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ENTREVISTA

Regino Mateo, biógrafo de Bach: “El bombo me parece el instrumento adecuado para Trump”

Regino Mateo, autor de 'Bach, la música infinita'.

Olga Agüero

Santander —

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Una conversación de café entre el musicólogo Regino Mateo y el editor Javier Fernández Rubio alumbró 'Bach. La música infinita'. Un biografía publicada por El Desvelo Ediciones que se lee como una novela y en cuyas páginas el enciclopédico Mateo, autor también de siete poemarios, repasa la vida y obra del músico, una referencia absoluta y esencial. “Un tipo absolutamente moderno”, insiste, que sigue presente en lo contemporáneo, en el rock, el jazz o en un anuncio de un desodorante.

Con desenfado y rigurosidad, Regino Mateo (Santander, 1965) teje el hilo de la personalidad, vida y obra del “infinitamente complicado” músico dotado con una mente brillante, matemática y con unas cualidades fisicas excepcionales: “Es como si alguien hubiera dicho que iba a diseñar al organista perfecto y nos salió Bach”. Licenciado en Derecho, el autor de esta biografía es también profesor de piano y de literatura española y latinoamericana para la Michigan State University y la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, además de haber sido el responsable de la programación del Palacio de Festivales de Cantabria.

¿Qué le seduce de Bach para que haya elegido escribir su biografía?

Empecé a escuchar y estudiar música de forma asidua, desde muy pequeño, en casa y después fuera. Yo era socio de la Sociedad Filarmónica de Reinosa, que la gente lo puede tomar un poco a chiste, pero era una programación estable con ayudas del Ministerio de Cultura, con un nivel muy alto y prácticamente un concierto quincenal. Fue un fenómeno maravilloso que pasó en un tiempo determinado. Escuchabas mucha música y desde muy pronto se convirtió en una pasión. Y en esa pasión hay suelo básico y definitivo que se llama Johan Sebastian Bach. Es algo permanente, que no se va nunca, que está compuesto y trabajado tan bien, con tanta densidad y autonomía... es prácticamente como un lenguaje lógico autorreferente. Oficialmente lo meteríamos en el Barroco, en un determinado tipo de contexto en la historia de la música, pero supera todos los conceptos. Bach no cabe en una definición, no cabe en una frontera, y eso hace que sea un tipo absolutamente moderno y, como dice el título del libro, absolutamente infinito. Tiene tal cantidad de lecturas que es imposible abarcarlo.

¿Está presente Bach de alguna forma a nuestro alrededor, en el Spotify contemporáneo?

Está por todas partes, mucho más de lo que nos pensamos. Hay algunas obras de referencia que han pasado a convertirse en iconos del pop. Por ejemplo, el aria de tercera suit orquestal que tiene diez millones de versiones en todos los estilos, desde el rap al jazz, ha salido en un montón de anuncios de televisión. Un clásico del rock sinfónico, 'Con su blanca palidez', es ese aria puesta en música y arreglada. Hay cosas penetrando en ese mundo de lo más pop, de lo más cotidiano. Pero también son muchos los músicos de todo tipo de estilos que utilizan, arreglan técnicas compositivas cerca de Bach. Está por todas partes. Ahora que tengo el oído más afinado cada vez que salta Bach lo identifico de forma más consciente: ¡Anda, ha vuelto a aparecer Bach! La última vez en un funeral familiar, en la comunión aparece Bach.

Teniendo en cuenta que usted es poeta, ¿la estructura del libro en 14 capítulos remite a los 14 versos de un soneto? 

Sí, quizá tiene algo que ver con una broma, con una ironía, que al fin y al cabo también es una figura literaria muy propia de los poetas. Cuando estaba intentando meterme en la cabeza cómo estructuro el libro, cómo lo planteo, siempre me salía el encargo. Porque realmente el libro nace de una conversación con mi editor, con Javier Fernández Rubio, de El Desvelo, y tiene algo de encargo. Yo me sentaba a escribir y decía: “Un soneto me manda hacer Violante”, y de repente dije: “venga, vamos a arrancar por ahí”. Lo puse como cita al principio de la introducción y a partir de ahí pensé si empiezo con “Un soneto me manda hacer Violante”, estaría bien terminar con “contad si son catorce, y está hecho”, que es como acaba. Vamos a mantener la estructura del soneto y vamos además a hacer citas y títulos que tengan a su vez referencias literarias y poéticas. Cada capítulo se abre con un verso, con una pequeña cita casi siempre poética. A veces también me voy a la cultura pop. Un capítulo se llama 'El rey en el norte', que eso más bien viene de 'Juego de Tronos'.

