España es el país con más pistas de pádel y las aves se chocan contra ellas: “Causan decenas de muertes de forma absurda”
Hace buen tiempo, has quedado con tus amigos y vais a jugar al pádel. Al llegar a la pista, un pájaro muerto os da la bienvenida. Esta escena, por rara que parezca, es mucho más habitual de lo que se pudiera pensar, sobre todo en España, que acumula una de cada tres pistas de pádel del mundo. Los datos apuntan que cada año unas cien aves mueren por colisionar con cada una de estas infraestructuras deportivas. Los animales o no ven los cristales o ven su reflejo, por lo que no intuyen que ahí hay una barrera que limitará por siempre su vuelo. Remediar el problema es muy sencillo. Tan solo hace falta colocar una red, cuyo coste no alcanza los 1.000 euros, que indique a los pájaros que hay un obstáculo.
Carlos Cuéllar, técnico del proyecto de Biodiversidad Urbana de la organización medioambiental Grefa, señala que hace “algunos años” comenzaron a notar un “incremento repentino” de impactos de aves en las pistas de pádel. “Nos sorprendió porque pueblos con una densidad muy baja, de incluso 20 habitantes, ya cuentan con este tipo de instalaciones en la que mueren muchas aves”, comenta.
Las pistas de pádel se suelen encontrar al aire libre y en zonas ajardinadas, en la periferia de los pueblos. “Las aves se sienten atraídas por la superficie verde del césped artificial y por la arenilla que se echa en él. Muchas veces quieren ir a picotear ahí, incluso insectos que puede haber en la pista y les cuesta salir porque se chocan contra los cristales”, añade el experto.
Otros casos son mucho más alarmantes. Cuéllar asegura que cientos de aves vuelan libremente e impactan con la cristalera al no intuirla. La mayoría de estas ocasiones los animales mueren en el acto, desnucados. Un accidente de este tipo puede acarrear otros tantos del mismo tipo. Por ejemplo, cuando un ave más grande, como un milano real, choca contra el cristal al intentar capturar algún pajarillo que ya había colisionado previamente.
Cien muertes al año por cada pista
Las cifras que manejan las asociaciones animalistas proceden de estudios realizados a nivel regional. Por ejemplo, en 2019 el departamento de Medio Ambiente de Aragón estudió la casuística en tres pistas de pádel de Zaragoza. La conclusión fue que entre 100 y 135 aves morían cada año en cada una de las pistas. La Generalitat Valenciana, por su parte, cifró en 75.000 pájaros los que cada año morían en las 600 pistas municipales que existen en la región mediterránea. De nuevo, la cifra oscila en el centenar de aves que pierden la vida de esta forma.
La alarma se incrementa al tener en cuenta que en España existen unas 17.000 pistas de pádel, según los datos de 2024 que manejan desde la Federación Internacional de Pádel. La ratio es de una pista por cada 2.800 habitantes, una de las más bajas del mundo, enfatizan. Si en todo el mundo hay unas 50.000 pistas, España posee el 34% de todas ellas. Tal y como refleja la Federación, las comunidades donde se practica más este deporte son Cataluña y Andalucía, que superan las 3.200 pistas, seguidas de Madrid con 2.300 y la Comunidad Valenciana, con casi 2.000 en total.
Desde Grefa advierten que los datos que obran en su poder dan cuenta de aquellos animales que han colisionado contra muros, ventanas y cristales en general. De las 468 aves recuperadas en sus centros entre 2018 y 2025, tan solo seis se habían chocado contra los cristales de estas pistas. Son cifras tan limitadas porque solo se documentan las aves que ingresan vivas, los casos de aves fallecidas en el lugar son gestionados directamente por los agentes forestales, explican.
Investigación por la Fiscalía de Medio Ambiente
Atajar esta realidad tan perniciosa para decenas de miles de aves pasa también por la administración de Justicia. En noviembre de 2023, el responsable del área de Medio Ambiente de la Fiscalía General del Estado, Antonio Vercher, conminó a las fiscalías provinciales especializadas en este ámbito a investigar estos sucesos. Se basaba en la reforma del Código Penal que amplió los supuestos de maltrato animal más allá de los animales domésticos y que permitía perseguir por la vía penal las agresiones cometidas a los vertebrados silvestres.
