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El empresario Ýñigo Míguez da nueva vida a las viñas prefiloxéricas y a la bodega del Convento de los Carmelitas de Cogolludo

Convento de Cogolludo

Enamorado de la arquitectura antigua y del vino, el bilbaíno Ýñigo Míguez del Olmo ha encontrado en la localidad de Cogolludo (Guadalajara) su paraíso, el Convento de los Carmelitas Descalzos, un edificio singular del siglo XVI que fue referente en la elaboración de vino en la época, y que cuenta con unos viñedos a los que quiere devolver su antiguo esplendor poniendo a las viñas prefiloxéricas en producción.

Gerente de la empresa Bodegas Castillos y Vinos, S.L. y con más de 30 años dedicados al vino, no es el Convento de las Carmelitas de Cogolludo el primer edificio antiguo que recupera ya tiene otros en tierras de Cuenca o de Guadalajara. “Compré el convento en 2004, porque ya lo conocía antes y sabía que tenía aquí la bodega de los frailes, que se dedicaban a la elaboración de vino porque era la principal industria agrícola a principios de los años 20 del siglo pasado en esta zona”, señala.

En una primera fase recupera el edificio, “estaba totalmente destruido por los franceses en 1812”, que contaba con bodega y almazara propias para devolverlo a la vida y la actividad ordinaria; en esta segunda fase se ha centrado en la recuperación de las viñas y más adelante se plantea también volver a poner en producción los centenarios olivos con la misma filosofía.

Para todo este trabajo de recuperación, el empresario, en colaboración con el Ayuntamiento de Cogolludo, ha investigado sobre las viñas del término municipal, para ahondar sobre las uvas autóctonas, que se perdieron hace ahora cien años a causa de la filoxera, enfermedad que destruyó miles de viñedos en toda Europa entre los siglos XIX y XX y que concretamente a Cogolludo llegó en los años veinte del pasado siglo.

Una vez se limpie y labre el terreno en el que se encuentra la viña, se tomarán muestras de las cepas para realizar exámenes de ADN de las plantas. Con estas muestras, Ýñigo determinará el tipo de uva que podrían producir. “Son viñas viejas, en buen estado, prefiloxéricas, de pie franco”. En un primer momento, lo que se ha encontrado parece que son “sobre todo variables de troncos comunes de garnacha, de albillo, la tinto fragoso y otras cuantas que son las que se dan en esta zona”, comenta.

Porque Ýñigo Míguez no quiere sólo hace vino, su objetivo principal es “sacar la personalidad que tienen esas viñas en un terruño en el que tienen sus raíces desde hace por lo menos cien años”, es decir, él resume su labor en “elaborar vino en un sitio antiguo, de un viñedo antiguo”. También se plantea realizar algunas elaboraciones que se salen de la enología actual pero que también recupera productos que se elaboraban antiguamente de manera tradicional en estas zonas”.

La recuperación de las plantas es cuestión de tiempo, aunque cree que si todo va bien en 2022 podría producirse el primer vino. Ýñigo va a sacar esquejes para replantar, y el siguiente paso será, cuando llegue el tiempo propicio, en marzo, hacer una poda exhaustiva. “Mi objetivo es tener la primera producción de vino, con marca registrada 'Convento de Cogolludo-Viñas Viejas Prefiloxéricas', con uvas autóctonas en pocos años”, añade Míguez.

El vino con estas uvas se elaboraría y envejecería en las instalaciones de la cueva del Convento de Cogolludo, ya recuperada, y que, según se ha podido comprobar en los meses que lleva restaurada, conservas constantes, durante todo el año, gracias a la ventilación natural, las condiciones de humedad, del 85%, y temperatura, a 12 grados centígrados.

“Primero debemos tener la uva en optimo estado y luego vemos que es lo que se puede hacer y el tratamiento que le damos, en función de las características de esa uva. Van a ser vinos con buena acidez por la altura que tiene, y ya decidiéremos el tratamiento que le damos”, aunque ya apunta su intención de envejecer el vino una parte en tinaja de barro y otro en barrica.

Tradición vitivinícola

La relación de Cogolludo con la actividad vitivinícola se remonta, al menos, a la Edad Media. Las primeras referencias escritas en las que se menciona el vino y las viñas de la villa datan del año 1100, tras la reconquista de estas tierras por el Rey Alfonso VI de Castilla.

Muestra de la importancia que esta actividad llegó a tener para el municipio son las ordenanzas de mediados del siglo XVI, en las que se hacía hincapié en la protección de las viñas y del vino producido en la villa. Se tienen registros de que a mediados del siglo XVIII la extensión del cultivo de viñas ocupaba una cuarta parte de todo el término, con una extensión de unas 900 hectáreas. Esta situación se mantuvo hasta los años veinte del siglo pasado, cuando la plaga de filoxera acabó prácticamente con todo el viñedo.

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