Alejandro García, fisio: “La hiperlaxitud conlleva un mayor riesgo de problemas como esguinces o tendinopatías”

En la mayoría de los casos de hiperlaxitud, este movimiento excesivo se logra sin ningún esfuerzo.

Marta Chavarrías

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Cada articulación del cuerpo tiene un rango de movilidad considerado normal y saludable. Una persona con hiperlaxitud, en cambio, puede moverlas más allá de este rango normal. ¿Tus articulaciones se mueven mucho más que las de otras personas? ¿Puedes apoyar las palmas de las manos en el suelo con facilidad o doblar los dedos hacia atrás más de lo normal? 

Es posible que algunas personas vivan con su “normalidad” sin darse cuenta de que podría tratarse de un signo de hiperlaxitud. La movilidad excesiva en partes del cuerpo como las manos, los codos, los hombros, las rodillas, los tobillos y los pies a veces suele pasar desapercibida. Según datos de la Fundación Española de Reumatología, la hiperlaxitud afecta entre un 5% y un 15% de la población, sobre todo en las mujeres.

En algunos casos, aunque no siempre, esto puede conllevar desafíos inesperados como dolor articular, lesiones frecuentes e, incluso, fatiga inexplicable. Tener hiperlaxitud no significa padecer un trastorno del tejido conectivo; algunas personas son hiperlaxas por naturaleza y no experimentan ningún dolor ni problema relacionado con ello. 

Hiperlaxitud: las cinco articulaciones chivatas

“La hiperlaxitud ocurre cuando las articulaciones tienen un rango anatómico mayor que el de los estándares marcados como normales o funcionales y se debe a un aumento de elasticidad de los ligamentos que componen la articulación”, explica Alejandro García Salgado, fisioterapeuta. Pero, ¿cómo puede una persona si es hiperlaxa? Como matiza García, se usa una escala de medición, la de Beighton: “un sistema de puntuación de cinco maniobras donde están involucradas las articulaciones del dedo meñique, dedo pulgar, codos, rodillas y tronco”. 

Cada una de estas articulaciones tiene un punto y la suma total es un máximo de nueve puntos. “Las maniobras consisten en flexionar los meñiques 90 grados hacia atrás, tocar con los dedos pulgares el antebrazo, la hiperextensión de codos, hiperextensión de rodillas y tocar con las palmas de las manos en el suelo flexionando el tronco sin doblar las rodillas”, detalla García.

A la hora de puntuar debe tenerse en cuenta que no es lo mismo una persona de 60 años que una más joven o un niño, ya que “con la edad se va perdiendo elasticidad de los ligamentos y es más común dar una puntuación más alta durante los primeros años”, matiza García, que reconoce además que esta escala no tiene en cuenta “otras articulaciones que también pueden presentar hiperlaxitud, como hombros, caderas o tobillos”.

En la mayoría de los casos, este movimiento excesivo se logra sin ningún esfuerzo. Una persona hiperlaxa alcanza fácilmente estos rangos excesivos. Y, aunque se trata de una particularidad que no es “patológica y, en la mayoría de los casos, indolora, debe tenerse en cuenta que puede cursar en algunos casos con dolor musculoesquelético constante e inestabilidad recurrente, lo que lleva a esguinces recidivantes y otras alteraciones extraarticulares”, afirma el fisioterapeuta.

Síntomas de la hiperlaxitud y mayor riesgo de lesiones 

Como hemos visto, si bien suele ser una característica inofensiva y no suele conllevar problemas, en algunos casos puede provocar inconvenientes como dolor articular, especialmente después de movimientos repetitivos; inestabilidad articular, lo que aumenta el riesgo de luxaciones; lesiones de tejidos blandos, que conlleva a un mayor riesgo de sufrir esguinces de ligamentos, distensiones musculares y otras lesiones de tejidos blandos, así como trastornos del tejido conectivo.

También pueden aparecer otros síntomas como “cansancio por fatiga muscular al estar en constante activación muscular para suplir la falta de estabilización ligamentaria y dolores articulares porque se suele exceder del movimiento fisiológico sin darse cuenta, como estar de pie con hiperextensión de rodillas, lo que puede provocar complicaciones a nivel de la articulación y un exceso de estiramiento de los ligamentos”, afirma García. 

Por tanto, la desventaja es que es más probable experimentar dolor y rigidez en las articulaciones o los músculos, esguinces o distensiones de alguna parte del cuerpo o dislocarse las articulaciones. García advierte que esto se debe a la “inestabilidad de la articulación, lo que se traduce en que, al no tener la estabilidad íntegra de los ligamentos de las articulaciones, un mayor riesgo a presentar problemas musculoesqueléticos como esguinces o tendinopatías”.

Los problemas que pueda causar la hiperlaxitud dependen sobre todo del tipo de articulación que esté afectada. Así, y como reconoce García, la articulación del hombro es la que presenta “un mayor riesgo lesivo, ya que es la articulación con mayor movimiento del cuerpo debido a que la congruencia articular es mucho menor que otras articulaciones”. 

Qué puede hacer una persona con hiperlaxitud

Un enfoque integral que incluya fortalecimiento, entrenamiento del equilibrio, cardio de bajo impacto y fortalecimiento del tronco es esencial. Para hacerlo de forma segura, y siempre que surjan dudas, lo mejor es trabajar con un fisioterapeuta o con un profesional del deporte. 

Para García, antes que hablar de lo que debería hacer una persona hiperlaxa, es importante tener en cuenta lo que no debe hacer: “tiene que evitar el estiramiento excesivo articular, es decir, llevar la articulación al extremo, y evitar el sedentarismo también porque la musculatura tiene que estar fuerte para que pueda estabilizar la articulación”. 

Aunque los ejercicios varían en función de la persona, la edad y su condición física, desarrollar la fuerza muscular de forma gradual y segura contribuye a la estabilidad de las articulaciones. Para ello, debe buscarse la “co-contracción de la musculatura antagonista y agonista para evitar el rango de movimiento excesivo en el que tiene mucha relevancia el control motor durante el fortalecimiento, que permite al cuerpo aprender cómo y cuándo hay que activar la musculatura para controlar el movimiento excesivo”, explica García. 

¿Hay deportes que pueden ayudar a fortalecer las articulaciones? Lo que prima a la hora de elegir una actividad física es priorizar la estabilidad antes que la flexibilidad. La clave está en buscar deportes que “no impliquen cambios de dirección bruscos, movimientos explosivos o de movimiento excesivo”, afirma García, que añade: “el entrenamiento de fuerza individualizado y supervisado es el que permite no solo mejorar, sino también poder practicar diversos deportes”. 

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