Mucho más que “porno de hadas”: el 'romantasy' arrasa entre las lectoras y reclama su sitio en el género fantástico
“Avisamos de que van a salir las entradas y a lo mejor en dos minutos se agotan”, explica Jess, una de las organizadoras de Saturno, el club de lectura del género romantasy de la librería Gigamesh, en Barcelona. El grupo suma más de 140 integrantes, pero en la sala donde se reúnen no caben todos, con lo que abren unas plazas que vuelan enseguida.
En este club solo leen romantasy (fantasía romántica, en inglés), un género literario que durante el último lustro ha conquistado Booktok –los usuarios de Tiktok aficionados a la lectura– y, en consecuencia, a cientos de miles de lectores. Fuera de las redes sociales, los números de ventas avalan el éxito. Una de sus escritoras insignia, Sarah J. Maas, autora de la saga ‘Una Corte de Rosas y Espinas’ (Planeta, 2016) ya ha vendido más de 75 millones de copias de sus libros en 40 idiomas distintos.
Este fenómeno, que combina la novela romántica con la fantástica, ha sido la principal temática de festivales literarios recientes de Barcelona como el Crush Fest, el pasado marzo, o el Witch Market, hace apenas unos días, en noviembre. En la capital catalana acaba de abrir además la primera librería especializada, A Romance Court, en el barrio de Gràcia. El proyecto empezó como una comunidad de lectoras que se encontraban en cafeterías para hablar de sus libros favoritos, organizaban viajes a bailes temáticos e iban juntas a conciertos de música.
Micaela, la propietaria, decidió abrir la librería porque quería un lugar donde encontrarse con el grupo de forma más constante. “Somos una comunidad y eso nos interesa más que vender libros”, afirma. Aun así, se vio sorprendida por la cantidad de gente que durante las primeras semanas se acercó a comprar libros. “¡Ya tenemos las estanterías vacías!”, aseguraba a este diario la propietaria.
El romantasy es famoso sobre todo entre mujeres mayores de 18 años y suele contener escenas eróticas, temas maduros o tramas complejas que lo diferencian de la novela juvenil. Este género suele usar tramas típicas del fanfiction –historias que los fans escriben en internet sobre sus personajes ficticios favoritos– como “enemies to lovers” (de enemigos a amantes), “amor prohibido” o “almas gemelas”.
En numerosas ocasiones, la protagonista es una mujer joven que es expuesta a un mundo fantástico donde conoce un personaje masculino poderoso y atractivo, que puede ser desde un hada o un hombre-murciélago como en los libros de Sarah J Maas, o un jinete de dragones como en la famosa saga Alas de Sangre de Rebecca Yarros.
M.A. Kuzniar, escritora de El bosque de corazones (Urano, 2025), entre otras novelas de romantasy que fueron Best Seller del diario The Sunday Times, describía en su visita a Barcelona este género. “En vez de que el argumento sea el que dirige la historia, es el romance el que está en el corazón de la acción”.
A pesar de las críticas que recibe el romantasy por la abundancia de escenas eróticas o de sexo —por lo que algunos lo llaman “porno de hadas”—, la autora asegura que “lo más importante es el romance, la tensión entre los personajes, la seducción o el anhelo”. “No siempre tiene que haber escenas explícitas”, puntualiza. Y añade que esas críticas suelen buscar ridiculizar todo aquello que les gusta a las mujeres, especialmente si son jóvenes, el perfil que conforma la mayor parte de lectoras.
Escritoras de Romantasy: de Booktok a las estanterías
Editoriales alrededor del mundo se han sumado a la tendencia marcada por BookTok y han creado en los últimos años sellos especializados como Inlov, de la editorial Alma, o Puck, de Urano. También han despegado las ediciones especiales que se convierten en objetos de coleccionismo entre las lectoras.
“Booktok ha cambiado totalmente el panorama de cómo se venden libros y cómo se consumen”, explica Marina Mena, editora ejecutiva de Puck y Sombras del Grupo Urano. El romantasy, explica, llegó a su punto álgido en 2022, tras la pandemia, con escritoras estadounidenses como Maas o Jennifer L. Armentrout, también viralizadas en TikTok. Desde entonces se mantiene en buenas cifras.
Aun así, en la editorial aseguran que premian la calidad por encima de la viralidad. “No nos pegamos solo a las tendencias de Booktok, pero a nivel de venta de derechos internacionales, sobre todo si vienen de Estados Unidos, si un libro ha sido popular en allí te garantizas que en España se esté esperando”, añade Mena.
