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CATALUNYA

Barcelona, camino hacia el provincianismo

Imagen del Primavera Sound

Una pequeña y muy significativa revolución alteró mi horizonte adolescente al ingresar en la Universidad. Estudié Humanidades, una de esas carreras que no tienen salida, topicazo aplicable a cualquier estudio, pero vaya, eso no es lo importante. Me sorprendí al leer un programa donde se estudiaba Historia de la China antigua y en cambio se ignoraba el pasado grecorromano hasta llegar a la especialización del segundo ciclo. La respuesta al misterio radicaba en que la decana creía imprescindible que los nuevos jóvenes catalanes conocieran cómo se había formado el gigante asiático porque así, sabias palabras, entenderían el presente y podrían caminar con seguridad por el futuro.

En esa advertencia había cierta verdad que los hechos han desmentido. Los chinos que viven en Barcelona, con sus bares de patatas bravas y cubatas baratos, son los que mantienen la tradición, mientras que muchos comerciantes barceloneses, guiados por el falso espíritu moderno de la ciudad, han preferido anular cualquier folklore castizo de sus locales para uniformizar un gusto y lograr que cada establecimiento sea otro más del gran rebaño donde captar siete diferencias es casi un imposible y la conservación del patrimonio popular una quimera casi absoluta.

Este mercado común del ocio, donde músicas y modas se hermanan en una sola melodía, afecta sobre todo a mi generación, víctima brutal de un modelo global que en Barcelona se impone con más agresividad. El presente ha de ser absoluto a partir de un ritmo veloz que anule lo anterior, como si sólo existiera el momento actual y lo demás fuera un espejismo, una mala reliquia del pensamiento.

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Hacerse autónomo: una elección de riesgo

La mitad de los autónomos se dieron de baja a los seis meses en 2013. Con esta impactante noticia nos despertamos hace unos días en un país que parece vivir ajeno a los problemas reales de la ciudadanía. Y es que, aunque pocas veces se diga, el colectivo de personas autónomas es uno de los más vulnerables en el mercado laboral actual. Podemos desgranar muchos de los factores que contribuyen a su precariedad tales como la elevada tarifa mensual, la tardanza en cobrar sus facturas cuando efectúan trabajos para las administraciones públicas, el pago adelantado del IVA, la dificultad de acceder a créditos, su poca presencia en internet y las plataformas mediáticas… pero todo ello por sí mismo no explica el alto indice de fracaso de estas iniciativas personales. Para lograr una foto completa debemos ir un poco más atrás, a la raíz de la situación.

Y el origen se halla en la grave crisis económica que ha expulsado a mucha gente del mercado laboral, especialmente a jóvenes y personas mayores de 45 años. Los despidos y la dificultad de encontrar un empleo estable remunerado son, pues, la causa principal del crecimiento de los autónomos. Paralelamente, las continuas invitaciones a hacerse emprendedor -a veces incluso diría que rozando la irresponsabilidad- por parte de actores políticos y económicos, como si emprender fuera la panacea de todos los males. De hecho, cuando se celebran las cifras de emprendimiento anual, pocas veces se tiene en cuenta que la gran mayoría no responden a la creación de empresas sino a personas que se dan de alta como autónomas y que, además, no contratan a ninguna persona trabajadora (el 75% no contrata a nadie en plantilla, según datos de la Confederación de Autónomos de Catalunya).

Es decir, bajo el glamuroso epígrafe de personas emprendedoras estamos ubicando a todas aquellas que, en realidad, escogen esta opción para tratar de autoemplearse desde una posición muy precaria, al no encontrar otro modo de ganarse la vida y sin haber analizado suficientemente los pros y contras de esta elección. Como muchas de ellas han capitalizado, además, la prestación por desempleo, para poder iniciar su negocio, cuando se dan de baja a los pocos meses debido a una situación insostenible, se encuentran con que no tienen ningún ingreso para hacer frente a los gastos cotidianos.

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El gran fraude

¿Recordáis esta frase? El sistema financiero español es "el más sólido del mundo". Fue pronunciada por el presidente del Gobierno español, Rodríguez Zapatero, en septiembre de 2008. Seis años después las diez cajas catalanas han desaparecido.

