José Barquín, científico del Instituto de Hidráulica de Cantabria: “Los ríos son las venas donde está recogida toda la información de su entorno”
José Barquín (Santander, 1976) no sabe con certeza por qué eligió los ríos. Solo tiene claro que sabía que le gustaban la ecología y los ecosistemas cuando hace 26 años empezó a investigarlos. Quizás influyese -dice pensándolo- que tuvo una infancia montañera con su padre: “A los 11 años ya había subido todas las cimas de la Cordillera Cantábrica”. En la actualidad, es profesor titular de la Universidad de Cantabria en el Departamento de Ciencias y Técnicas del Agua y también responsable del grupo de ecosistemas continentales en el Instituto Hidráulico Ambiental (IH). Sus investigaciones son citadas con frecuencia en publicaciones científicas. Por esa necesidad de darse a entender, hace una analogía con la medicina: “Cuando pinchas en un río es como cuando sacas sangre; lo que ves es un reflejo de las comunidades biológicas y te habla de todo el territorio. Siento una relación íntima con el paisaje y los ríos son las venas donde está recogida toda la información de su entorno”.
En su despacho del IH, en el área empresarial del PCTCAN, a las afueras de Santander, hay carteles de paisajes, pero justo encima de su mesa está precisamente la imagen de un río. Tras los recientes vertidos de purines al río Llerana, afluente del Pisueña, que están en investigación, alerta de la necesidad de que las instituciones, los ganaderos, y la sociedad en su conjunto asuma que la forma de trabajar y cuidar los ecosistemas tiene que cambiar, porque ya hay “suficiente” evidencia científica.
¿Qué características específicas tienen los ríos Llerana y Pisueña?
El Llerana es un río mucho más chiquitín, donde la carga recibida ha sido muy importante para su tamaño, especialmente en un verano sin lluvias. El Pisueña es uno de los principales ejes fluviales de la región y es parte de la Red Natura 2000. Es un río muy llano, con un gradiente de pendiente muy plano. Además, es el río que tiene mayor número de azudes o presas por kilómetro longitudinal. Esto significa que el agua está ralentizada, no se mueve como en otros ríos de montaña y tiene menos capacidad de desaguar lo que le llegue. El agua se calienta más y cualquier contaminante tiene un tiempo de residencia mucho mayor que en otros sistemas.
El Gobierno de Cantabria ha calificado el estado del afluente del Pisueña como “arrasado”. ¿Cómo describe usted el caso de los vertidos en los ríos Llerana y Pisueña?
Es una crónica de una muerte anunciada. Es algo que está en el territorio, que sabemos que está ahí latente y que lamentablemente volverá a suceder, pues ya ha pasado anteriormente. Son eventos que van a suceder porque no se están gestionando bien los purines ni se están haciendo bien las cosas a todos los niveles. Hay ganaderos que lo hacen muy bien, otros medianamente bien y otros mucho peor. Básicamente, no estamos ante una simple incidencia puntual de calidad del agua, sino ante una perturbación ecológica significativa de un tramo protegido de la ZEC Río Pas, con potencial afección a los objetivos de conservación del espacio y con consecuencias que podrían prolongarse varios años en las poblaciones de salmónidos.
Más de 2.100 peces muertos, ¿cuál es el impacto de este vertido en ambos ríos?
Aunque el Llerana está arrasado, es un río pequeño de apenas un par de metros de ancho. La mayor parte de los miles de peces que han muerto están en el Pisueña.
El Gobierno autonómico ha dicho que ha sido más afectado el afluente...
Según las informaciones de prensa, hay un kilómetro y medio del Llerana afectado y 4,5 kilómetros del Pisueña. Si se han afectado 4,5 kilómetros de un río como el Pisueña, la pérdida de biomasa y de peces es muchísimo mayor.
Es habitual que se suelten purines cuando hay caudales altos, normalmente en otoño o invierno
¿Es frecuente que haya vertidos de purines en los ríos de Cantabria?
Es una afirmación difícil de probar científicamente sin datos certificados, pero tenemos constancia de que se sueltan purines cuando hay caudales altos, normalmente en otoño o invierno. Con mucha agua, el río tiene una mayor capacidad de dilución (que es la capacidad de un volumen de agua de disolver una determinada carga de sustancia). Es decir, para una misma carga contaminante, a más volumen, mayor dilución. En caudales altos los purines no afectan notablemente al ecosistema fluvial, sino que se transportan aguas abajo afectando a puntos de abastecimiento o llegando al estuario y al mar.