La etiqueta Romantasy: oportunidad y segregación
El romantasy ha evolucionado de lo que anteriormente se conocía como novela juvenil o para joven adulto. Autoras consolidadas como Laura Gallego, que marcó generaciones de jóvenes con sus historias de fantasía, ahora se podrían considerar romantasy según algunas fans.
La principal diferencia entre géneros es que en el paraguas más amplio del romantasy se permite a las escritoras dirigirse a públicos adultos y no censurarse o simplificar sus historias para acomodar a lectores adolescentes. En muchos casos estas autoras fueron inicialmente rechazadas por editoriales que les pedían adaptarse a la literatura juvenil para publicar, pero encontraron su camino a través de la autopublicación, que después con el impulso de Booktok les permitió abrirse las puertas a la publicación tradicional.
“El romantasy da un espacio a todas aquellas autoras que necesitan una vía ya que no las van a encasillar en fantasía porque allí van los señores blancos”, explicaba indignada Meri, de 28 años, lectora de romantasy. “Si está escrito por una mujer, no se va a decir que sea alta fantasía”, afirmaba durante su participación en el Witch Market.
Fue el caso de M.A.Kuzniar, a quien ha entrevistado elDiario.es. Su pasión siempre fue escribir fantasía para un público adulto, pero debido a la dificultad por vender sus escritos en el mercado literario, decidió empezar su carrera con la literatura infantil.
“Hay esta gran cosa de llamar a las autoras mujeres que escriben fantasía como escritoras de juvenil o de romance aunque escriban fantasía muy intensa para adultos”, denunciaba Kuzniar. “Se suele trivializar o minimizar”, insiste, y tercia: “A menudo se etiquetan mal los libros porque están escritos por mujeres”.
“Hay prejuicios en torno a la literatura que escriben las mujeres”, abunda Marina Mena, que es editora de Kuzniar en España. “En el momento en que entra el componente romance, que es una parte de la vida y muy importante, sí que se establece un prejuicio respeto al género fantástico”. Añade además que siempre se ha calificado la literatura escrita por mujeres como la otredad y aunque haya hombres con escenas románticas en sus novelas de fantasía, “a ellos se los cataloga como fantasía única y exclusivamente, y lo que escriben mujeres se cataloga como romantasy incluso cuando no lo es”.
Una de las lectoras que atendió al Witch Market también lo corroboraba, y argumentaba que “siempre se ha tenido que construir un marco aparte de la literatura de perspectiva de género”. Y a su vez, añadía: “Las editoriales lo utilizan a su favor para vender, lo han marquetinizado”.
Esta aficionada, que posee un grado en Lengua y Literatura Española, denuncia que faltan voces críticas que se atrevan a llamar la atención cuando se usa la etiqueta de romantasy erróneamente. “Por la cultura consumista y capitalista, las editoriales buscan vender por encima de hacer buenos libros y no se van a molestar en colocar a sus autoras en los lugares donde realmente deberían estar”, afirma.
Grupos de mujeres más allá de los libros
“Somos un club de lectura y también un club social”, explica Bea, una de las asistentes del Saturno Romantasy Club de la librería Gigamesh de Barcelona. “El romantasy es muy tolerante con los otros géneros y hay gente que lee todo tipo de libros, también terror, thriller o fantasía épica”.
En Saturno, que ya reúne más de un centenar de personas, leen un libro cada mes, algunas veces incluso a petición de editoriales que piden su opinión. A través de su grupo de telegram también organizan fiestas temáticas, quedan para hacer talleres o van a mercadillos de manualidades juntas. También deciden las lecturas de forma libre, atendiendo a la voluntad de todas las participantes y a sus propuestas. “La lectura es importante, pero creo que ahí se ha creado un espacio muy bonito”, afirma Jess, una de las co-creadoras del club y no es la única que ve en el Romantasy una oportunidad para crear comunidad.
La librería A Romance Court, que se encuentra en el barrio de Gràcia en Barcelona, abrió sus puertas el pasado 14 de noviembre. El proyecto empezó como una comunidad de lectoras que se encontraban en cafeterías para hablar de sus libros favoritos, organizaban viajes a bailes temáticos e iban juntas a conciertos de música. Durante dos años siguió así hasta que Micaela, la propietaria, decidió abrir su librería porque quería un lugar donde encontrarse con el grupo de forma más constante. Asegura que son una librería de romance pero que, por encima de todo “somos una comunidad y eso nos interesa más que vender libros”.
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