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¿Qué hemos aprendido? El urbanismo postdana en zonas inundables

Vista del estado del Barranco del Poyo en Picanya este jueves, tras las últimas fuertes lluvias.
6 de octubre de 2026 23:57 h

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Este artículo recoge diversos elementos preparados para la intervención del autor en el evento coorganizado por elDiario.es y la Confederación Hidrográfica del Júcar, titulado “Inundaciones intensas y cambio climático en un contexto metropolitano. Los casos del Túria, el Poyo y el Carraixet”, para la sesión titulada “¿Qué hemos aprendido?. El urbanismo postdana en zonas inundables”, celebrado en el Centre Cultural Rambleta, el pasado 24 de septiembre de 2026. Se aportan también algunas reflexiones de interés sobe alguno de los aspectos debatidos en ese evento.

¿Qué hemos aprendido?

Una pregunta que no es fácil de responder con un enunciado tan general. Para algunos aspectos podría asegurarse que mucho, sobre todo en lo que se refiere a la concienciación colectiva, en temas como el de la percepción del riesgo, y la necesidad de aumentar la resiliencia y la adopción de medidas de autoprotección.

En esta percepción y concienciación colectiva ha contribuido -aunque sea muy de lamentar por otros muchos motivos-, el carácter catastrófico del evento, que aún hoy -casi dos años después-, sigue generando muchas noticias y portadas en los medios de información, lo que se traduce en una postura de atención constante y persistente sobre el riesgo de inundación.

No obstante, y por experiencia propia -después de muchos años trabajando en esta materia-, sabemos que desafortunadamente ese es un efecto que se diluye en el tiempo, cuando otros asuntos pasan a ocupar la atención de la ciudadanía, y, por ende, de las administraciones públicas y de los políticos que las gestionan.

Pero en otros temas se podría afirmar que hemos aprendido entre nada y muy poco. Y me quiero referir a los siguientes:

El cambio climático. Como es posible que aún hoy escuchemos que determinadas administraciones, con competencia directa en la gestión de estos episodios de emergencia, duden de las consecuencias que el cambio climático está produciendo, provocando fenómenos hidrometeorológicos extremos con mayores frecuencias e intensidades. Resulta incomprensible, irresponsable e inasumible, cuando nos enfrentamos a una realidad que nos lo demuestra a diario, con una sucesión constante de superación de los máximos valores hasta ahora conocidos.

La gestión de las alertas. Sobre la que parece que la administración competente en materia de alarmas y alertas a la población todavía no es consciente de su valor en términos de minimización de víctimas. El caso de lo ocurrido hace pocas semanas en Valencia ha vuelto ser un buen ejemplo, cuando otra vez se han buscado argumentos discutibles y muy débiles, y el señalamiento de otros culpables, para justificar el no haber enviado una alerta a tiempo. El ES-Alert es una herramienta potentísima para evitar víctimas, pero debe ser enviado a tiempo, con antelación suficiente y con instrucciones precisas de cómo actuar; de lo que se debe hacer, y de lo que no.

Los vehículos. Entre los expertos en temas de inundaciones se tiene por asumido y comprobado que, en los países más desarrollados, en casos de inundaciones, más de un 80 % de las víctimas están relacionadas con los vehículos: asunción de demasiados riesgos a la hora de atravesar cauces crecidos con vehículos aparentemente cada vez más potentes pero que inevitablemente van a flotar también a la deriva, como el resto; intentos de poner a salvo un coche, etc. De acuerdo con ello, el caso de la DANA 2024 nos situaría en el grupo de los países menos desarrollados en estos temas por el gran número de víctimas sufridas sin relación directa con los vehículos; y que, sin duda alguna-, debería haber sido mucho menor con una instrucción precisa del ES-Alert en ese sentido: supresión de las actividades diarias normales no imprescindibles, evitar desplazamientos no estrictamente necesarios, olvidarse de los coches, etc.

Se ha calculado que la DANA 2024 afectó a unos 140.000 vehículos, de los que una gran proporción acabó en siniestro total. Pues bien, con datos de un año después, de octubre de 2025, esos 140.000 vehículos habían sido sustituidos por un total de 160.000. Quizá las políticas más sencillas, populares y “populistas”, con ayudas inmediatas- y quizá sobrevaloradas y algo indiscriminadas-, a la reposición de ese parque móvil no han sido las más afortunadas.

El urbanismo postdana en zonas inundables

En esta materia, yo preferiría hablar de Ordenación del Territorio antes que de Urbanismo. El Urbanismo remite demasiado -y por tanto puede verse limitado-, a los ámbitos urbanos, cuando en temas de inundaciones, que son un fenómeno muy complejo, hay otros muchos factores “menos urbanos” que condicionan los mecanismos y los efectos de las inundaciones.

Así lo entendió desde un principio el PATRICOVA (Plan de Acción Territorial frente al Riesgo de Inundación en la Comunidad Valenciana), en cuyo equipo de redacción tuve la oportunidad de participar, tanto en el inicial de 2003, como en la revisión de 2015.

La Comunidad Valenciana fue pionera en esta materia, siendo la primera región en Europa que se dotaba de un instrumento de planificación como este, que impedía o dificultaba la ocupación del suelo inundable. En España luego le siguieron Cataluña y el País Vasco.

