Montxo Armendáriz: “El problema del cine es que cada vez está más controlado, más mediatizado y con más clichés”
Montxo Armendáriz llega al Festival de Cine de Santander con el pelo más blanco para volver a presentar su primera película, Tasio, cuya lectura -en cambio- cuarenta años después todavía mantiene una extraordinaria vigencia. Una defensa de la naturaleza -en tiempos de hostilidad medioambiental- y de la libertad del individuo frente a un progreso que nos ha llevado a un escenario sombrío. “Un momento realmente oscuro y peligroso, donde ya no distinguimos lo que puede ser real de lo que puede ser inteligencia artificial”, advierte. Una sociedad que utiliza la tecnología contra sí misma para controlar, manipular e influir.
El universo cinematográfico de Armendáriz ha narrado la memoria de la Guerra Civil, los abusos sexuales en la infancia, la inmigración y la soledad, las adicciones y el vacío existencial de la juventud. Todos los temas siguen presentes en la actualidad. Pero el director y guionista navarro (Olleta, 1949) puso el foco sobre ellos cuando nadie lo hacía. Hoy, considera que el problema del cine “es que cada vez está más controlado, más mediatizado y con más clichés”.
Llega al Festival de Cine de Santander con una revisión de Tasio, una película inspirada en la vida del carbonero Anastasio Ochoa. En ella hay una importancia de la naturaleza y de la tradición. Ahora, 42 años después, ¿cree que tiene una lectura diferente? ¿representa una resistencia en estos tiempos de hostilidad con el medio ambiente?
Sí. Yo no suelo ver mis películas una vez que las termino. Hacía muchísimos años que no veía Tasio y al hacer la restauración que hizo la Filmoteca Vasca por los 40 años tuve que verla y me quedé sorprendido, porque vi que había otra lectura de la película que no era la que yo había sentido y había tenido en el año 84 cuando se hizo. Bien es cierto que en la película sí que está esa defensa de la naturaleza, esa armonía con la naturaleza y vivir de acuerdo a sus normas, no a las normas que marcamos nosotros, sobre todo en estos momentos de destrucción de ecosistemas, de tala de árboles, de masificación. Entonces me di cuenta de que el tiempo no perdona, ni para bien ni para mal, y que cambia la perspectiva de todo lo que vemos y todo lo que hacemos. En ese sentido, la película había adquirido una dimensión que en aquel momento no tenía.
Cada cual puede hacer su lectura e interpretarla como quiera. En el año 84 todavía eran muy incipientes el movimiento ecologista y la defensa del medio ambiente. Las zonas rurales empezaban a despoblarse, pero todavía no había la despoblación actual. Tasio habla de ese principio y, sin embargo -como digo- la lectura global de la película para mí ahora adquiere una dimensión mucho más comprometida con el medio ambiente, de defensa de la naturaleza y de equilibrio, porque somos parte del mundo en que vivimos. Somos unos más, no somos los que controlamos la naturaleza y nos lo está demostrando con todas las catástrofes y todos los cambios climáticos que está habiendo.
Hay también en ella una apelación interesante a la libertad individual. El protagonista va a contracorriente de los tiempos que llegan. ¿Quizás una apelación necesaria en este mundo en el que todos caminamos empujados por la tecnología? ¿Está en cuestión la libertad en un sistema del que es cada vez más difícil salir?
Sí, yo creo que sin lugar a dudas está cada vez más difícil porque somos manipulados y no nos enteramos, que es lo más peligroso. Siempre ha sido así. Creo que a lo largo de la historia podemos comprobar que quienes tienen el poder han manipulado en su propio beneficio a aquellos que no lo tienen. Sin embargo, con el desarrollo de la tecnología -que es muy buena pero depende de cómo se utilice y se explote- su uso está fundamentalmente dirigido a controlar, manipular e influir. En ese sentido, no hace falta poner muchos ejemplos. Estamos asistiendo a un momento realmente oscuro y peligroso, donde ya no distinguimos lo que puede ser real de lo que puede ser inteligencia artificial. Eso presenta un futuro bastante preocupante. Cuando yo tenía 20 años sin lugar a dudas existía la manipulación, pero era mucho más burda o más visible. El problema es que ahora, a través de los algoritmos, de la IA y de las redes, es una manipulación muy invisible, y en ese sentido muchas veces no sabemos si aquello que pensamos y defendemos porque es la realidad, o es la realidad que nos han creado.
