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“Deberíamos hablar de una violencia feminicida mundial”

Aleida Quitana

Alicia Avilés Pozo

En enero de 2018, dos hombres bajaron de una furgoneta y golpearon en la espalda con tubos de hierro a Aleida Quintana cuando acudía a su trabajo como activista y asesora por los derechos humanos en México. Por entonces ya se había desplazado desde su lugar de origen, en el estado de Querétaro, debido a las amenazas y al peligro que corría. La agresión fue el resorte que hizo que pidiera ingresar en el Programa de Protección de Defensoras y Defensores en riesgo, de Amnistía Internacional. En España mantiene su activismo a través de conferencias y acciones de concienciación y ha podido también realizar una comparativa de ambos países en la que no salimos tan bien parados como muchos podrían pensar.

Su trabajo en México se centró durante siete años en documentar desapariciones y casos de trata de personas y feminicidios, sobre todo en el estado de Querétaro, de donde es originaria. También ha realizado acompañamiento a familiares de desaparecidos y desaparecidas desde el momento en que se reportaban como tales. Pero las acciones llevadas a cabo comenzaron a dar su fruto y encontraron a muchas personas con vida, por lo que también inició asesoramiento a víctimas para su reinserción y necesidades. En el caso de la localización de personas fallecidas, Quintana ha elaborado una base de datos de los casos producidos por feminicidio.

Como es habitual, todo este trabajo se realiza en México desde las organizaciones de la sociedad civil, y en este caso concreto mediante la ONG T'ek'ei, que surge “como respuesta al abandono del Gobierno a las víctimas de estos delitos”. Quintana opina que el Estado sabe que muchas de estas personas desaparecidas pueden ser localizadas y que gracias a la insistencia de organizaciones como la suya se han tipificado estos delitos, y especialmente el de feminicidio. “Pero para que pueda haber justicia, siguen siendo las ONG las que deben hacer el acompañamiento”, subraya.

Explica que ha habido cambios muy importantes en el país. Ahora han comenzando los apoyos a familias con desaparecidos en fosas clandestinas en algunas zonas del país y “se les está escuchando”. De hecho, celebra que haya habido detenciones en cárteles importantes y también en casos de feminicidas que estaban archivados desde hace tiempo. Algunas familias “están encontrando respuestas”, pero por el contrario, hay situaciones que se encuentran con obstáculos como “el alto grado de corrupción y la presencia del crimen organizado”.

Para esta activista, debido a su experiencia, es importante distinguir entre varios tipos de feminicidio, tal y como los ha tipificado el Observatorio Ciudadano, según el agresor: el familiar, que sufren aquellas mujeres asesinadas por un familiar o personas conocidas; el infantil, cometido contra menores de 18 años; el sucedido por ocupación estigmatizante por cuestiones de género, principalmente contra mujeres en situación de prostitución o en redes de trata; y el sexual-sistemático, donde no hay relación directa entre el asesino y la víctima. Es en este último caso donde se produce principalmente la desaparición de mujeres, cuyos cuerpos son después expuestos en la vía pública con signos de violencia. “Son los que han aumentado en México en los últimos años. Algunas académicas dicen que pueden tener un fin comunicativo para las mafias y grupos criminales, que las utilizan para mandar un mensaje a grupos opositores y a funcionarios públicos”.

Una normativa sin protocolos

Actualmente en México hay una normativa de carácter transversal para todos estos casos, vigente desde 2007. Es la Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, que tipifica cinco tipos: la física, la económica, la sexual, la emocional y la patrimonial. Es también la que sirve para identificar los casos de feminicidio, que se identifican en cualquier ámbito. Aleida Quintana opina que es una buena ley federal, pero “no funciona del todo”, primero porque no está presupuestada de acuerdo a la realidad, y segundo porque no existen los protocolos adecuados. Y todo ello se agrava por el “alto grado de misoginia y corrupción” por parte de quienes están al frente de las instituciones“, quienes ”evitan que se aplique“. En realidad, recalca, es ”un machismo que existe en todo el mundo, aunque en México lo veamos con mayor frecuencia“.

De hecho, no duda en afirmar que en España “también falta mucho por hacer”. “Yo venía con una opinión diferente y desde los primeros días me di cuenta de que se había avanzado muy poco en temas como la atención a las víctimas de trata y explotación sexual”. También es crítica con la terminología. Opina que está bien hablar de violencia machista porque así lo define el movimiento feminista, pero con ello “también quedan desdibujadas las formas”. “En el lenguaje falta mucho por hacer. Se invisibiliza la forma en que la violencia se materializa en el cuerpo de las mujeres y las consecuencias que genera”.

“Es cierto que los niveles de violencia son menores en España en comparación con México, pero el lenguaje sigue siendo blando en todas partes. Si todos los días matan a 400 mujeres en todo el mundo, deberíamos hablar de una violencia feminicida mundial porque es algo que se ha invisibilizado durante mucho tiempo a nivel global. Tenemos que ponernos de acuerdo y sumarnos a otras luchas sobre todo en América Latina, y evitar con ello que en otros países como España, una situación así llegue a ocurrir. Debemos trabajar con redes globales feministas”, concluye.

Con el objetivo de visibilizar el aporte de las mujeres en diferentes partes del mundo por la construcción de la paz y el logro de una vida libre de violencias, la AIETI (Asociación de Investigación y Especialización sobre Temas Iberoamericanos), con el apoyo del Gobierno de Castilla-La Mancha, ha preparado dos acciones: la Exposición itinerante “Defensoras. Mujeres que trasforman”; y la Charla Coloquio con la participación de las defensoras colombianas Claudia Pai, Maricel Sandoval y la mexicana Aleida Quintana.

La exposición, con dibujos realizados por el conocido ilustrador Eneko, visibiliza el aporte de las mujeres que cada día ponen en riesgo sus vidas por la defensa de los derechos humanos. Puede contemplarse en la Galería de Exposiciones de la Biblioteca Regional de Toledo hasta el 15 de marzo. Con ello quiere resaltar la figura de las mujeres defensoras de derechos humanos, que viven una situación más complicada en aquellos países que no asumen el protagonismo femenino en esa lucha.

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