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Los músicos catalanes solo logran validar sus estudios internacionales en Madrid: “No sé si es incompetencia o boicot”

Pablo, violinista graduado en una prestigiosa escuela de música de Londres

Mariona Jerez

Barcelona —
5 de febrero de 2026 22:32 h

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La homologación de los estudios musicales internacionales en Catalunya se ha convertido en una auténtica pesadilla para artistas de todas las edades, desde veteranos graduados en la prestigiosa Universidad de Viena hasta jóvenes músicos llegados de Ámsterdam, Londres o Boston. La mayoría de las veces el proceso, precedido de una espera larga y angustiosa, acaba en denegación. Pero existe un recurso que ha sacado de apuros a más de uno: irse a Madrid y, con una dirección temporal –o, a veces, incluso falsa–, tramitarlo con éxito a través del Ministerio de Educación. 

Es el caso de Pablo, un músico catalán –que prefiere mantener el anonimato– que mantuvo una disputa burocrática de más de tres años con la Administración catalana. La homologación de sus estudios superiores de música, que había cursado en la Guildhall School of Music de Londres, una de las más reconocidas de Europa, le fue denegada por el Departamento de Educación de la Generalitat. Su expediente se cerró a finales de 2025. 

Pero después de años de frustración y espera, decidió probar en Madrid, como muchos otros músicos catalanes antes que él. Asegura que en la capital tardaron 10 días en darle respuesta y que la resolución fue positiva. “La ley no es igual en Catalunya que en España”, afirma. “No sé cómo entiende la ley la Generalitat, pero se están equivocando y están causando un agravio comparativo muy grande”.

Desde el Sindicat de Músics Activistes de Catalunya (SMAC!) alertan que la Generalitat deniega sistemáticamente homologaciones que los artistas luego consiguen tramitar en otras comunidades autónomas. Y añaden que esto ha provocado un éxodo de músicos, sobre todo hacia Madrid, en busca de un sello sin el que, por ejemplo, no se puede acceder a la docencia en escuelas de música públicas. Las competencias en este tipo de validaciones están transferidas en Catalunya, País Vasco y Galicia, pero los requisitos deberían ser los mismos porque los fija el Ministerio de Educación. 

Cuando en 2022 Pablo empezó su odisea de la homologación, presentó los papeles requeridos con sus respectivas traducciones, que le costaron unos 2.600 euros. A mitades de 2024, recibió la primera notificación que le pedía que aportara aún más documentos. Un año después, relata, ya en 2025, la Generalitat encargó un informe de equivalencia de sus estudios con los de la Escola Superior de Música de Catalunya (ESMUC). Y nueve días después, le notificaron que no los consideraban equivalentes y que se daba por rechazada su solicitud.

Este músico quiso luchar hasta el final y presentó alegaciones. Entre ellas argumentaba que una compañera de estudios de Valencia, que había cursado también su superior de música en la Guildhall School of Music de Londres, había obtenido la homologación en su comunidad autónoma. También presentó un documento de la misma ESMUC, cuyo plan de estudios es el que se usa para adjudicar las homologaciones en Catalunya, donde la institución asegura que la titulación de Pablo tiene “una clara correspondencia” con su Grado de Interpretación. Y que ambas son titulaciones que se corresponden con el nivel 2 del Marco Español de Calificaciones para la Educación Superior (MECES). A pesar de ello, el 'no' de la Generalitat lo empujó finalmente a irse a Madrid. 

“Lo único que quedaba era acudir a la vía judicial y teníamos todas las de perder”, asegura. “Los catalanes nos tenemos que saltar la ley, hacer la picaresca, para poder tramitar la homologación y tener el mismo reconocimiento que los que se han sacado el superior en este país”, asegura, sobre los ejemplos de músicos que optan por empadronarse en Madrid para hacer el trámite, sin vivir en la ciudad.

Madrid: el único camino 

Cristina Miguel es una de las más conocidas dentro del ecosistema musical catalán por sus trabas en la homologación. Dentro del sindicato SMAC!, todos los recién graduados que han cursado sus enseñanzas en el extranjero recurren a ella para saber qué hacer para obtener la codiciada homologación. Aunque desde el sindicato la respuesta es clara: “Ir a Madrid y hacer el trámite de nuevo como si residieras allí”. 