Rosalía juega con una espiritualidad muy postmoderna, muy poco religiosa, porque no es estructurada

Bach escribió en todos los géneros con un cierto poso religioso. ¿De Bach a Hakuna pasando por Rosalía? ¿Resucita la religiosidad en la música contemporánea?

Creo que no y creo que sí, porque es una forma muy estupenda de contestar todo a la vez. En el creo que sí, la música desde su origen tiene algo de espiritualidad, creo que es por su carácter inmaterial. La base de otras artes, de otras expresiones, de otros lenguajes, es algo tangible: algo que podemos ver, tocar, manejar, repetir. Pero el sonido es algo que pasa por el viento... y se fue. En ese sentido tiene algo de angélico, de tratar de capturar el aire, y eso nos lleva al terreno de la reflexión, la meditación, el alma y puede que por eso siempre desde tiempo inmemorial se ha asociado también con el diálogo entre el hombre y lo trascendente. La música tiene esa trascendencia precisamente por ser algo que no permanece, algo que nos obliga a atender y algo que nos marca por sensaciones, experiencias, emociones, quizá con algo muy parecido a la experiencia religiosa. La música siempre tiene eso, no necesariamente porque Rosalía salga vestida de monja, porque a lo mejor tan religioso y tan espiritual es Madonna cantando 'Like a Prayer' como Rosalía cantando cosas que tampoco tienen que ver con lo religioso vestida de monja, aunque de repente el portavoz de la Conferencia Episcopal se crea que está haciendo catequesis, que no.

¿Y en la parte del no?

Creo que Rosalía juega con una espiritualidad muy postmoderna, muy poco religiosa, porque no es estructurada. Hakuna no tiene mucho que ver con esto porque es un material más estrictamente litúrgico, lo conozco solo un poco de oídas, pero creo que va más por la vía de lo religioso, pero creo que Bach nunca hubiera ido por ahí. Incluso Bach, a quien sus obligaciones le obligan a componer para las celebraciones litúrgicas de la iglesia luterana de las ciudades en las que trabaja -con excepción de Köthen, que era calvinista y que por tanto no tenía liturgia musical- estamos hablando de una experiencia muy religiosa, muy codificada. Pensemos que dentro de esa gran cantidad de cantatas que compuso, aunque solo nos han llegado la mitad, por ejemplo de su época en Leipzig no hay cantatas en tiempo de cuaresma porque allí -no en otras ciudadades en las que trabajó- la cuaresma era un tempus clausus, un espacio cerrado. Un tiempo de penitencia en el que no se podía escuchar música. Sin embargo en Weimar, sí.

Era como si alguien hubiera dicho que iban a diseñar al organista perfecto y nos salió Bach

Si ahora truenan las batallas de gallos entre raperos antiguamente se celebraban duelos de música. Pero parece que contra Sebastian Bach no se atrevían a competir…

Hay una anécdota que cuenta cómo alguien planteó un duelo al órgano entre Bach y un francés muy de moda, el gran organista europeo Louis Marchand en Dresde. Parece ser que la noche antes Marchand fue a escuchar ensayar a Bach y desapareció de la ciudad. Nosotros ahora tenemos una valoración, pensamos en cómo se atreven a plantear este duelo, pero Marchand tenía la fama de ser un intérprete grandioso. Aunque ahora sabemos que Bach era un superdotado para el órgano por muchas razones, físicas también. Más allá de que ha estudiado, de que es listo, tenía una mano muy grande que permitía coger un intervalo de doce sonidos, cuando una mano de un pianista normal anda por los diez. Una mano muy grande que le permite jugar mucho. Calculamos que calzaba un 41 o 42. ¿Esto qué tiene que ver con el órgano? Pues se considera que ese tamaño de pie es perfecto para el teclado de los pedales. Parece que tenía los brazos un poquito largos, lo que le permitía recorrer extensiones muy grandes. Era como si alguien hubiera dicho que iban a diseñar al organista perfecto y nos salió Bach.

Usted es muy conocido por su activismo social y cultural, ¿qué música, qué pieza o qué instrumento define a Santander, su ciudad?