¿Cómo son los ríos de Cantabria?
Son ríos muy cortos, son ríos muy rápidos, con mucha velocidad del agua, en cuanto llueve mucho, sube el caudal. Entonces, por eso digo que lo que hace falta es innovar en el sistema, es decir, no podemos seguir replicando las cosas que hacían nuestros abuelos hace 80 años. No funciona, no va a seguir funcionando. No podemos seguir obviando el daño de las actividades humanas a los ecosistemas, hay que innovar porque el contexto climático ha cambiado, ya no es el que era. Los ríos ahora mismo en verano tienen muchos más grados de temperatura que los que tenían hace 20 o 30 años en general.
Con el cambio climático que mencionaba, ¿qué temperaturas está registrando el agua de los ríos en Cantabria?
Tenemos estaciones de monitorización, por ejemplo, en el río Pas, previo a la confluencia con el Magdalena, que registran temperaturas de 22, 23 o 24 grados en la cabecera. Es algo que sucede en prácticamente todos los ríos de Cantabria y de la cordillera que tienen menor cobertura forestal. Esto es cambio climático puro que genera eventos más frecuentes de crecidas y sequías.
Si el agua está sobrecalentada y se combina con vertidos provenientes de la agricultura o la ganadería, el sistema colapsa
¿Cómo afecta el aumento de temperatura a los ríos?
En verano hay menos agua y las olas de calor elevan la temperatura, lo que hace que la concentración de oxígeno caiga. Y luego, además, tienes el consumo de toda la materia orgánica que se está descomponiendo en el río. Los ríos son biorreactores, la contribución principal del río es degradar materia orgánica, en caudales bajos. En caudales altos lo que hacen es transportarla al estuario. Entonces, tenemos dos situaciones: un río con en aguas bajas sobrecalentado en verano y ríos con una gran fluctuación en invierno. En verano lo que hacen es procesar toda esa materia orgánica; las comunidades biológicas la descomponen, pero esa descomposición de materia orgánica consume oxígeno. Si encima tienes temperaturas más altas, pues menos oxígeno. Si el agua está sobrecalentada, especies como las truchas y salmones, que necesitan aguas frías y muy oxigenadas, sufren enormemente. Si esto se combina con vertidos provenientes de la agricultura o la ganadería, el sistema colapsa.
En términos científicos hay distintos tipos de de impactos...
Hay impactos difusos y puntuales. Los difusos van incrementándose poco a poco. Un vertido difuso tú no lo ves, no te genera una crisis como la que hemos visto actualmente, te genera un empeoramiento en las condiciones gradual. Y hay otros eventos que son accidentales o puntuales que pueden producir lo que ha pasado en el Pisueña. No es lo mismo que suceda un evento puntual en un sistema sano que un evento puntual en un enfermo.
En el Llerana se han muerto incluso las anguilas; si se han muerto las anguilas, que son súper resistentes, es que no queda nada
¿Qué caracteriza el vertido en el Pisueña?
El evento del Pisueña es un caso de libro de un vertido catastrófico: algo que ha llegado directamente al agua y ha matado todo. En el tramo del Llerana se han muerto incluso las anguilas, que son animales súper resistentes, capaces de boquear fuera del agua y subir por laterales de presas en zonas húmedas. Si se han muerto las anguilas es que no queda nada más en ese tramo.
¿Qué sucede en el agua cuando recibe un vertido de purines?
Se produce un bajón de oxígeno importantísimo porque las bacterias consumen el oxígeno del agua para degradar esa materia orgánica. Se llega a niveles de 2 o 3 miligramos por litro, donde muere todo lo que respira por branquias. Al ser purines, tienen mucho amonio que se transforma en amoníaco tóxico. Es un fallo sistémico por la caída de oxígeno, la toxicidad del amoníaco y la turbidez por sólidos en suspensión que colapsa los sistemas de respiración de los peces. Todo esto ocurre en un contexto de caudales bajos y aguas cálidas que reducen la capacidad de dilución.
¿Existen antecedentes de accidentes de esta magnitud en Cantabria?
Sí que hay constancia de antecedentes y vertidos dramáticos en los ríos de Cantabria, si se revisa la prensa y los registros. Es algo continuo: fugas de saneamiento, vertidos de purines o accidentes diversos que han afectado a nuestros ríos.
¿A qué instituciones corresponde la responsabilidad de los ríos?