Esta fórmula, que implica ir a vivir a Madrid temporalmente o, incluso, poner una dirección falsa de la capital española para que tramiten el expediente, ha creado un “éxodo” de músicos, afirman en el SMAC!. “Es imposible ahora mismo y desde hace unos años homologar el título de estudios extranjeros no universitarios en Catalunya”, afirma Miguel. 

El caso de esta artista fue uno de los que abrió las puertas a esta última vía. Ella estudió su Grado Superior de Música en el prestigioso Conservatorio de Ámsterdam con especialidad de saxo jazz. A la vuelta chocó con meses de incertidumbre en los que asegura que la Administración catalana no sabía como proceder con su titulación. “Quería homologar un título universitario, pero aquí no es considerado universitario”, explica Miguel. Cuando le pidieron que presentara más documentos, cuyas traducciones tenían costes astronómicos, acudió a una abogada que le recomendó ir a Madrid. 

“Se empezó a hacer bola”, explica esta música. “Lloré muchísimo y tuve mucha ansiedad y desilusión”. Antes de irse al extranjero, su entorno y sus profesores le aseguraron que el prestigio del Conservatorio de Ámsterdam le abriría las puertas al regresar, pero, cuando llegó el momento, acabó teniendo que buscar trabajos alternativos como hacer de camarera o bolos temporales. “No solo fue difícil acabar la carrera allí con la dificultad, la presión y el idioma, sino que al volver no podía trabajar ni dando clases y me tuve que construir una red desde cero para que se me conociera como música”. 

Consiguió su ansiada homologación yendo a Madrid, donde solo tardó un mes en tener respuesta del Ministerio, pero ya no se atrevió a hacer el mismo proceso con su máster de la universidad austriaca de Graz.

Asegura que por culpa del primer proceso de homologación en Catalunya acabó con depresión, y que prefirió estudiar un segundo máster en España, pero no en artes, sino para ser profesora de secundaria. “Con 28 años no tenía casi nada cotizado”, se lamenta. “Ahora he cotizado algo porque me he puesto a trabajar en escuelas de secundaria o en escuelas privadas de música, añade.

Tobias Gossman tampoco logró la homologación de su título en la Universidad de Viena

Miguel no es la única. Víctor Oller, también miembro de SMAC!, denuncia que mientras no se obtiene la homologación, las opciones laborales para los músicos son escasas. “No puedes presentarte en bolsas municipales ni en ciertas escuelas privadas autorizadas por el Departamento de Educación”, explica Oller. Además, añade que compañeros suyos tampoco han podido entrar en ciertas orquestras o en formaciones musicales por este motivo.  

Una competencia de la Generalitat 

Desde 2008, las homologaciones de títulos no universitarios son competencia de la Generalitat. Aún así, le corresponde al Gobierno central regular las condiciones en las que se producen las homologaciones de los títulos extranjeros de enseñanzas artísticas, lo que significa que todas las solicitudes deberían cumplir los mismos requisitos sin importar si son expedientes de Madrid o de Barcelona. 

Sin embargo, esto a menudo no es así. Solo el sindicato SMAC! cuantifica en más de una decena aquellos que en una misma situación, han conseguido la equivalencia en la Comunidad de Madrid tras ver cómo se la rechazaban en Catalunya.

Desde la Generalitat niegan que haya una negativa a homologar las titulaciones superiores de música. Aseguran que es un trámite administrativo como cualquier otro y que, al ser un estudio no universitario, sigue el mismo proceso que las homologaciones de otros estudios como la primaria, la ESO o el bachillerato, lo que a su vez causa una saturación en el sistema. Afirman ser conscientes del problema de la tardanza y la falta de personal y por ello tienen una bolsa de docentes que en su tiempo libre pueden ayudar a los procesos de homologación.

