PERFIL

Josep Cusí, el discreto empresario que lleva 40 años ayudando a Juan Carlos y financió la luna de miel de los reyes

El armador Josep Cusí (izquierda) junto al rey emérito en una imagen de archivo.

Discreto y leal. Rico sin ser aristócrata. Catalán y patriota español. Sincero pero respetuoso. Las cualidades de Josep Cusí (Barcelona, 1934) le convirtieron durante décadas en la sombra del Rey Juan Carlos I. Compañero de navegación, cicerone en Catalunya, consejero en temas delicados y conseguidor de financiación para los barcos del monarca, Cusí ha logrado permanecer en un segundo plano a pesar de que ha realizado para Juan Carlos encargos de primer nivel, como cuando en 1986 se desplazó a EE. UU para llevar a un laboratorio las muestras de unos tejidos extirpados al rey durante una operación.

La discreción de la que gozaba este ingeniero electrónico, sin embargo, saltó por los aires el pasado fin de semana, cuando The Telegraph reveló que había sufragado 269.000 dólares (239.000 euros) de la luna de miel de los reyes Felipe y Letizia. Un viaje que les llevó en 2004 por Jordania, Camboya, Samoa, Fiji, México y EE.UU y que tuvo un coste total de 467.000 dólares (415.000 euros).

¿Quién es este misterioso empresario que ha logrado mantenerse alejado de los focos? La vida de Cusí, según su propio relato, bien daría para una película que mostraría cómo vivieron las clases bienestantes durante el franquismo y la transición.

Antes de entrar a la universidad fue campeón de natación, submarinista, jugador semiprofesional de waterpolo y, con solo 18 años, se enroló en una expedición con Jaques Costeau al Mar Rojo. Allí se filmó El mundo del silencio, la primera película rodada bajo el agua, y como integrante de esa expedición Cusí acabó recibiendo la medalla de la Legión de Honor de manos de Charles de Gaulle.

Posteriormente fue miembro del equipo español de tiro al plato en México 68 y regresó con un diploma olímpico. Su habilidad con el tiro le llevó a ser instructor de tiro del dictador Francisco Franco durante 12 años. Fue en esa época, participando en una cacería con el caudillo, cuando coincidió por primera vez con Juan Carlos, siempre según la versión que ha contado este empresario.

Proveniente de una familia acomodada de Sitges –él siempre la define como de clase media– se licenció en ingeniería electrónica para continuar con el negocio familiar, que fue creciendo y le llevó a participar en la iluminación de varios lugares emblemáticos de Barcelona como las fuentes de Montjuic, la catedral del Tibidabo y la iglesia de Santa María del Mar. Explican en su entorno que a los 65 vendió su empresa por una cuantiosa suma y se entregó a sus pasiones: la vela, la caza y los animales.

El valor de la discreción

A pesar de esta peculiar trayectoria, lo más valioso que tiene Cusí son las cosas que no cuenta. Sin apenas aparecer en los medios -solo hay publicadas unas pocas entrevistas con él, todas amables y sin entrar en asuntos delicados- este empresario catalán ha sido una de las personas de mayor confianza del rey emérito. Con línea directa y trato prácticamente diario, durante años el rey usó el nombre de Cusí cuando pedía cita en la Clínica Planas, un lujoso recinto hospitalario en el barrio de Pedralbes de Barcelona al que acudía periódicamente para hacer un tratamiento contra el envejecimiento.

Cusí se convirtió en el cicerone de Juan Carlos en Catalunya a partir de los 70, cuando el monarca empezó a venir cada semana a Barcelona donde entrenaba para las olimpiadas de Munich 72. El empresario catalán le presentó a sus médicos, a su peluquero, a su dentista y hasta a su sastre, que con el tiempo empezaron a ser también los de Juan Carlos. Les une, además, un gran parecido físico que ha llevado a algunos escoltas a confundirles en más de una ocasión.