Vamos con una pieza y con un instrumento. Lo primero sería los rasgos con los que yo veo a Santander intentando no ser demasiado crítico porque es mi suelo, es mi sangre, pero también es un lugar que como vives aquí le adoras, le quieres y le sufres también. En primer lugar necesitamos algo pequeño, como decía la canción aquella de Eurovisión, 'Algo pequeñito'. Necesitamos que sea algo tradicional, no necesariamente conservador pero sí tradicional, que no tenga grandes ambiciones y que no arriesgue. Que tenga un puntín de voy por libre, aunando ese lado tradicional, conservador de me importa un bledo lo que está pasando en el mundo porque yo estoy aquí cerrado en mi bahía y me da igual lo que pase fuera. Pero que también ese punto un poquito bohemio y destroyer de ciudad con puerto y ese Santander subterráneo que también existe. Una ciudad que por un lado no se quiere nada, lo pequeño, pero a la vez tiene un discurso un tanto solemne sobre sí misma. Combina los dos. Todo esto nos lleva a un instrumento de forma casi clara que es la guitarra, porque es un instrumento que va por libre, no forma parte de la orquesta, no tiene un gran sonido, que tiene ese punto bohemio porque te la pones en plan Bob Dylan y te la cuelgas a la espalda, que como tiene un sonido tan melódico es difícil que dé una nota discordante. Y necesitamos ponerle algo que tenga un punto clásico, sin demasiado riesgo, pero cuqui, bonito, efectivo y además con un punto solenme, y todo esto nos lleva a 'La Catedral' de Agustín Barrios. Además nos viene muy bien porque está en tres partes y en la estructura en suite de alguno de los elementos Barrios miró mucho a Bach en esta pieza. Primero pensé en 'Adelita' de Francisco Tárrega, pero me parece demasiado cuqui.

Además de su formación en solfeo y piano ha ejercido durante mucho tiempo de crítico musical, ¿es difícil ejercer de Pepito Grillo en el ambiente local? ¿Se creó muchos enemigos?

No sé si dificil, yo creo que fascinante. Cada uno tenemos nuestro discurso, pero hay un momento en el qué dices: ¿Cómo vas a hacer ese trabajo de crítica? Y yo intenté hacerlo siempre con honestidad. Es decir, como público, como oyente, porque hay muchas cosas que se pueden valorar. Es verdad que había un perfil de público, de músicos, de programadores que me dieron mucho cariño, por así decirlo, y que les parecía que estaba muy bien que apareciera una voz que ensalzara o que criticara donde generalmente había algunos discursos exageradamente grandilocuentes. Es verdad que donde estaban esos discursos y todo tenían que ser superlativos el que pusieras una coma y dijeras 'pero', les parecía una especie de insulto directo. También es cierto que allí donde algunos estaban terriblemente enfadados y te lo hacían saber y han puesto incluso zancadillas -un lugar pequeño siempre tiene este tipo de puntos- al final la historia te acaba dando algunas satisfacciones. Una es que quien fue quizá la persona o el contexto más ofendido por mi trabajo como crítico hubo una realidad posterior que acabó incluso en los tribunales dándome la razón. Yo ya me había retirado, ya no hacía crítica. La hago a veces de forma más esporádica y de forma más pequeñita, pero al final en unos casos me habéis querido mucho, en otros me habéis puesto de chupa de dómine, pero yo tenía razón, que esto siempre te deja mucha satisfacción personal y hace que el ego te crezca muchísimo.

¿Por qué en los colegios se sigue tocando la flauta?

Porque Satanás nunca para de actuar. La flauta dulce como tal, la de verdad, el instrumento de madera que se toca sobre todo en la música barroca y renacentista, es un instrumento que hace honor a su nombre y suena dulce y hermoso. No tengo muy claro porque alguien un día decidió que había que torturar a la humanidad en general, a las familias, a los vecinos, al profesor de música, con esos pitidos chirriantes intentando tocar 'Cumpleaños feliz' y 'Jingle bells'. En el colegio donde estudié teníamos un profesor estupendo y acabamos en la función de fin de curso tocando 'La Barcarola' de Los cuentos de Hoffmann relativamente afinados después de haber hecho una selección previa donde casi todos estudiábamos música. El instrumento es complicado, no se estudia en serio y se acaba utilizando por gente que sopla mucho sobre un tubo sonoro y genera unos sonidos de pito de romería tremendos, apabullantes, y terriblemente molestos. La música se debería enseñar haciendo música y para hacer música hace falta una inversión muy grande. En su tiempo, se hizo con las primeras transformaciones educativas de la LOGSE. A la mayor parte de los centros, creo que a todos, se les dotó de una aula Orft y llegaban instrumentos que a veces ni siquiera sabían lo que les habían enviado. Ahi apareció la posibilidad de los instrumentos de percusión los instrumentos de láminas muy prácticos y suenan menos terribles -los xilófonos, por ejemplo- y además no te los puedes llevar a casa, con lo cual no aturdes a los padres ni al vecino. En el colegio donde yo estudié teníamos un aula Orft a falta de un piano, pero lo demás, lo de percusión, lo teníamos y lo utilizábamos y funcionaba. En otros países a los chavales se les enseña a tocar en bandas escolares, pero eso imagino que supone una inversión desaforada. Pero, sí, las flautas dulces de plástico son una invención del maligno.

