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Grandes multas y represión policial: la coacción a la comunidad evangélica de Medina del Campo en el franquismo

Félix Pradales, de pie, con miembros de la comunidad evangélica de Medina del Campo.

Alba Camazón

Valladolid —
4 de abril de 2026 22:23 h

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Sobre el papel, durante en franquismo se pudieron celebrar cultos religiosos no católicos desde 1945 (con el Fuero de los Españoles), aunque se necesitaba el permiso del gobernador civil. Eso sí, el régimen solo autorizaba actos privados, en ocasiones fuertemente vigilados. La libertad religiosa fue abriéndose a partir del Concilio Vaticano II, cuando se empezaron a permitir actos públicos, también bajo autorización. Sin embargo, al situación en Medina del Campo (Valladolid) fue diferente. La pequeña comunidad evangélica que había tuvo que hacer frente a presiones policiales, eclesiásticas, a múltiples peticiones no respondidas y a fuertes sanciones económicas por reunirse para rezar. En algunos casos fue necesario el apoyo de iglesias de otras partes de España y vender el piso del pastor y su mujer de Valladolid capital para hacer frente a las multas y evitar así la cárcel.

“Las fuerzas del orden incluso entraron en la vivienda del pastor, Félix Pradales y su mujer, María Abrodos, para perseguir el culto con el pretexto de que no tenían una capilla para los actos religiosos, puesto que no durante muchos años no tuvieron recursos económicos para construir una capilla. Y por más que pedían permiso, y por más que intentaban habilitar locales, siempre internos, siempre estaban perseguidos, vigilados, y siempre entraba la policía de manera sorpresiva para llevarse detenidos al pastor protestante y a los demás”, explica el historiador Enrique Berzal, que ha publicado recientemente un artículo de investigación sobre este tema en la revista científica Pasado y Memoria.

David Prieto es el actual pastor de Medina del Campo y uno de los descendientes de la comunidad. El primer lugar de culto en Medina donde un grupo fue llevado a la cárcel era una vivienda que les alquiló su abuela. “Lo difícil fue al principio, en la década de los 40 y 50, porque los pastores que empezaron la obra eran atosigados por la Policía. Había un acoso constante”, explica Prieto. El autor del artículo Persecución franquista contra las minorías religiosas. El insólito caso de los protestantes de Medina del Campo (1948-1962) concreta que, especialmente al inicio del régimen, los protestantes eran vistos “como una amenaza al predominio social de la Iglesia Católica”, así que se los vigiló “estrechamente” e incluso “se contribuyó a perseguirlos”.

La “secta” de los protestantes

El pastor Félix Pradales enviaba “continuamente” solicitudes de permiso, pero nunca obtuvo respuesta por parte del gobernador civil. Berzal apunta que había “una obstinación total” por parte del Arzobispado católico a través de su vicario, Faustino Herranz, y del propio arzobispo, Antonio García García, que tenía “miedo al proselitismo” de los protestantes. En una carta de 1948 conservada en el Archivo de Curia de Valladolid se puede ver la pretensión del arzobispo: “Daño hacen, aunque no tengan gran extensión y urge no dejarles las manos libres, quiero decir la lengua y la pluma y los demás medios de propaganda. El Fuero de los Españoles hay que interpretarlo y aplicarlo con el criterio más restrictivo que sea posible”.

Escrito del Gobierno Civil en Valladolid en 1948.

David Prieto recuerda cómo los feligreses tuvieron que esconderse en baños o en una fábrica cercana“. Tenían una contraseña para avisar de si había problemas... había un cántaro en un balcón y, según estuviera a la derecha o a la izquierda, había o no peligro”, cuenta el pastor. En 1948, una reunión dominical de 11 personas fue considerada por el régimen como “una reunión clandestina” y no religiosa, lo que supuso unas multas que iban de 50 a 5.000 pesetas hasta 12.950 pesetas para todos ellos. El matrimonio Pradales-Abrodos fue multado con 2.000 pesetas, pero su salario anual ferroviario podía ser de unas 7.2000 pesetas. La comunidad medinense tuvo, por lo tanto, que recurrir a la solidaridad de otras parroquias evangélicas.

“La estrategia era asfixiarlos a base de deudas y multas para que no pudiesen continuar o incluso se fueran de Medina, porque hubo amenazas con echarles”, expone Berzal. Prieto recuerda el efecto que tuvieron las multas sobre la comunidad. “Los pastores tuvieron que vender su propia vivienda en Valladolid para poder pagar las multas porque la gente que estaba allí congregada pues no tenía recursos para pagarlo. Y la alternativa era estar detenidos, y si no iban a trabajar perdían los empleos...”, apostilla el pastor.

Enrique Berzal ha acudido para esta investigación a los archivos históricos provincial y eclesiásticos de Valladolid, pero también ha contado con otro espacio que hasta ahora no se había hecho público: el de la Iglesia Evangélica de Medina del Campo, que ha conservado numerosa documentación como las cartas de la represión y la solidaridad de otras capillas evangélicas que entregaron dinero para que la comunidad pudiera salir de la cárcel.