Las conclusiones de la comisión de investigación aprobadas por el Parlamento responden a un vergonzante acuerdo entre CiU y ERC. Sólo se explica qué ha pasado, pero no por qué ha pasado y cuáles son todas las responsabilidades. Y en el caso de algunas cajas, como Penedès y Caixa Girona, con implicaciones de exdirigentes de CiU en esta caja, ni siquiera se explica todo lo que ha pasado.

La crisis financiera española no es consecuencia de un accidente imprevisto, de una tormenta financiera iniciada en los EEUU, como dijo Narcís Serra en la comisión. La desaparición de las cajas es consecuencia de un fraude. El economista norteamericano John Kenneth Galbraith decía que la economía capitalista actual se basa en un fraude, se difunde una versión de la realidad de acuerdo con las presiones pecuniarias y los intereses de la élite directiva de las grandes corporaciones. Este contraste entre relato oficial y realidad es la base del fraude en el sistema económico.

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Anticiparse al cambio: Las X Jornadas de la UPEC

Llegamos a los diez años de existencia de la UPEC que reúne a la totalidad de las izquierdas políticas, sindicales y asociativas catalanas. Desde el PSC hasta la CUP. Este si que es un buen hecho diferencial! El conjunto de las izquierdas, en vez de pelearse, es capaz de organizar unos debates muy plurales sobre todos aquellos aspectos que merecen una reflexión y más ahora, cuando se necesitan nuevas ideas.

Ha costado mucho que la ciudadanía reaccione, habían pasado quizás demasiado años anestesiados en el consumismo. Y de repente todo un mundo de promesas imposibles se derrumbó. ¿Recuerdan lo de que se habían acabado los ciclos económicos? ¿Que los monetaristas ultraliberales sabían controlar la economía de manera que hubiera un crecimiento ilimitado e infinito? ¿Que si dabas mucho dinero a los ricos estos acababan filtrando todos? ¡Tonterías!

Ahora estamos asistiendo a unos momentos de encrucijada, en muchos ámbitos. Todo se acelera. Sólo hay que ver cómo han corrido por la abdicación del rey y los enredos que se hacen en la improvisación constante para su aforamiento. ¿De qué lo protegen? Cuanto más corren más sospechoso es todo.  

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El mundo no se acaba el 9 de noviembre

Hay vida más allá del 9 de noviembre. Haya consulta o no la haya. Se haga con la desacertada doble pregunta perpetrada por el presidente de la Generalitat o con una de más sencilla y menos tramposa. Ganen los independentistas o los no independentistas. Sea más o menos clara la victoria de unos u otros.

Pase lo que pase, habrá un 10 de noviembre. Y habrá que gestionarlo. Desde la calle y desde la política. Los niños continuarán naciendo y los ancianos, muriendo. El sol saldrá por la mañana y la luna llegará puntual a su cita nocturna. Continuará habiendo gente rica, gente pobre, gente que lucha contra las desigualdades sociales y gente que hace todo lo posible para que nada cambie.

Este 10 de noviembre, lunes, habrá gente que irá a trabajar encantada, gente que irá a trabajar a disgustos o por un sueldo que no la sacará de la pobreza y centenares de miles de catalanes que no podrán hacerlo porque estarán en el paro.

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Ganar Barcelona: un reto a la altura de las posibilidades

Acto de presentación de Guanyem Barcelona / EDU BAYER

Guanyem Igualada, Guanyem Mollet, Guanyem Hospitalet, Guanyem Terrassa y hasta Guanyem Madrid. Apenas unas horas después de que se hiciese pública la iniciativa de Barcelona, nuevos perfiles de Twitter y Facebook como estos eran reservados y hasta compartían espontáneamente un mismo logo.