El río integra todo lo que sucede en la cuenca. Por un lado, la Dirección General de Biodiversidad gestiona las especies y la pesca fluvial. Por otro, la Confederación Hidrográfica del Cantábrico evalúa el estado ecológico de las masas de agua y vela por la calidad del agua, responsabilidad que a veces parece compartida con la Dirección General de Aguas y Puertos del Gobierno de Cantabria.
¿Cómo se recupera un ecosistema tras un impacto así?
Lo que no se debe es repoblar sin saber cómo está el sistema; soltar miles de alevines en un sitio que todavía está mal no es efectivo.
Falta base de conocimiento científico para que las acciones de gestión sean efectivas y no se limiten a medidas tradicionales sin un seguimiento
¿Es frecuente que el Gobierno de Cantabria haga repoblaciones con alevines como solución?
Sí, pero para recuperar un ecosistema lo ideal sería utilizar este evento drástico para monitorizar y aprender cómo se recuperan las comunidades y qué se establece primero. Falta base de conocimiento científico para que las acciones de gestión sean efectivas y no se limiten a medidas tradicionales sin un seguimiento de su efectividad. Hay que pensar en la resistencia y en la resiliencia. La resistencia es la capacidad de aguantar, y ahora es muy baja porque el río ya está estresado por la temperatura y el bajo caudal. La resiliencia es la capacidad de recuperación. Los ríos se organizan en redes y la recolonización de peces sucede desde las zonas de aguas arriba hacia abajo. Primero debe lavarse todo el material del vertido, lo cual suele ocurrir con la primera gran riada que moviliza la materia orgánica hacia el mar, donde se diluye. Es importante pensar en la deriva.
¿Qué es la deriva y qué papel juega en la recuperación del río?
La deriva es el movimiento natural de los macroinvertebrados -como las moscas de la piedra, que son insectos acuáticos que habitan entre las piedras del río- hacia aguas abajo. Estos organismos viven en el lecho del río y se desplazan entrando en la corriente, principalmente al amanecer y al anochecer para evitar a los depredadores. Como ahora no hay peces en el tramo afectado, estos invertebrados podrán recolonizar el espacio más rápido. Posteriormente, los peces de aguas arriba irán bajando poco a poco, aunque la mayoría son muy residentes y se mueven poco.
Este tipo de eventos no solo afecta a las comunidades biológicas, sino que nos afecta directamente a nosotros
¿Qué medidas de prevención se deberían tomar?
La prevención va por la gestión de los purines y por mantener los ecosistemas en buen estado de conservación. En Cantabria se ha invertido muy poco en mejorar kilómetros de ribera o en retirar azudes para mejorar la conectividad longitudinal, que es clave para la recuperación natural. Hay que invertir en el medio para que tenga mayor resistencia. Necesitamos un plan integral que genere filtros verdes y soluciones basadas en la naturaleza para retener nutrientes y cargas orgánicas antes de que lleguen al río. Este tipo de eventos no solo afecta a las comunidades biológicas, sino que nos afecta directamente a nosotros, porque el agua que se está metiendo al Pisueña llega a la toma de La Penilla, que es parte del plan de abastecimiento de Santander.
¿Ha podido afectar al consumo humano?
Es probable que hayan tenido que cerrar ese punto de La Penilla. Lo bueno es que el sistema está preparado para captar de otros sitios y que estos eventos no afecten directamente al consumidor.
Ha dicho antes que el evento es una catástrofe ecológica. ¿Por qué puede calificar este vertido como una catástrofe?
Es un evento catastrófico por las consecuencias, habiéndose llevado por delante miles de peces. En cuanto a impacto ecológico, este evento concreto de vertido de purines es una catástrofe ecológica de gran magnitud, al nivel de lo que puede suponer un fuego que deja todo pelado.
¿Considera que la normativa actual es suficiente para evitar estos desastres?
Hay legislación, pero lo que falta es un nivel de implicación y ejecución real. Lo que no podemos hacer es seguir haciendo lo que estamos, lo que llevamos haciendo durante medio siglo. Las prácticas ganaderas y agroforestales tienen que adecuarse a los tiempos actuales y la evidencia científica dice que lo que estamos haciendo no lo estamos haciendo bien. Los incendios, los vertidos catastróficos, todos estos eventos simplemente son la punta de iceberg de lo que está sucediendo en cuanto a la gestión de la biodiversidad y la gestión de nuestros paisajes. Los tomadores de decisiones deben actuar basándose en datos y ciencia, hay suficiente evidencia científica, porque tenemos una sociedad con memoria de pez que olvida estos desastres hasta que ocurre el siguiente.
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