“A diferencia de la mayoría, su relación con el rey no viene porque está bien conectado”, apunta un veterano empresario catalán que lo ha tratado con frecuencia. “Él está bien conectado porque es amigo del rey, que es distinto”. Cusí nunca pidió favores, por eso sobresalió en un grupo de cortesanos que en ocasiones se acercaban al monarca para acabar reclamando algo.

Cusí no solo nunca pidió, sino que fue muy generoso. Como armador, sufragó durante décadas el coste de la tripulación y de todos los barcos en los que navegó el monarca. También ejerció de coordinador a la hora de recoger fondos entre los empresarios españoles para los veleros de Juan Carlos. Así lo hizo en 2005, para pagar una nueva versión del Bribón, y en 2011, para restaurar el yate Fortuna.

También se ocupaba de seleccionar a la tripulación que navegaría a bordo del Bribón. Buscaba buenos marineros, pero también gente discreta que no generara problemas. Su exigencia a la hora de buscar personal era tan alta, que algunos tripulantes ni siquiera explicaban a sus familiares que salían al mar con el rey de España, según explica una persona que navegó con ambos en los 70. "Podía gastarse millones en una vela y después nos daba bocadillos para comer", recuerda con ironía este marinero que participó en las regatas cuando el deporte estaba menos profesionalizado.

Otro de los aspectos que le hicieron destacar entre las amistades del rey fue su sinceridad. “Yo no soy un correveydile, le digo las cosas tal como son”, explicó en una entrevista en Radio 4 en 2011. Su fidelidad llegó al punto que, cuando al rey le operaron del pulmón en 2010, Cusí también dejó de fumar puros para no darle envidia al monarca.

Quienes lo han tratado lo describen como un hombre simpático y afable, muy bien educado pero también con un fuerte carácter que le puede hacer perder los nervios. Como cuando en 1984 fue denunciado por un periodista de La Vanguardia, al que agredió frente a decenas de personas con dos puñetazos y varias patadas en el suelo por haber publicado el precio por el que había vendido uno de sus barcos.

Su relación con Franco

Durante doce años, Cusí se desplazó cada jueves al palacio del Pardo para comer con Francisco Franco. “Comíamos allí y después le daba clases de tiro al plato”, explicó en la entrevista en Radio 4. Cusí, al que le hicieron este encargo por sus buenos resultados como tirador en competiciones internacionales, confesó que al principio acudía temblando a sus encuentros con el caudillo. Con el tiempo acabaron estrechando su relación, le acompañó a varias cacerías y, al morir, Franco le dejó en herencia una de sus escopetas. “Fue un honor para mí recibir ese regalo”, confesó en la entrevista, una de las pocas en las que ha revelado algunas anécdotas de su vida.

Cusí explicaba que el dictador le tenía mucho cariño a Juan Carlos, un aprecio correspondido por el monarca incluso años después de su muerte. “Si en alguna cena alguien hablaba mal del caudillo, el rey siempre respondía que él estaba donde estaba gracias a Franco”, explicó en la mencionada entrevista, realizada en el programa Confidències. “Entonces todo el mundo se quedaba callado”.

Fue precisamente en una cacería con el dictador donde el empresario catalán conoció a Juan Carlos. La relación se estrecharía más adelante gracias a la vela y a las visitas del monarca a Barcelona. Unidos por el mar, la caza y los perros -tanto Cusí como Juan Carlos se han regalado entre ellos más de un cachorro- el empresario catalán es una de las pocas personas próximas al rey emérito que mantiene buena relación con el resto de la familia real. Tanto con la Reina Sofía -a la que conoció en las olimpiadas de Roma en el 60, antes incluso que Juan Carlos- como con las infantas. Especialmente con Cristina, a la que ayudó cuando se mudó a la capital catalana en 1992.

También aseguraba en 2011 tener un gran vínculo con el actual rey. “A Felipe le conocí cuando empezaba a caminar y tenemos una gran relación”, dijo en una entrevista. Unos años antes le había sufragado la mitad de un viaje de novios de casi medio millón de euros. La otra mitad la pagó su amigo del alma, Juan Carlos I, hoy alejado de la Casa Real e investigado por la Fiscalía del Tribunal Supremo.

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