Agentes de la Policía de Acción Católica

La localización de la vivienda del pastor resultó importante en la represión, así como la propia situación en Medina del Campo, que vivió una fuerte dominación del régimen. Además, algunos miembros de la Policía de Medina eran de Acción Católica y el gobernador civil también estaba “muy unido” a la Iglesia Católica. “La comunidad evangélica estaba situada... mejor dicho, la vivienda de Félix Pradales y María Abrodos estaba muy cerca de la parroquia católica. Y la Iglesia Católica tenía miedo de que, sobre todo los más pequeños y los adolescentes se fueran a la iglesia protestante, llamados por los cánticos religiosos”, detalla este profesor titular de la Universidad de Valladolid.

También utilizaron la excusa de que en Medina del Campo, una parte importante de la población era muy humilde, inculta, que no tenía una formación superior, y que podían ser fácilmente convencidos por la Iglesia Protestante, pues hacen todo eso. “El franquismo pensaba que los protestantes eran sectas que podían traer la desviación y la herejía. También es cierto que los protestantes durante la Segunda República vivieron una etapa de tal libertad que ellos se identificaron en gran medida con el régimen republicano, que les dejaba tener sus puestos en las calles y vender las biblias, celebrar su propia Semana Santa o el día de los difuntos”, explica Berzal.

Una de las peticiones para celebrar el culto religioso de Félix Pradales, fechada en 1954.

En Valladolid había dos iglesias protestantes desde finales del siglo XIX: la anglicana (Iglesia Española Reformada Episcopal) -que en Castilla y León tuvo como gran referente a Atilano Coco, fusilado en 1936- y la Evangélica, que tenía pequeñas comunidades protestantes en algunos puntos de la provincia (Cigales y Medina del Campo) y de la ciudad (calles Labradores y José María Lacort). En Valladolid capital, Cataluña, Málaga o Galicia se hacía este tipo de seguimiento a la comunidad protestante, pero no se produjo una persecución “tan terrible” como la de Medina del Campo. Sin embargo, ni la Iglesia Católica ni la Policía lograron expulsar al pastor evangélico y a su familia de Medina del Campo. “Hubo una solidaridad internacional -el caso apareció en periódicos protestantes de Estados Unidos- y la presión internacional, con muchas cartas enviadas a distintas escalas de la dictadura franquista, también a través de la Misión Cristiana Española. Creo que eso es lo que en cierto modo también le salvó a los de Medina del Campo”, señala Berzal.

El Fuero de los Españoles

El franquismo sufría entonces un aislamiento internacional que quería frenar, por lo que buscaba tener buenas relaciones con el exterior, que a veces se veían afectadas por el tratamiento a las comunidades protestantes. Por ese motivo aprobó los Fueros de los Españoles en 1945, con la mirada puesta en Estados Unidos. “Desde Misión Cristiana les decían que si no querían ver peligrar esa circunstancia internacional, lo mínimo era permitir el culto interno a los demás”, explica Berzal.

En 1953 se firmaron los Pactos de Madrid con Estados Unidos, aunque la represión en Medina del Campo no varió mucho. “La situación no se va a resolver hasta finales de los años 50, principios de los años 60, cuando ya se les va a dar una especie de permiso. Pero casi hasta el primer quinquenio de 1960 no se les dió a los protestantes de Medina del Campo una libertad plena para poder realizar sus cultos interiores”, sostiene el historiador. Evidentemente, para entonces ya solo quedaban una decena de feligreses.

Mayor libertad a partir de los años 60

La Ley de Libertad Religiosa de 1967 permitió las manifestaciones externas, pero, de nuevo, siempre que el gobernador civil lo autorizase. “Estaban siempre sometidos. Así como la Iglesia Católica no tenía que pedir nada de esto, ellos siempre tenían que pedir un permiso al gobernador civil y siempre estaban vigilados. Y a veces seguían siendo detenidos porque no había llegado el permiso o porque consideraban que se hacía proselitismo”, expone Berzal.

Todavía en los 70 había personas que se movilizaron a título individual para reducir el tamaño de la comunidad evangélica. Prieto recuerda cómo, cuando era un adolescente, ofrecían trabajos en talleres o fábricas a compañeros suyos para que dejaran la iglesia e incluso a una tía suya, a la que ofrecieron un trabajo de telefonista en Madrid “a condición de que no estuviera aquí y dejara la iglesia”. “Cuando yo tenía unos 14 años, íbamos a las reuniones de escuela dominical unos 30 chicos. Pero cuando cumplieron 14 años desaparecieron todos menos yo. Eso era tónica general de aquellos tiempos”, resume.

Prieto también recuerda que, a pesar de que algunos alcaldes han acudido a saludar a la comunidad en algún acto público, en otras ocasiones se les ha denegado la cesión de espacios municipales para actos de culto. “Lo único que me pudieron ofrecer era el uso de los bajos de la Plaza de Toros para las conferencias. Y no me sirvió. O el auditorio previo pago de 3.000 euros, que no teníamos... nos dijeron que el polideportivo era de uso exclusivo para actividades deportivas, pero ahora se han permitido otros actos religiosos allí”, afea.

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