Las expectativas que ha generado esta propuesta no sólo tienen que ver con el perfil público y la credibilidad de Ada Colau. Están relacionadas con que Guanyem Barcelona se identifica como la primera apuesta de movimiento post 15M para las elecciones municipales. Un intento virtuoso de encajar lo mejor que dio cuerpo a la toma de las plazas: activistas que dejan atrás identidades resistencialistas, gente sin militancia previa movilizada recientemente por los impactos de la crisis y personas de las bases de partidos que piensan que las cosas pueden hacerse de otra manera. Todos trabajando juntos con un objetivo común: ganar una ciudad para la revolución democrática, detener la creciente brecha que divide Barcelona entre barrios ricos y pobres y el sufrimiento cotidiano que esto implica para una gran parte de las personas que la habitan.

Si se ha de ganar, la apuesta necesariamente tiene que ser de mayorías. Sólo se puede construir hegemonía componiéndose en la diversidad, lo que tiene que verse no como una debilidad, sino como una fortaleza, pero que ciertamente te pone en el punto de mira de la ortodoxia militante. Esta diversidad -verdadero experimento irrenunciable- pone en aprietos a las personas acostumbradas a una política de minorías, de objetivos maximalistas. Es más fácil entenderte entre iguales, te pone en menos en juego, duermes más tranquilo. Pero parece que esa fase terminó para nosotros. La oportunidad obliga a ir en otra dirección, donde por momentos hay más preguntas que respuestas pero también, una especie de fe absoluta en que no se pueden alcanzar grandes cosas sin arriesgarse al mismo nivel.

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El centenario de la Primera Guerra Mundial, visto hoy

El 28 de junio de 1914, ahora se cumplen cien años, un joven nacionalista serbio mató a tiros en un atentado en Sarajevo al archiduque heredero del imperio austrohúngaro. Este atacó a Serbia al mismo tiempo que reclamaba el apoyo de los aliados alemanes frente a la entente entre Rusia, Francia e Inglaterra. El 1 de agosto Alemania declaró las hostilidades a Rusia y las demás piezas cayeron solas. Desde el final de las invasiones napoleónicas, Europa vivía el período más largo de su historia sin guerra. Coincidía con el clima de progreso creado por los avances técnicos de la revolución industrial. Los nacionalismos resurgieron como una fiebre de odio entre pueblos vecinos, empujados por la maquinaria de los ejércitos y la industria que los nutría.

Los estrategas pensaron que se trataría de una guerra de pocos meses, como la franco-prusiana de 1870. Aquella guerra anterior aun se desarrolló a campo abierto, lejos de París y Berlín, con el armamento clásico. No se deban cuenta o no querían darse de la vorágine de innovaciones técnicas que transformaría el “modo de producción” de la guerra, de la hecatombe de 9 millones de soldados muertos y la misma cifra de civiles. La mitad de las víctimas mortales de la Primera Guerra Mundial fueron civiles. En la Segunda Guerra Mundial, los Civiles ascendieron a dos tercios del balance aterrador de 50 millones de muertos. Las dos guerras europeas anteriores de Crimea en 1854-56 y la franco-prusiana de 1870-71, “solo” costaron 400.000 y 185.000 muertos, respectivamente.

La Primera Guerra Mundial alteró con enorme brutalidad la idea de progreso que hasta entonces dominaba en los países occidentales y los traumatismos abonaron el terreno de la siguiente guerra mundial inmediata, con ferocidad renovada apenas veintidós años después, inducida una vez más por el poder central de Alemania.

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Las distancias y los olvidos

Mesa de distancias en el parque de la Ciutadella

Creo que cualquier persona que quiera conocer un poco su ciudad de residencia debe cumplir dos premisas básicas: caminar lentamente y mirar hacia arriba. La primera, clave en la columna que hoy inauguro, sirve para reflexionar y observar lo que nos rodea sin la actual imposición de la prisa, que todo cubre y nubla. La segunda se relaciona con la anterior porque las alturas siempre nos reservan sorpresas que solemos ignorar por vagancia y unidireccionalidad, algo que en Barcelona es muy frecuente desde que el poder decidió intentar un parque temático donde las siglas crean marca y tiran el deber de trabajar para la ciudadanía a la basura.