En alguna ocasión ha contado que Tasio decía que el monte y la naturaleza le daban todo lo necesario para vivir, y que no veía natural trabajar para otro.
Tasio era una persona muy sencilla, una persona honrada que no tenía estudios, que había aprendido todo de la vida y de su propia experiencia, y me sorprendió gratamente comprobar cómo una persona era tan íntegra y tan fiel a unos principios que él consideraba básicos y que eran, además, de sentido común. Como digo, no estaba influenciado ni manipulado más que por su propia experiencia vital. En este sentido él tenía un principio básico: decía que trabajar para otros no merecía la pena, que eso era un invento de los ricos para hacer más dinero porque el monte te daba absolutamente de todo. De hecho, él vivió toda su vida haciendo carbón vegetal, además de la pesca y la caza furtiva, y se jactaba y enorgullecía de que con eso te bastaba para vivir. De que en su casa -él tuvo dos hijas, no una como en la película, porque hay muchas cosas que están cambiadas- nunca había faltado un bocado para comer y de que sus hijas habían podido estudiar y habían tenido los medios suficientes para poder ganarse la vida dignamente.
El uso de la tecnología está fundamentalmente dirigido a controlar, manipular e influir
Ahora, visto 40 años después, ¿cobra más sentido la filosofía de Tasio cuando vivir es tan complicado por el precio de la vivienda o por trabajos con salarios insuficientes?
Para mí tenía valor porque creo que es un principio ético y personal que en aquel momento tenía también su valoración: era una persona honrada, fiel a sus principios y que vivía de acuerdo a sus ideas sin importarle las normas sociales ni lo que pensaran los demás. Él mantenía también que respetaba absolutamente todas las opiniones y todas las formas de vida. Incluso la de aquellos, como los guardas forestales, que lo perseguían. Entendía que ellos habían elegido ese medio de vida y los respetaba. Era una persona en ese sentido muy pacifista, no se metía con nadie.
Yo creo que ese principio de ética, de ser fiel a unos valores que tenían valor entonces, ahora también lo tiene, y mucho más, porque ahora estamos asistiendo a un cambio continuo absoluto de ideas, de chaquetas y de pareceres en función de qué es lo que da mayor beneficio. Vivimos en una sociedad donde prácticamente todo se mercantiliza. Desgraciadamente se mercantiliza la salud, la cultura, la educación e incluso las personas. Y cuando eso no es suficiente, estamos llegando al extremo de apropiarnos de aquellos estados y pueblos que nos interesan por las materias primas que tienen. Por eso digo que creo en ese sentido de defender unos principios, saber realmente qué quiere uno en la vida, qué es aquello que te hace feliz y con qué puedes vivir dignamente sin meterte con nadie.
Los productores en principio eran reticentes con el guion de Tasio. Usted viaja a Madrid, intenta convencer a algunos productores y le reprochaban que no había sexo, ni violencia, ni actores conocidos. Hasta que tropezó con Elías Querejeta, que confió en la historia. ¿Ha cambiado la industria del cine o se siguen imperando esas condiciones a la hora de producir películas y series en el contexto, también, de las plataformas?
