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Prevenir el cáncer en el trabajo: objetivo de administraciones, empresas y población trabajadora

Dos trabajadores en una fábrica en una imagen de archivo

El cáncer es la principal causa de muerte relacionada con la actividad laboral en la Unión Europea. Muchos de los casos están vinculados a la exposición a agentes cancerígenos en el trabajo. De hecho, el marco estratégico de la Unión Europea en materia de seguridad y salud en el trabajo para el periodo 2021-2027 señala que el 52% de las muertes relacionadas con el trabajo en Europa se producen por cáncer.

Es la razón por la que la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha se ha puesto manos a la obra. El Acuerdo Estratégico de Prevención de Riesgos Laborales de Castilla-La Mancha (2022-2026) contempla en su eje ‘Impulso’ la realización de acciones que “contribuyan a la mejora de las condiciones de trabajo”.

En particular, una de sus líneas de acción se centra en la prevención frente a la exposición a agentes cancerígenos en el entorno laboral y, de manera específica, a apoyar a las pequeñas y medianas empresas en la identificación de estas sustancias.

No existe duda alguna. El cáncer es uno de los grupos de enfermedades de mayor importancia para la ciudadanía. Tampoco resulta complicado identificar los principales agentes cancerígenos: el tabaco, el alcohol, la contaminación ambiental o el sedentarismo, entre otros, están detrás de una parte relevante de los casos de cáncer.

Frente a eso, los hábitos de vida saludable, la práctica de ejercicio físico, una dieta equilibrada o eliminación del consumo de tabaco, son medidas que, a la vez de eficaces, son suficientemente conocidas por la ciudadanía.

Hay una necesidad de ahondar en el conocimiento del número de cánceres atribuibles al trabajo, así como calcular cuál es su coste sanitario. En paralelo, es vital que la población y las empresas conozcan la envergadura real del problema

Otra cosa es el ámbito laboral. Si el agente cancerígeno forma parte de la actividad laboral, es probable que haya nuevos factores en juego: desde una menor información o consciencia de su peligrosidad, hasta la dificultad para su eliminación en un proceso o actividad productiva.

Pero, ¿cuál es la carga de cáncer atribuible al trabajo, y cuál a otras circunstancias de la vida de una persona? Es difícil concretarlo. De ahí la necesidad de ahondar en el conocimiento del número de cánceres atribuibles al trabajo, así como calcular cuál es su coste sanitario. En paralelo, es vital que la población y las empresas conozcan la envergadura real del problema y evitar la infradeclaración de casos.

Se hace necesario cuantificarlo para una asignación adecuada de recursos sanitarios, humanos y materiales, además de establecer medidas públicas y privadas de prevención. No hacerlo tiene un coste económico para las arcas públicas y para las empresas y, lo peor, cuesta vidas humanas.

El informe elaborado por el Ministerio de Sanidad bajo el título ‘Carga de cáncer atribuible al trabajo y su coste sanitario en España en 2015’, revela que en Castilla- La Mancha el mayor número de ingresos se debió a cánceres de pulmón, vejiga y colon en el caso de los hombres. Entre las mujeres lo más frecuente fueron las neoplasias de mama, los mesoteliomas y los cánceres de pulmón.

No solo se hace necesario seguir las recomendaciones generales para la prevención del cáncer, sino que la población trabajadora ha de ser objeto de acciones y medidas preventivas adicionales. Y que esas medidas se ajusten a las características y condiciones de cada puesto de trabajo y sector.

¿Cómo prevenir?

La prevención como herramienta es un proceso que debe implicar a todas las partes. Por un lado, la empresa, en cumplimiento de su deber de protección. Por otro, el personal especializado del servicio de prevención, dada la especial naturaleza y complejidad de este tipo de riesgos y la población trabajadora, directamente o a través de sus representantes. Deben demandar, y también adoptar, las medidas preventivas y de formación e información más adecuadas para la prevención del riesgo.

Dejando al margen la exposición a fibras de amianto, un agente cancerígeno que dispone de reglamentación propia, el Real Decreto 665/1997, de 12 de mayo, sobre la protección de los trabajadores contra los riesgos relacionados con la exposición a agentes cancerígenos durante el trabajo es la norma de obligado cumplimiento para prevenir este tipo de riesgos en el ámbito laboral.