Esta feria no es nada hipócrita, trabaja a la luz del día y muestra a las claras que su intención es la de convertir el espacio en un gran reclamo centrado en un doble discurso que empequeñece lo demás. Messi y Gaudí campan a sus anchas en un mapa donde el centro se ha convertido en un desbarajuste intransitable para quien desarrolla su día a día en la capital catalana. Los barceloneses se quejan de la imposibilidad de La Rambla y ríen, por no llorar, ante el escaparatismo del Paseo de Gràcia, noble en su prohibición, útil para ingresar dinero porque así lo quieren chinos y rusos.

Basta. Podríamos llenar mil páginas y nunca terminaríamos con la crítica coherente. Hay mil modos de hacerla. El mío, porque soy un paseante que capto detalles desde mi anonimato, es buscar la minucia significante, el resumen que con poco transmite mucho. Por eso esta vez nos iremos al Parque de la Ciutadella para constatar la debacle de un patrimonio maltratado porque poco o nada interesa.

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Ganar la electricidad en Barcelona

La Alianza Contra la Pobreza Energética ocupa una oficina de Endesa / ROBERT BONET

El sistema eléctrico de Barcelona reposa básicamente en manos de un monopolio lucrativo transnacional, Endesa (antigua Fecsa), que en 2013 presentó beneficios netos por valor de 1.879 millones de euros. Los vecinos a los que se les corta la luz por no poder pagarla (pobreza energética) en barrios como el de Ciutat Meridiana son salvados por un muy reciente fondo público del Ayuntamiento de Barcelona dotado con 500.000 € y no por Endesa, que avisa al Ayuntamiento cada vez que alguien no paga su micro-deuda con la compañía. ¿No debería ser la empresa quien tuviera que asumir los impagos como pasivos del negocio? Se desconoce el número de cortes en la ciudad por no existir aún normativa.

Por otra parte Endesa (para quienes trabajan notables espabilados como el ex-presidente Aznar por entre 300 y 400 mil euros anuales, o los vicepresidentes Solbes y Salgado, entre otros miembros de la casta) y el resto de compañías del llamado Oligopolio, han convenido con el PP (y la abstención de CiU) el desguace de las energías renovables para salvar sus intereses fósiles, nucleares y megahidroeléctricos. Lo han hecho principalmente por medio de la retirada de las primas a las renovables –y en cambio no a las energías sucias como el gas– y por medio de la inminente imposición de peajes para instalarse en casa o en el trabajo micro-centrales de generación eléctrica (por ejemplo, paneles solares en las cubiertas de los tejados y balcones).

Endesa y el PP imponen en Barcelona la electricidad sucia procedente principalmente de las centrales nucleares de Tarragona, y las centrales de ciclo combinado (gas) de las cercanías. Suministro eléctrico centralizado para poder controlar el negocio cautivo del suministro a los barceloneses y resto de habitantes del país, justo en tiempos en que podría impulsarse la instalación distribuida masiva de paneles en las cubiertas de los tejados de pisos, casas, escuelas e industrias, evitando electrones sucios y parásitos empresariales. Con una transición de este tipo –en Catalunya lo llamamos "relocalización energética"– la autonomía y ahorro de las familias, comercios, hospitales, fábricas aumentaría, y podrían nacer (como ya está sucediendo en Alemania), iniciativas comunitarias y/o pequeñas de generación, ahorro y consumo de energía, incluso de distribución. Eso sí que sería ser una ciudad "smart"Además, la ciudad se adaptaría significativamente los límites planetarios que nos imponen climáticamente un cambio de modelo energético, y los barceloneses/as cortaríamos con una parte del acaparamiento energético que la ciudad provoca sobre las poblaciones situadas en las minas de hidrocarburos y uranio, como el Delta del Níger, con Argelia, Qatar y Egipto, principal origen del gas que consumen los hogares en Barcelona.