Fuentes del Departamento de Educación también confirman que el plan de estudios de la formación musical reglada debería ser igual en todo el estado, ya que así lo dispone el Gobierno central por Real Decreto. Pero reconocen que no han encontrado una respuesta general a por qué hay músicos que siendo denegados en Catalunya son homologados en Madrid. Esas mismas fuentes añaden que cada caso es diferente y debería ser investigado por separado.

Con antigüedad y prestigio

Aunque las dificultades para homologar siempre ha existido, hasta hace relativamente poco los músicos con titulaciones extranjeras podían enseñar en escuelas de música públicas autorizadas por la Generalitat sin problemas. Pero todo esto cambió a raíz del Decreto de las Escuelas de música y danza que el Govern aprobó en 2021. Desde entonces, solo un porcentaje reducido de las horas pueden ser impartidas por profesorado sin titulación superior de música o una equivalente. Y al mismo tiempo los centros empezaron a requerir al profesorado la homologación para poder asegurar su plaza. 

Fue el caso de Fernando –también con condición de nombre falso–, que fue profesor en el Conservatorio de Girona durante 16 años. Cuando le llegó la oportunidad de consolidar su plaza, le dijeron que su carrera profesional y el diploma traducido no eran suficientes, que necesitaba homologar su título. 

“El requisito era el diploma superior, mi diploma más alto era un máser del Royal College of Music de Londres”, explica. “Eran estudios de una de las mejores escuelas del mundo y me dijeron que no tenían equiparación directa en España”. Como todos los testimonios, relata un calvario en el que las Administraciones le fueron enviando de un lugar a otro. Finalmente, explica, no pudo homologarlo y tuvo que irse a trabajar a otro país. 

“Se volvió a abrir la plaza del conservatorio y no me pude ni presentar. Tuve que dejar mi trabajo y estuve dos años en el paro”, recuerda este músico ya veterano, que esperaba poder acabar su carrera y jubilarse en Catalunya. 

Tobias Gossmann, violinista y director de orquesta alemán con una larga trayectoria internacional, tuvo más suerte. Ya fuera por su antigüedad de dos décadas o por su impecable carrera profesional, la escuela municipal Pere Burés de Rubí, donde trabaja, luchó por guardar su plaza dentro de lo que la ley permite. Aun así, también intentó aportar homologaciones tanto de sus estudios universitarios de la escuela de Viena como de los anteriores. “He sido profesor de la ESMUC y concertino asociado de la Orquesta Sinfónica del Gran Teatro del Liceo de Barcelona. Hasta ahora no me habían pedido nunca la homologación”, explica. 

Para Gossmann, el trámite duró años y fue también fallido. Presentó los documentos, recibió respuesta un año y medio después en la que le pedían más papeles, y a los dos años le notificaron que se la denegaban porque no había aportado la documentación a tiempo. Él recurrió, pero no recibió respuesta, sino una nueva denegación. Volvió a recurrir, pero acabaron cerrando el expediente.

“No se si es incompetencia total, falta de voluntad o una especie de boicot”, afirma Gossmann. “Yo tengo contrato fijo y ya no me puede pasar nada porque he hecho mi carrera musical y sigo activo en Europa y el resto del mundo, pero para los músicos jóvenes, que están al principio de su carrera es muy injusto”.

Así fue para L., una música que con 25 años se fue en busca de una educación mejor en Boston, en la prestigiosa Universidad de Berkley, con ayuda de una beca de la misma AULA de Música Moderna y Jazz del Liceo. Hace ya 13 años que terminó aquellos estudios, pero espera una homologación que no llega y su vida se ha visto condicionada por ello. “Tengo 42 años, a los 40 pasé una depresión porque no conseguía tirar mi vida hacia adelante”, explica L. 

En la administración catalana asegura que cada vez le hacían presentar más papeles y nuevas copias de documentos que ya había aportado. Durante la pandemia le informaron que habían perdido los papeles de su expediente. “Me enfadé mucho y decidí que iría directamente a Madrid”, recuerda L. Allí asegura que la atención fue totalmente distinta y le dijeron qué cursos y documentos le faltaban para poder hacer el trámite. Ahora, mientras da clases de inglés en una academia, sigue a la espera del resultado en Madrid. 

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