Lógicamente ha cambiado. Cambiamos el cine y cambiamos las personas. El problema del cine no es que haya cambiado, es que cada vez está más controlado, más mediatizado y cada vez vemos más clichés. Afortunadamente existen películas maravillosas, pero hablo en conjunto de todo. Se produce un porcentaje altísimo donde todo son clichés, prototipos y reiteraciones de aquello que de alguna forma interesa a los beneficios de una sociedad manipulada y teledirigida que no piensa, que no reflexiona. Esa es la mayor parte de todo el cine que vemos. Cine que -dicen- que es 'para divertir'. A mí me parece muy bien que el cine sirva para divertir y distraer, pero creo que bajo esa etiqueta se oculta también la intención de dirigir y manipular para que exista un pensamiento único, de no salirse de las normas y ser políticamente correcto porque te puedes crear problemas. Yo creo que eso ocurre con todos los avances tecnológicos y con la concentración masiva que ha habido, porque antes había muchísimas más productoras. Ahora hay productoras, pero resulta que 20 de ellas son del mismo conglomerado, al igual que los bancos y las empresas, y te das cuenta de que el cine, como todo, está en manos de tres personas. Lo que esas personas dictan es lo que se acaba haciendo y lo que mayoritariamente se hace. No quiere decir que no haya francotiradores -afortunadamente- que se van saliendo. Pero eso hace que, para mí, hayamos perdido gran parte de esa libertad que había antes para poder hacer películas más personales y más auténticas.
Vivimos en una sociedad donde prácticamente todo se mercantiliza: se mercantiliza desgraciadamente la salud, la cultura, la educación e incluso las persona
Desde el punto de vista creativo para hacer Tasio le influyeron mucho tres películas.
Había tres películas que a mí me inspiraron mucho, porque les encontraba ese mismo espíritu que yo había visto en el personaje y que quería también transmitir desde mi punto de vista, que eran Dersu Uzala, El árbol de los zuecos y Padre Padrone. Esas tres películas de alguna forma estaban muy presentes cuando escribía el guion de Tasio y creo que también en todo lo que respiraba su atmósfera.
Cuando se repasan sus películas se percibe que siempre han sido muy comprometidas con temas que hoy están absolutamente presentes. Hablamos de la lectura de Tasio, pero también ha abordado los abusos sexuales infantiles. En Las cartas de Alou habla de la inmigración subsahariana. La película es de 1990, han pasado 36 años. ¿Hay ahora más prejuicios que entonces? ¿Por qué hay personas que siguen viendo a otras como una amenaza?
Eso está en la propia condición humana. Lo que traemos innato, marcado, es la supervivencia y eso que hace que siempre veamos al otro como un enemigo, como un posible alguien que nos va a quitar algo. Está muy en la condición animal de la especie humana. Yo pensaba -y quiero seguir pensando- que con la democracia, los valores -es decir, con todas estas cosas que defendemos y decimos que hacen que seamos sociedades avanzadas, civilizadas y con conciencia- habíamos entendido que vivir con el otro es algo absolutamente natural y que nos ayuda a los dos. Pero desgraciadamente hay otras personas y otras corrientes políticas que no piensan lo mismo, y que piensan que el otro es una amenaza porque nos va a quitar algo que es nuestro. Entonces estas corrientes, como vemos últimamente a través de todos los movimientos ultraderechistas, han cogido un auge tremendo y están intentando conseguir que veamos al otro no como un enriquecimiento y un entendimiento de otras formas de vivir y de comunicarse, sino como un enemigo al que hay que dominar.
El cine siempre ha sido un medio para ejercer la crítica social, pero también un medio de propaganda desde ciertos púlpitos.
No hay cine que no sea político. El cine siempre es político, el cine como cualquier actuación que uno hace en la vida, todo es política por que todo repercute en las relaciones con los demás.
Cuando dirigió Silencio roto, sobre las mujeres que ayudaron a los guerrilleros que luchaban contra el franquismo, fue una de las historias pioneras que abría camino a hablar de ese tema. Ahora que muchos jóvenes tienen como referencia al dictador Franco, ¿cree que el cine español ha contribuido poco o con poco acierto a narrar la Guerra Civil o la posterior dictadura?