Además de deleitarse con lo clásico es usted un entusiasta fan de Eurovisión. ¿Hay más política en la organización del festival que calidad musical sobre el esenario?

Hay un poco de todo. Para mí Eurovisión es una especie de frivolité, algo que parece intrascendente que te divierte y que compartes con gente. La propuesta televisiva más vista del mundo por encima de los mundiales de fútbol. Algo tendrá. Frente a quienes también intentan hundirlo permanentemente.... podría enseñar año tras año en todas las épocas canciones bien compuestas, muy bien interpretadas, bien presentadas, que no necesariamente ganaron o incluso que no tuvieron un recorrido especialmente brillante. Recuerdo hace dos o tres años la canción de Armenia, 'Snap', había llegado a la final pero pasó desapercibida hasta que de repente la utilizaron en un anuncio de televisón y se convirtió en la canción más oída en el mundo ese año. Y es una buena canción. Lo que pasa también es que Eurovisión, desde que gana ABBA, no antes, es el territorio del pop europeo, que es esencialmente frívolo, ligero y tiene una comunicación fácil.

Pero, ¿hay política?

Sin duda. A veces la gente dice: solo te votan los países vecinos. Pero tienes los argumentos para desmontar los tópicos: ¡Claro, por eso ganó Portugal... porque tiene tantos vecinos! Fue la canción más votada en la historia de Eurovisión. Por vecinos, debería ganar siempre Alemania, que es vecina de casi toda Europa, y no. También es cierto que eso que llaman política es que a los intérpretes de Suecia les conocen también en Noruega y eso ya les da puntos de salida. Pero política hay mucha, sobre todo cuando hay trampas, como lo que está haciendo Israel en los últimos años para blanquear sus políticas. Suscribo absolutamente la decisión de España de no presentarse, y además creo que es una vergüenza que se colabore en un genodicio. Ahí sí es verdad que está el elemento político y económico en patrocinios, etcétera, pero hablamos de un país que la propia organización de Eurovisión ha dado por bueno, por comprobado, que hacen trampas con el televoto, que compran televoto y que ponen a robots a votar.

Bach es infinitamente más complicado y además tenía una mente absolutamente brillante, matemática

¿Que opinaría Bach del reguetón?

Voy a intentar meterme en la cabeza de Johan Sebastian Bach. Yo creo que diría: “Qué cosa tan divertida para enseñar primeros pasos de música a los niños más pequeños”. Es algo muy elemental y Bach es infinitamente más complicado y además tenía una mente absolutamente brillante, matemática, y creo que diría: “Una medida básica de compás binario y ya”. Creo que si escuchara las letras o viera los vídeos se horrorizaría. Pero cómo le vas a explicar a un señor de los primeros años del siglo XVIII, luterano y de una zona densa en el sentido moral lo que es el reguetón. No entendría ese espíritu, pero en la parte estrictamente musical diría que es una cosa sencillita y mona para enseñar ritmo, y no melodía, a los niños pequeños.

¿Está el mundo desafinado? ¿Qué papel desempeñaría Donald Trump en una sinfónica?

No sé si ha estado afinado alguna vez, pero es verdad que lo pareció. A veces hemos tenido un espejismo que parecía que teníamos a una orquesta sonando de una manera más o menos acordada. De eso hace ya tiempo y hay muchos elementos que provocan distorsiones, ruidos y molestias. En ese sentido, uno de los elementos que obviamente discordan es Donald Trump. ¿Qué instrumento sería? No tenemos ningún instrumento de color naranja salvo las fundas de las flautas dulces, que son de un naranja que se le parece mucho. Su instrumento tiene que ser algo prescindible, que haga mucho ruido, pero que suene y con la misma deje de sonar y no se vuelva a escuchar en mucho rato. Porque parece que de repente está indignado y luego tira para atrás, golpea... tiene que ser algo muy atronador. Yo creo que un bombo, un golpe de bombo airado que se diluye y al rato vuelve otro golpe de bombo y aturde mucho, y otro golpe de bombo. Definitivamente, un bombo me parece el instrumento adecuado para Trump.

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