proyecto. Como anécdota, los manifestantes decidieron por votación a mano alzada no destruir las casetas de obra que ya se habían instalado, después de que algunos propusieran echarlas abajo.

Sobre la nuclear de Santillán cayó un velo de silencio que solo se rompió, puntualmente, seis años después cuando el consejero de Industria del primer gobierno autonómico de Cantabria, Enrique Ambrosio Orizaola, volvió a hablar del proyecto y dijo que la solución al déficit energético de Cantabria pasaba por la energía nuclear. Le respondió el presidente de la entonces Asamblea Regional de Cantabria, Isaac Aja, que también era alcalde de San Vicente de la Barquera. Dejó caer que el consejero trataba de beneficiar al Banco Santander que había comprado un generoso paquete de acciones de Electra de Viesgo. La entidad desmintió su interés por seguir con el proyecto.

De nuevo volvió el olvido, hasta que en 1984 el Gobierno de España zanjó definitivamente el proyecto. De la central nuclear de Santillán quedan las huellas sobre la playa de Las Fuentes y la épica de un movimiento ciudadano apoyado por los asturianos que gano la batalla, que se atrevió a salir a la calle y protestar cuando estaba naciendo la democracia.

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