Insultos y acusaciones de 'edadismo' para el fiscal que quiere proteger a los conductores de más de 70 años del hostigamiento del resto
La escena es habitual. Un vehículo que circula por debajo del límite máximo y que ralentiza el tráfico y coches que tocan el claxon. Al volante va una persona de más de 70 años. Sólo se darán cuenta después de adelantar. Algunos sentirán empatía y otros no, pero el hecho es que esa persona que conduce bien, pero despacio, habrá sufrido el hostigamiento, y posiblemente el estrés por el comportamiento de los demás conductores.
Y en esa idea estaba el fiscal jefe de Salamanca, Juan José Pereña, cuando envió una propuesta la Fiscalía General del Estado y que se incorporó a la memoria anual. Pereña sugiere que los conductores de 70 años en adelante luzcan una M en sus coches, igual que los conductores noveles lucen una L. En cuestión de horas desde que la idea se dio a conocer, el fiscal comprobó que era objeto de una cascada de insultos y críticas en las redes sociales, e incluso en correos electrónicos que llegaron la Fiscalía. A Pereña se le ha llamado “edadista” y se le ha acusado de pretender estigmatizar a los mayores cuando la propuesta sólo tenía un objetivo: que los conductores los respeten y que estos puedan coger el coche sin que se les atosigue.
“Las personas de más de 70 años suponen el 14% de conductores y y también el 28% de victimas de accidente de tráfico. aunque ahí entran también los atropellos. La idea era la contraria a la que se ha transmitido, se trata de protegerlos, no de estigmatizarlos”, asegura. El fiscal recuerda que con la edad se pierde vista y oído y que se adapta la manera de conducir a esa pérdida de capacidades. Que el resto de conductores tenga esa información del coche que llevan delante no es ni marginar, ni marcar.
Una población que envejece y el derecho a la movilidad
Asociaciones como Race o Stop Accidentes han sido críticos con la propuesta de Pereña, que atribuye la polémica a que no se ha leído. “Se puede matizar y se puede debatir y trabajar”, asegura. El fiscal pone el acento en un hecho indiscutible: España envejece y hay comunidades donde es más evidente. Castilla y León tiene muchas personas mayores que viven en pueblos, con un transporte público “muy mal conectado” y que cogen el coche para trayectos habituales y necesarios como ir a comprar a otro pueblo, ir a la huerta o desplazarse al hospital o al consultorio. “Y tal y como está aquí la sanidad rural, necesitan conducir y hacerlo en condiciones de tranquilidad y garantizando el derecho a la movilidad”, añade. Llevar una M, aduce, no es tan distinto a la L que lucen los conductores noveles, sin olvidar que estos sí tienen restricciones de velocidad o de tasa de alcohol.
La percepción de Pereña no es equivocada, según el investigador el Instituto de Investigación en Tráfico y Seguridad Vial de la Universitat de Valencia, Ignacio Lijarcio, pero con matices. Para empezar, considera que el “etiquetaje social” si viene de la administración no siempre es bien acogido. “No es igual cuando uno se pone una camiseta del Barça o cuando pone en su coche una pegatina de su pueblo que cuando viene de un externo”, precisa. Para Lijarcio es necesario que esa etiqueta se corresponda con una educación social previa, o no se sabrá si esa M provoca que se respete al mayor en la carretera o por el contrario, se “vaya a por él”.
Pero, esa educación social no es necesaria sólo para los que están por debajo de los 70 años. Los estudios demuestran que a partir de los 75 años los conductores son más vulnerables y que entre los 80 y los 85 cometen incluso infracciones. “Respetan menos los pasos de peatones o los semáforos y esa actitud tiene que ver con su percepción de la muerte, que es más cercana y les hace tener menos miedo o incluso aprovechar aquello de que como son mayores, también al volante pueden no hacer un ceda el paso. Son vulnerables en ámbitos urbanos, en rotondas, en atascos, en zonas de obras que les hacen circular por itinerarios distintos”, afirma.
“No hay edad para dejar de conducir, hasta que el cuerpo aguante”
Pero eso no significa que tengan que dejar de conducir. “El organismo se deteriora por edad, pero también por historia de vida, y hay personas de 85 que pueden conducir perfectamente y otras con 55 años que no”, apunta. Lijarcio señala además un dato importante: en 2050 el 65% de la población será mayor y “hay que tomar cartas en el asunto”, es necesario que se hagan cursos de formación y reciclaje para mayores en autoescuelas. También pone el acento en los reconocimientos de la DGT para renovar el permiso de conducir. “La exploración no puede ser igual en una persona de 70 o 75 años que en una de 40. Tiene que ser más profunda y adecuada, porque hay una distinta percepción del riesgo, un deterioro cognitivo e incluso de la visión, que supone el 80 o 90% de la información que recibe el conductor”, sugiere.