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El soufflé real baja y la vergüenza sube

Ahora que el suflé de la coronación empieza a bajar quedan bien a la vista las carencias democráticas de toda la operación. En primer lugar, ha dado incluso vergüenza la adoración / adulación a los nuevos / viejos reyes por parte de casi toda la clase política de los partidos tradicionales. Casi han resbalado sobre la propia baba. Y no era necesario. Más monárquicos que el rey, pues. Nada de contención en las alabanzas, como si no hiciera cuatro días que se ha ido sabiendo el papel real que tuvo Juan Carlos en el golpe de Estado de 1981, el dinero de Suiza que le dejó su padre, el conde de Barcelona y que no ha salido a la luz hasta hace poco, y por supuesto los escándalos diversos que presiden la institución monárquica en la actualidad. Ante un viento algo contrario, no mucho, en forma de reclamación ciudadana sobre la necesidad de hablar un poco de todo, se encogen, se apoyan unos a otros y cierran las filas. Así, por ejemplo, hacen el ridículo con la represión de las formas de manifestación del sentimiento republicano. Si abundo en el comentario es para decir con aburrimiento que este celo en perseguir banderas tricolores no sólo ha sido estúpido sino abiertamente ilegal y cuestionable.

En cuanto a los comentarios satisfechos sobre la nueva monarquía, desde el punto de vista catalán, debemos decir que estaba en la línea de lo esperado que el nuevo rey no dijera en su discurso de coronación ni una palabra que abriera un punto a la esperanza de nada. Ni siquiera en cuanto a cuestiones simplemente simbólicas: Plurinacionalidad, etc. ¿Qué os esperabais? Es el rey de España, señoras y señores. Y si lo hubiera hecho, ¿qué? Su padre juró los Principios Fundamentales del Movimiento y luego los traicionó. Es curioso que Felipe VI no haya osado romper ni un poco con lo que se esperaba. Desde el primer momento se dijo que reinaría con el nombre de Felipe VI. Continúa, pues, con la costumbre de denominar a los reyes según la cuenta de Castilla. Aquí tenía una oportunidad de oro para cuestionar este dominio simbólico de la España castellana y dar una señal de verdad de respeto y de nuevas formas. Además, dependía totalmente de él. No habría sido ningún escándalo y nunca el Gobierno se habría atrevido a impedírselo. Así, nacido Felipe Juan Pablo Alfonso de Todos los Santos de Borbón y Grecia, pudo hacerse llamar Felipe Juan I. No lo ha hecho. Y no se puede decir que no haya pensado en ello. Uno de los cambios que ha realizado en el despacho real ha sido sustituir el cuadro de Felipe V que tenía su padre por un de Carlos III. Alguien debe haberle comentado que, tal y como van los tiempos, verlo sentado delante del anterior Felipe no ayudaría mucho.

Y finalmente dejadme decir algo que me escuece más que nada: Se han hartado hasta el empalago diciendo que en España "el rey reina, pero no gobierna". Però nos hemos tenido que tragar la visión de Juan Carlos I elevando a su hijo a la categoría militar de capitán general. También previsible y previsto, pero no por ello menos inaudito. Ningún Rey de ninguna parte es capitán general del ejército. Sólo los presidentes de las repúblicas, elegidos por los ciudadanos, tienen esta prerrogativa. En España, curiosamente, se da la situación absurda de que el rey, una figura puramente simbólica y de representación, manda "de verdad", no simbólicamente sobre el ejército por la vía de seguir haciendo bueno el testamento de Franco. Así, en teoría, el poder civil manda sobre el militar. Pero resulta que los militares obedecen a sus superiores. Y el rey, aparte de monarca, es capitán general. Esto, en teoría, podría provocar, en una situación extrema, que dispusiera del ejército sin permiso del poder civil. Alguien dirá: Esta situación no se dará nunca y además, fue gracias a esta circunstancia que el golpe de estado de 1981 se pudo parar, porque los tenientes generales obedecieron a su capitán general, que era el Rey. Incluso así, me da igual, me llena de vergüenza y de humillación intelectual que, en el año 2014, se pueda pasar de herencia la condición de jefe supremo del ejército. Como si viviéramos en Corea del Norte. Si fuera militar profesional no me gustaría nada. Una cosa era el padre, designado dentro de las leyes de la dictadura, pero otra cosa es el hijo: ¿Capitán general? ¿Por qué? Será fastuoso ver cómo obligan a la infantita de Asturias a hacerse militar para poder ser, en el futuro, capitana generala de todos los ejércitos.

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