Yo creo que hay una mezcla. Por un lado ha sido un tema del cual nos hemos sentido un poco avergonzados, o era un tema del que no queríamos hablar porque son batallitas del abuelo. Nos han metido la idea de eso, mejor dejarlo estar. Yo creo que es absolutamente erróneo. Una herida, por mucho que la dejes estar, no se va a curar si no le prestas atención. Y esta es una herida muy grande que abrimos en 1936 y que hoy día estamos comprobando que no se ha cerrado. Con lo cual, cuanto más la dejemos pasar, peor va a ser. En este sentido, deberíamos haber hecho mucho más. No vamos a analizar por qué motivo ha habido tan pocos historiadores, tan pocas películas y tan pocas novelas que hayan hablado de todo lo que supuso la Guerra Civil, todo el franquismo y, sobre todo, esta época de la que estamos hablando: la de la guerrilla. Cuando en el año 2000 me empecé a interesar por el tema no había nada, había poquísimo.
Somos manipulados y no nos enteramos, que es lo más peligroso
¿Cómo llega a esa historia?
Yo conocía muy poco. Sabía que habían existido los guerrilleros. Cuando yo era pequeño siempre se hablaba de los maquis que eran como el hombre del saco. Después vas viendo que eso no había sido así, que era gente que había seguido resistiendo al triunfo del franquismo. Pero no conocía mucho más. Incluso pensaba que había sido un movimiento muy pequeño, muy marginal. Después de rodar Secretos del corazón, Carmelo Gómez -que es de León- me empezó a hablar de Girón, de las historias de guerrilleros, de que había que hacer una película, y yo empecé a ver que ahí había muchas más cosas de las que yo conocía. Me puso en contacto con Secundino Serrano, que era uno de los pocos historiadores que en aquel momento se había encargado de analizar la guerrilla de toda la zona de León, Asturias y Galicia.
Eso me abrió los ojos. Vi que no habían sido cuatro locos sino un movimiento perfectamente organizado que habían tratado de ocultarnos. Que estaba toda la historia tergiversada. Me empecé a interesar por el tema y conocimos a varios guerrilleros que todavía estaban con vida y que se juntaban en Santa Cruz de Moya, un pueblo de Cuenca, todos los años para rendir un homenaje a los guerrilleros muertos. Venían algunos incluso de Francia. Contactamos con ellos, les grabé entrevistas, hablamos muchísimo con ellos, leí otros libros, novelas y me empapé un poco de todo lo que en aquel momento podía conocer.
Me di cuenta de que ahí había una película, no solamente de resistencia, sino de algo que a mí me interesa mucho más, que era la fidelidad a unos principios, y entonces me puse a trabajar en esa historia. Al final encontré que me interesaba mucho más contarla desde el punto de vista de esas mujeres que habían sido imprescindibles en ese movimiento, que habían sido las grandes olvidadas porque de ellas no se hablaba y que además, de alguna forma, habían mantenido la lucha y la subsistencia. Ellas me decían que los guerrilleros exponen su vida, pero cuando tienen un enfrentamiento tienen un arma para defenderse: “nosotras no tenemos ningún arma”. Es decir, que estaban absolutamente desamparadas, y mí eso me pareció que no se había contado.
Con el paso de los años ha dedicado tiempo a dar clase magistrales, talleres y ha montado una productora para ayudar a otros proyectos cinematográficos. ¿Cómo está funcionando?
Montamos una productora y la primera película que hicimos con ella fue Silencio Roto en el año 2001. Lo hice fundamentalmente porque quería hacer películas que a mi me interesaban y controlarlas mucho más yo. Nunca me he quejado y creo que he sido muy afortunado con los productores que he tenido. He podido hacer las películas que he querido, pero llega un momento que te preguntas y ¿por qué no montar y poder hacer mis películas y las de otras personas? Hicimos la Guerrilla de la memoria que es un documental con los guerrilleros, que dirigió corcuera, hicimos una película con una nicaragüense, hicimos la primera película de Paula Ortiz De tu ventana a la mía.
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