¿Significa eso que los mayores no pueden conducir? Para Lijarcio “no hay edad, hasta que el cuerpo aguante”. Así, comenta que hay personas de 90 años que conducen bien, “porque una cosa es envejecer y otra perder capacidades”.
“Entre tener permiso y no tenerlo hay un rango, que son las restricciones que ya están contempladas y que eliminan riesgos, como mantener el carnet de conducir pero prohibiendo que la persona conduzca de noche, por ejemplo. Cuando se coarta la libertad de movilidad de una persona mayor se le genera dependencia de la familia y se la enclaustra en la decrepitud. La propuesta del fiscal Pereña es en positivo y yo entiendo perfectamente lo que persigue, pero la M es la parte final. Antes de llegar a eso son necesarios educación, trabajo e investigación sobre el tema. Puede que dentro de 20 años esos mayores incluso puedan moverse en coches autónomos”, avanza.
Reconocimientos más efectivos para renovar el permiso
El presidente de la Asociación de Autoescuelas de Salamanca, Luis Rodero, está de acuerdo con el fiscal Pereña. “Lo que ha hecho ha sido poner sobre la mesa algo que hay que plantearse en un futuro, el envejecimiento de la población y conductores cada vez más mayores. La M es una idea, no una estigmatización y además se puede perfeccionar”, afirma. Rodero recuerda que el paso del tiempo afecta a las habilidades psicomotrices o a la capacidad visual pero que no siempre inhabilita para la conducción. “Se trata de ayudarles. Ellos reconocen sus limitaciones, por eso buscan recorridos conocidos. Con la M se pretende evitar comportamientos agresivos”, insiste.
Al igual que Lijarcio, Rodero considera que los reconocimientos a los que obliga la DGT “son mejorables”, porque “no puede ser que un conductor de 75 pase ese reconocimiento cada 5 años” y que Sanidad no tenga implicación. “El médico de atención primaria tiene mucho que aportar, hay que tener en cuenta que a partir de los 75 se toma una media de 5 medicamentos, y algunos influyen en la conducción”, subraya. Rodero lamenta que en los últimos tiempos al “mujer tenias que ser” se haya sumado “abuelo tenías que ser” , una actitud que es necesario censurar también.
El vicepresidente de Stop Accidentes, Fernando Muñoz, reconoce que la idea de Pereña “vista desde el punto de vista de no achuchar a los conductores mayores, podría estar bien” pero que la M también es una forma de estigmatizarlos. A la vez apunta que “es importante que quien no este en condiciones no conduzca” y que hay que mejorar los reconocimientos, algo que ya propusieron en su último foro de seguridad vial. “El director general de Tráfico, Pere Navarro, dijo en ese foro que no hay que victimizar a los mayores, porque no son culpables de los accidentes. Hay que poner quizás límites de velocidad o para conducir de noche, pero no se trata sólo de un tema de edad. Hay jóvenes que toman medicamentos, que tienen adicciones o problemas psíquicos y que conducen. Es un problema sanitario que no se soluciona por muchas multas que ponga la DGT”, comenta. “No estamos por el tema de la M pero sí por reconocimientos serios, y si hay que limitar, hacerlo, ya lo contempla la ley”, zanja.
¿Y qué dicen los aludidos? El director de la Confederación Estatal de Mayores Activos, Vicente Pérez Cano, considera que la medida de la M es “innecesaria y edadista” y la compara con poner una etiqueta “a las mujeres que conducen”. “¿Por qué a partir de los 70 si hay personas jóvenes que conducen peor?”, pregunta. Pérez compara esa segregación con la vivida por los mayores en esta pandemia: “¿Por que no se les va a llevar a una UCI si vemos que personas de 100 años lo han superado? Esto es igual”, cuestiona. Aunque sí entiende que “hay buena fe” no quiere que se etiquete. Lo que propone es “educar a la población para tolerar la heterogeneidad, para ser tolerantes, para tener empatía”, por eso entienden que una medida “discriminatoria” no es adecuada.
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