Cómo cepillar a un perro que odia que lo cepilles

Cepillando al perro

Eva San Martín


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Aunque cepillarnos el pelo nos suene como algo relajante, nuestro perro puede no pensar lo mismo. Porque hay perros a los que les encanta el cepillo, y disfrutan de la experiencia tanto como harían con una buena sesión de caricias.

Pero no siempre es el caso: otros perros odian que los cepillemos, sobre todo, si tienen una mala experiencia previa, o no hemos sido todo lo cuidadosos que debíamos a la hora de asear a nuestro camarada peludo.

Y es importante: el cepillado constituye la forma más sencilla de retirar el pelo muerto de su cuerpo y permitir que su piel respire y se mantenga sana, y supone un paso importante antes del baño perruno: porque elimina los nudos.

Según David Menor, veterinario, doctor en Etología y profesor de la Universidad de Córdoba, cuando un perro odia que lo cepillemos, lo primero es “ver por qué el perro ha cogido manía al cepillado, qué es lo que ha pasado para poder evitarlo”. Puede que hayamos retenido a nuestro amigo más tiempo de lo que tolera, que se haya sentido incómodo o que hayamos usado unas cerdas demasiado duras para su piel.

Y nos toca hacer borrón y cuenta nueva. Es decir: empezar de cero, con un cepillo para perros distinto, de diferente tamaño y hasta con otro color. Así resultará más fácil convencer a nuestro camarada peludo, esta vez con cariño y premios, que el cepillado puede ser algo muy agradable, ¡y hasta divertido!

El truco de la manopla de cepillado para perros

Menor aconseja empezar por un cepillo para perros tipo manopla, que se ajuste a la mano como si fueran un guante, y con cerdas de goma, cortas y gruesas: este tipo de accesorios nos permiten acariciar y masajear a nuestro camarada perruno mientras que lo peinamos. Otros cepillos de este tipo son algo más pequeños y se ajustan a la mano, aunque el funcionamiento resulta similar.

Más que cepillar, lo primero es, sobre todo, acariciar con la manopla. Y empezar con sesiones muy cortas, tranquilas, poco intensas, y “siempre dejar que nuestro perro pueda irse, si eso es lo que quiere”, recomienda el veterinario. Y este es el motivo de que muchos perros se estresen o lo pasen mal cuando los abrazamos: necesitan que respetemos su espacio y sus tiempos.

Y, como nos pasa a todos, a nuestros perros también les gusta decidir cuándo los acariciamos, cuándo los cepillamos y dónde, porque hay zonas del cuerpo que les resulta más sencillas, como el lomo, que otras, como las patas.

Humano: necesito otro cepillo perruno

Si nuestro perro odia que lo cepillemos, el accesorio que hayamos usado en el pasado o el recuerdo que le produce al verlo (porque sí, los perros tienen recuerdos), puede ser suficiente para que lo rechace. “Ese cepillo lo tendrá asociado a una experiencia mala, le producirá aversión en cuento lo vea y querrá alejarse de él, por lo que va a ser difícil que nos deje utilizarlo”, añade Menor.

Y si la manopla no es suficiente, tendremos que buscar otro tipo de cepillo que no asocie con la situación anterior.

¡Y muchas chuches perrunas!

Para convencer a nuestro camarada peludo de que ese nuevo cepillo es algo divertido y que trae cosas agradables, hay que trabajar el acercamiento ¡y cargarlo de experiencias buenas! Y hasta podemos utilizar galletas caseras para perros

Al principio, dejemos el cepillo en el suelo y no hagamos nada más. Solo acariciar a nuestro amigo y darle alguna chuche o galleta apropiada, pero sin intentar cepillarlo. “Poco a poco, podremos acercar el cepillo, muy despacio y con cuidado de leer muy bien su lenguaje corporal”, incide Menor.

Esto es: si vemos que nuestro amigo se pone tenso, es una señal clara de que no lo disfruta. Ya lo sabemos: para convencer a nuestro perro de que el cepillado es algo agradable, nos toca echar mano (y patas) de paciencia y cariño; ¡Y no olvidemos cargarnos de chuches perrunas!

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