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Arte contemporáneo como estrategia de ciudad: Toledo reúne a una decena de bienales para pensar el territorio

La Bienal de La Habana presume de ser la primera del Tercer Mundo "que realmente miraba hacia el Tercer Mundo”

Javier Muñoz de la Torre Granados

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Toledo se ha convertido estos días en un laboratorio para repensar la relación entre el arte contemporáneo y el territorio. El Convento de Santa Fe reúne este lunes y martes a directores y comisarios de una decena de bienales internacionales de América y Europa —de países como Ecuador, Chile, Estados Unidos o Argentina— en torno a una pregunta de fondo: cómo las grandes citas del arte pueden dejar de ser un simple escaparate para funcionar como herramientas de cohesión del territorio y potenciar la cultural del Sur Global y no solo la occidental predominante.

Bajo el nombre de la Bienal Viral, este encuentro pasa por Toledo después de haber visitado la también toledana localidad de Torrijos y Madrid. Se define como un evento internacional de alta gestión cultural, y su objetivo declarado es sentar a la misma mesa a los responsables de algunas de las bienales más prestigiosas de ambos continentes para debatir sobre sostenibilidad, descentralización y turismo cultural.

Esa vocación de vincular el arte con la gestión pública atraviesa el encuentro, planteado también como un espacio de diálogo entre agentes culturales y administraciones, ya que en las mesas participan representantes del Gobierno de Castilla-La Mancha, las diputaciones de Toledo y Cáceres y el Ayuntamiento de Torrijos.

Fran Brives, codirector del Museo La Neomudéjar (Madrid) y director de la propia Bienal Viral (España), resume esa doble ambición —reflexionar y, a la vez, transformar los territorios donde el proyecto aterriza— con una imagen: la de un contagio. “La Bienal Viral tiene una doble vía”, explica. “Por un lado, traemos a las bienales para reflexionar sobre todos estos aspectos, pero al mismo tiempo la Bienal Viral opera como un virus que se inocula dentro de las otras bienales.” El fin, sostiene, es abrir camino a la creación española más allá de nuestras fronteras: “Vamos a tener la oportunidad de que el videoarte español, que es uno de los focos y ejes principales de este proyecto, pueda estar operando y penetrando dentro de las bienales en el contexto global, y podamos articular de alguna forma una expansión del videoarte español”.

Arte público: cuando vecinos y artistas “se hacen amigos”

El ejemplo más tangible de arte que sale del museo para tejerse en el territorio lo aporta la escultora María Elena Perales, directora de la Bienal de Concreto (Caguas, Puerto Rico), una muestra con una característica singular: se despliega a lo largo de las orillas del río Cagüitas a su paso por la localidad.

Sigue así un concepto de “arte público” que Perales define como una forma de hacer ciudad desde la comunidad, en la que artistas y vecinos interactúan durante el proceso de creación y las obras quedan integradas en el espacio urbano para que el vecindario pueda disfrutarlas de forma activa: “Queremos crear unas obras para la comunidad, para los estudiantes de arte, para que la gente conviva con las piezas”.

La vinculación, asegura, es tal que artistas y vecinos “se hacen amigos”. “El artista empieza a construir la pieza y los vecinos están ahí pendientes, están al tanto, en las inauguraciones. O sea que el arte público, en este caso la Bienal de Concreto de Caguas, cumple con el objetivo de crear obras para la comunidad”, relata.

“La comunidad se sensibiliza, los niños forman parte de la obra porque se suben —se diseña para eso—, y la comunidad está muy feliz, y nosotros los artistas igual, de colaborar, de sacar las obras de los museos”, continúa. “Las integramos completamente; no vamos a imponer una obra en su entorno, sino que ellos forman parte importante. Empiezan a construir las esculturas y se integra a los artistas, incluso los vecinos les dan agua o café”.

Esa apropiación vecinal, añade, acaba redibujando el mapa de la ciudad: “Luego quieren que la próxima bienal sea frente a sus residencias, porque el mantenimiento y la calidad de las obras que están ahí expuestas son máximas. Y es un prestigio para nosotros”.

La falta de variedad “debilita” la cultura

Si Caguas ilustra el arte como estrategia de proximidad, Nelson Ramírez de Arellano, director de la Bienal de La Habana (Cuba), aporta el argumento de la descentralización a escala global. Destaca que su muestra “es la primera que se hizo en el Tercer Mundo que realmente miraba hacia el Tercer Mundo”: la primera, según sus palabras, en mostrar a artistas del Sur Global al mismo nivel que a otros creadores reconocidos de Occidente.

“El Occidente industrializado que lideró la modernidad siempre tuvo una visión bastante estrecha de cómo ir estandarizando la cultura. Y eso provocó, en cierta medida, que tratara de establecerse un canon: esto es lo que se puede hacer, lo que se debe hacer, esto es lo civilizado. Y eso ha limitado a través de los años el universo, el espectro de diversidad cultural”, sostiene.

Para explicar los riesgos de esa homogeneización, el director cubano recurre a una metáfora agrícola que, no por casualidad, enlaza con la idea del “virus” que da nombre al proyecto: “Cuando en la agricultura privilegias una variedad de un cultivo, alcanzas una productividad mayor, porque ese cultivo quizás produce más y en determinadas condiciones es muy efectivo. Pero corres un gran riesgo, porque si hay una enfermedad, un virus que ataca ese cultivo en particular, puedes perder toda la cosecha”. La falta de variedad, concluye, hace “mucho más débil” a la cultura.

Ese vínculo entre arte y territorio tiene, además, una traducción muy concreta para Castilla-La Mancha: la Bienal Viral busca que Toledo sea uno de los espacios seleccionados para exponer la Bienal Nómade en 2027, que, a diferencia de las demás bienales, no tiene un lugar de celebración fijo e itinera entre diferentes ciudades de acogida.

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