El objetivo esencial y estratégico del PATRICOVA era el de impedir la reclasificación del suelo inundable; es decir -simplificando mucho-, su paso de no urbanizable a urbanizable o urbano.

En 2003 el PATRICOVA fue muy atacado, y estuvo a punto de no salir adelante, porque se vio sometido a presiones de todo tipo, y muchos quisieron transmitir que era como una forma de intromisión de la administración autonómica en las competencias municipales. El PATRICOVA consiguió impedir la reclasificación de muchos millones de metros cuadrados en la Comunidad Valenciana que entonces constituían la propuesta de muchos equipos municipales que vieron en el boom inmobiliario y de los PAIs de entonces el remedio de todos sus males. Otros equipos más sensatos no lo vieron así, ya que encontraron por fin argumentos legales y normativos para frenar muchas de las propuestas formuladas sin orden ni concierto.

Sin lugar a ninguna duda el PATRICOVA fue una muy buena herramienta, pero llegó tarde para impedir muchas de las actuaciones que ahora ya vemos con otros ojos.

Además, ya en 2003 muchas de esas actuaciones poco recomendables ya estaban legalmente en marcha y con trámites ya aprobados. El carácter retroactivo que debía manejar el PATRICOVA fue un asunto muy debatido, porque determinadas medidas de vuelta atrás hubiesen comportado indemnizaciones millonarias, inasumibles para las administraciones (que al final acabamos pagando entre todos nosotros), por derechos previamente adquiridos y administrativamente ya reconocidos.

Como alguien dijo, no siempre lo legal es lo más justo (lo acabamos de volver a ver recientemente con el tema de los desahucios). Sobre el tema judicial prefiero no pronunciarme para no acabar en problemas, pero sus actuaciones más reciente son buena muestra de su quehacer.

Quizá podría proponerse la recuperación y aplicación de la figura urbanística de las Areas de Reparto, identificando ámbitos y actuaciones necesarias, y procediendo al reparto de cargas y beneficios entre todos los afectados en un sentido o en otro en ese ámbito.

Los bulos

Me gustaría aportar una reflexión complementaria sobre los temas de desinformación y los bulos.

Como dije antes, las inundaciones son un tema muy complejo desde el punto de vista técnico, y no hay soluciones universales.

Incluso entre los que nos podemos considerar teóricos expertos siguen muchos debates abiertos.

En esas condiciones, hay mucha gente que se atreve a opinar -y ese derecho es libre-, sobre muchas cuestiones sobre las que no poseen sin algunos conocimientos mínimos, y eso conduce a la difusión de muchas teorías que acaban convirtiéndose en verdaderos bulos.

No quiero entrar en los de cariz más político, pero si en los de contenido más técnico, y pondré dos ejemplos.

Sobre lo ocurrido en el Centro Comercial Bonaire, en el que, durante muchos días se difundió el bulo de los miles de muertos existentes en su aparcamiento subterráneo. Aparecieron por todas partes toda una serie de gentes que conocían a uno que conocía a otros que conocían a un policía …. que así lo había asegurado y comprobado en primera persona. El centro comercial resultó con numerosos daños materiales, pro sin una sola víctima. Se bien de lo que hablo, porque unos pocos años antes tuve la ocasión de trabajar en la formulación de unas actuaciones de acomodación al riesgo, y en unos planes de prevención y actuaciones antes inundaciones, que se habían acometido conocedores de su vulnerabilidad y exposición ante este tipo de episodios. Estos planes fueron activados y puestos en marcha el día de la DANA al tener conocimiento de los avisos previos de AEMET.

El otro es de tipo más genérico, y tiene que ver con la manida solicitud de limpieza de los cauces. Parece que a mucha gente les gustaría ver a los cauces convertidos en yermos canales de hormigón, sin tener en cuenta el papel que juega la vegetación de ribera tanto en el mantenimiento de ciertos ecosistemas fluviales, con su flora y su fauna, como en su función de laminación de caudales y, por tanto, de defensa de las zonas de aguas abajo.

Hay mucha gente reclamando más presas para retener el agua en este tipo de episodios, incluso en lugares inverosímiles, y me da la impresión de que son los mismos que no llegan a comprender que la vegetación tiene el mismo efecto acumulativo de retención, pero con mucho menor impacto medioambiental.

En el transcurso del evento acontecido en la Rambleta se trataron otros ejemplos, como el caso de aquellas informaciones que hacían comparaciones entre el Poyo y el Ebro, pero manejando caudales de situaciones que no son comparables (máximos extraordinarios frente a mínimos o medios anuales).

O el del Plan Sur nuevo cauce del Turia, que, aunque sin ninguna duda aumenta considerablemente el nivel de protección de la ciudad de Valencia, no lo hace en su “totalidad”. Las Pedanías del Sur lo saben bien, por haber sufrido los efectos de ciertas escorrentías naturales (Pozalet-Saleta), que no encontraron otro mejor camino para su desagüe por haberse interrumpido el natural por dicha canalización.

Espero que algunas de estas ideas contribuyan al debate sereno que merece esta cuestión en nuestro territorio.

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