La normativa se actualiza con relativa frecuencia, a fin de ir dando cabida a las sustancias, mezclas y procedimientos con la condición de cancerígenos. Así, por ejemplo, en 2015 se incorporó la exposición a polvo de maderas duras, tanto de origen tropical como otras variedades (cerezo, haya, roble) de localización más próxima en nuestro territorio.

En 2020 lo hizo la exposición al polvo respirable de sílice cristalina, afectando no solo a minería, sino a múltiples oficios de la construcción, industria cerámica y otros. En 2021, en la modificación aprobó la inclusión de, entre otras, la exposición inhalatoria a emisiones de motores diésel y la exposición cutánea a aceites minerales utilizados en la lubricación y refrigeración de motores. Y, más recientemente, en mayo de 2022, entre otros, agentes como el formaldehído y el cadmio y sus compuestos inorgánicos.

La empresa, por tanto, ha de identificar los agentes cancerígenos existentes en su proceso productivo y, a continuación, realizar la evaluación de riesgos, desde un enfoque de prudencia extrema: es decir, siempre que sea técnicamente posible, la medida prioritaria será la sustitución del producto cancerígeno o proceso que lo genere por otro que no sea peligroso o, cuanto menos, que lo sea en menor medida.

Además, ha de tenerse en cuenta que, a diferencia de otros agentes químicos en los que los efectos tóxicos dependen de la dosis, en el caso de los cancerígenos, los referidos efectos tienen una componente probabilística, es decir, pueden producirse aún en el caso de dosis de baja exposición.

Si la sustitución del agente no es viable, el proceso productivo deberá realizarse en sistema cerrado o, en último término, se aplicará el principio ALARA, que pasa por la reducción de la exposición al nivel técnicamente más bajo posible.

Una mención especial requiere la prevención de la exposición a este tipo de agentes, así como a los calificados como mutágenos, para trabajadoras en situación de embarazo o de lactancia natural: en todo caso, no podrán realizar actividades en las que la evaluación de riesgos concluya que existe riesgo de exposición que pone en peligro su salud, la del feto o la del lactante.

Desde un punto de vista práctico, el etiquetado de los envases de productos facilita información que permite identificar la presencia de agentes cancerígenos: la indicación H350 indica que el producto está clasificado como carcinógeno para las personas, en tanto que la indicación H351 señala que dicho producto es sospechoso de ser, de igual modo, carcinógeno. Asimismo, H340 y H341 son indicaciones relacionadas con el carácter mutagénico de las sustancias y mezclas. En esta línea, las notaciones H360 y H361 señalan, respectivamente, la clasificación como producto que puede dañar la fertilidad o el feto, o que es sospechoso de producir estos daños. De manera adicional, la empresa ha de recabar la ficha de datos de seguridad de todos los productos utilizados en su proceso productivo o actividad, dado que estos documentos, al igual que el etiquetado, amplían la información, facilitando Indicaciones de peligro (frases H) y consejos de prudencia (frases P).

La posesión y difusión de esta información básica entre la población trabajadora, así como el trabajo especializado de los servicios de prevención de las empresas, se constituyen como el punto de partida de una adecuada gestión de la prevención de este tipo de agentes peligrosos.

Una jornada informativa en Albacete el 29 de noviembre y ayudas para la prevención

Con el fin de facilitar y contribuir a la prevención de estos riesgos en el ámbito laboral, la Consejería de Economía, Empresas y Empleo ha programado una jornada técnica de carácter presencial. Está prevista para el próximo 29 de noviembre, a las 10 horas, en la sede de la Delegación Provincial de Sanidad de Albacete. Contará con la participación de personal experto de Inspección de Trabajo y de la Seguridad Social, de Asepeyo, mutua colaboradora con la Seguridad Social número 151 y de personal de la Delegación Provincial de Economía, Empresas y Empleo de Albacete.

Está abierta a la participación de las personas y empresas interesadas en ampliar su conocimiento sobre la cuestión en una jornada gratuita de la que se puede encontrar más información en la página web de Seguridad Laboral de Castilla-La Mancha.

Además, a través del Programa Castilla-La Mancha Más Segura, la Consejería de Economía, Empresas y Empleo subvenciona aquellas inversiones realizadas por empresas cuya finalidad sea la instalación de equipos para el control de contaminantes químicos y físicos con actuación directa y preferente sobre el foco de emisión. También se ayuda en la disposición de espacios para guardar por separado ropa de trabajo y de calle en actividades con exposición a agentes cancerígenos.

La información sobre esta línea de ayudas puede encontrarse haciendo click en este enlace.

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