Un mes después, el cuerpo de Agentes Rurales de Catalunya ya había realizado más de 1.800 actuaciones en este sentido. Además, enviaron notificaciones a empresas, responsables de clubes de pádel o de edificios acristalados en las que promovían la instalación de elementos que pudieran evitar estas muertes que, incluso, afectan a especies protegidas y en peligro de extinción.
No a las pegatinas, sí a las redes
Mario Giménez, responsable del área de Conservación de SEO/BirdLife, enfatiza que la solución no es nada costosa. “El objetivo principal es que el cristal sea detectable para las aves sin convertirlo en opaco”, introduce. Hace tiempo se intentó conseguir mediante siluetas de otras aves en las cristaleras, pero no funcionó porque las pegatinas tendían a estar muy dispersas. “Una regla fundamental es la de la palma de la mano. Si hay un hueco inferior a una palma, unos diez centímetros, las aves más pequeñas pensarán que pueden colarse por ahí”, añade. Cuéllar subraya que, en una ocasión, levantaron seis cadáveres de aves en una pista de pádel dotada de un buen número de estos adhesivos.
Las pegatinas de siluetas de otros pájaros trajeron consigo otro problema. El cristal de las pistas de pádel está confeccionado de tal forma que, en el caso de romperse, se fractura en trozos muy pequeños para evitar cortes en jugadores y público. Los adhesivos hacían que los pedazos de cristal roto fueran más grandes, lo que ponía en peligro a las personas de su alrededor.
La solución definitiva pasa por la instalación de redes en el exterior de los cristales que evitan prácticamente la totalidad de las colisiones, una medida que implantó por primera vez la Comunitat Valenciana, donde las organizaciones animalistas trabajaron de la mano de la Federación de Pádel regional. El coste de la instalación ronda los 900 euros, impuestos incluidos.
“Así se podrían salvar pájaros de pequeño y mediano tamaño, como gavilanes y cernícalos, pero también carboneros y pinzones”, ilustra Giménez, quien también admite que los datos con los que trabajan las asociaciones siempre están infravalorados, pues solo responden a las aves heridas que se recogen y son tratadas en centros de recuperación si antes no se las ha llevado algún otro animal depredador, como gatos o zorros.
El especialista en Biodiversidad Urbana de Grefa, Cuéllar, especifica que la red está compuesta de nylon blanco con unos huecos de 10 centímetros de largo y de ancho. “Es el tamaño justo para que un ave, incluso pequeña, se vea obligada a frenar”, afirma. Por el momento, esta organización ha trabajado en diversos pueblos de las provincias de Guadalajara, Toledo y Segovia. “Es imprescindible que las Administraciones públicas prediquen con el ejemplo para que también tomen nota los particulares”, defiende.
En Castilla y León se ha llegado a no permitir la inauguración de nuevas pistas de pádel hasta que no estuvieran instalados estos sistemas correctores. “Es increíble porque vas a cualquier lado, pueblos sin apenas habitantes, dotados de una pista de 150.000 euros en desuso la mayor parte del año pero que causa decenas de muertes de aves de forma absurda, sobre todo ahora, que comienza la primavera y aumenta la mortalidad”, se explaya el integrante de Grefa.
Despoblados pero concienciados con la naturaleza
Budia es un pueblo de Guadalajara donde desde hace unas semanas y tras la labor de Grefa cuentan con la red en su pista de pádel, instalada hace una década. Pedro López, teniente alcalde de este municipio, admite que “no era habitual encontrarnos aves muertas, pero es una buena iniciativa y decidimos hacerla”. Budia es un pueblo de la España vaciada con unas 200 personas censadas, cifra que se reduce a la mitad al hablar de su población permanente.
La pista de pádel, que mayormente se utiliza en verano, está mínimamente alejada del núcleo de viviendas. “Estos pueblos pequeños, ya casi despoblados, tienen una biodiversidad riquísima. El desembolso es muy pequeño para proteger una de las riquezas más grandes con las que contamos”, señala López. En plena alcarria, en un pueblo que pasa por sus horas más bajas en cuanto a número de habitantes, la conciencia por el bienestar animal todavía prevalece.
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